No hay duda, el desafío que enfrentan los emprendedores hoy es crear modelos de negocios sustentables que brinden valor a sus clientes. Todos lo entendemos, y tristemente también sabemos que muchos de los negocios que con gran ilusión abrieron sus puertas en enero, a estas alturas del año ya cerraron, y algunos más no alcanzarán a llegar con vida a diciembre.

La tasa de sobrevivencia de los nuevos negocios es muy baja. Pareciera que estamos viviendo una epidemia que ataca a los negocios nacientes. La tasa de mortalidad de proyectos en ciernes es muy alta. Según el Instituto Nacional del Emprendedor, cerca de 8 de cada 10 pequeñas y medianas empresas (pymes) cierran durante su primer año de operación. La cifra, más que servir de desaliento, nos llama a la precaución.

Así como los argonautas fueron en busca del vellocino de oro, los emprendedores intentan descifrar el misterio que les permita traspasar el umbral de la fecha fatal, sobrevivir y tener éxito. ¿No fue ése el impulso que los llevó a emprender? Sin duda alguna, sabemos que ni las buenas ideas ni el entusiasmo son suficientes. Los emprendedores necesitan más que un golpe de suerte para asumir el reto de concretar un proyecto: necesitan entender qué es aquello que el mercado necesita y está dispuesto a pagar por ello.

Reflexionar en la dinámica del emprendimiento nos lleva a pensar en la sinergia que debe existir entre la creatividad y la administración estratégica; el diálogo que debe haber entre la oportunidad y la sensibilidad; la tolerancia a la frustración y la perseverancia; la concordancia entre la vocación y la técnica. Un emprendedor debe contar con las herramientas que lo lleven a entender el mundo al que está entrando y desarrollar las competencias necesarias para establecer un negocio que le retribuya el esfuerzo, la ilusión y el riesgo corrido. De esta reflexión debe surgir un modelo de negocios sustentable.

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Si bien cada negocio tiene sus particularidades, en general la sustentabilidad de los negocios se puede construir sobre los siguientes cimientos:

  1. Comprensión del alcance del negocio
    En el contexto de las organizaciones, un emprendedor debe tener claro el papel de su proyecto, entender su ciclo de vida y analizar su tipología.
  2. Operación y entorno de la empresa
    La estructura organizacional del proyecto juega un papel primordial. Generar una urdimbre dinámica que reconozca la importancia de sus vínculos y procesos de comunicación, tanto dentro como fuera del negocio, permite diferenciar las tareas y asignar las responsabilidades. Le da flexibilidad y movilidad.
  3. Innovación
    El grado más alto de mejora continua y diferenciación es la innovación. Es el catalizador de desarrollo y el mejor antídoto contra el estancamiento, actúa como la vacuna más pertinente contra el fracaso.
  4. Plan de negocios
    Es el preámbulo hacia la concreción de una idea de negocios. Es el documento que le permite al emprendedor llevar a cabo un análisis organizado y sistematizado. Es la forma de plasmar en blanco y negro el reto que planea enfrentar y la manera en que ha decidido hacerlo.

En términos del emprendimiento, viene a cuento una frase de Napoleón Bonaparte: “Vísteme despacio que voy de prisa.” La búsqueda de la sustentabilidad de un negocio invita a la serenidad y a la prudencia. Las prisas no son buenas consejeras y más bien han probado ser madrinas de muchos desaguisados. El reto del emprendimiento invita a avanzar paso a paso para construir sobre terrenos firmes.

Es necesario preparar un guión que sirva como guía en la creación de un nuevo negocio, partiendo, sí, de una idea innovadora, con una visión novedosa, con una misión que revele adecuadamente la vocación que nos da valor para irrumpir en el mercado, con un proyecto que genere valor al cliente y a la sociedad.

El último pilar sobre el que debemos edificar un proyecto sustentable es la responsabilidad social. Promover un proceder ético en los negocios y marcar un código que sirva como brújula a los emprendedores es un factor determinante en la ventaja competitiva de cualquier proyecto.

Con independencia de la idea, del negocio, del entorno, la ética y la responsabilidad social brindan un piso sólido para la toma de decisiones del emprendedor. Según Nial Fitzgerald, CEO de Unilever de 1996 a 2004, incorporar la responsabilidad social en las organizaciones es una buena práctica de negocios no porque sea moralmente aceptable o porque los clientes nos lo exijan, sino porque es bueno para el negocio.

El concepto de responsabilidad social y ética empresarial se ha convertido en un fenómeno que inmuniza los proyectos que son cada vez más susceptibles de contaminarse, beneficiarse o perjudicarse con los entornos económicos, políticos, sociales y ecológicos. No importa cuántos muros queramos construir o cuántos velos queramos tender sobre un secreto, la posibilidad de que algo salga a la luz pública y se convierta en una noticia viral es cada vez más real. Funciona para lo virtuoso y para lo que no lo es. Es difícil pensar en proyectos que triunfen y lleguen a largo plazo si no se asume una actitud de transparencia, respeto y responsabilidad con el entorno inmediato, con la comunidad y con el mundo.

La sustentabilidad de un modelo de negocio puede resumirse en las palabras de Henry Ford: “Un negocio que únicamente es capaz de generar valor económico, es un negocio pobre.” En esta condición, un modelo de negocio que busque traspasar el umbral y conquistar el largo plazo deberá basarse en elementos como los mencionados, y también deberá generar dos cosas más: utilidades y una gran pasión.

Sin una o sin la otra, el negocio muere. Si el proyecto sólo genera un enamoramiento arrobado y no da dinero, cerrará tarde o temprano. Si el plan es aburrido y no atrae ni a su propio creador, será complicado atraer clientes. Un emprendedor que entienda estos elementos tendrá las herramientas iniciales para arrancar un negocio en el que tiene mayores posibilidades de satisfacer a sus consumidores sin importar su tamaño, giro o valor económico.

La cifra tan reducida de casos de éxito de largo plazo para las pequeñas y medianas empresas, más que servir de desaliento, nos llama a la precaución. Triunfar es lo que todo emprendedor busca al aterrizar sus proyectos. No hay fórmulas infalibles, pero… una buena forma de empezar es atendiendo estas consideraciones.

 

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Blog: Las ventanas de Cecilia Durán Mena

 

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