“En el momento de hacer los negocios, hay muchos hombres en cargos importantes, te toca negociar con muchos hombres, que a veces ellos malinterpretan o llevan el negocio hacia otro lado”, afirma Diana, empresaria latinoamericana que radica en México desde hace un par de años y creó una firma en el país filial de la matriz en su nación de origen.

Desde su perspectiva, la presencia mayoritaria de hombres en cargos directivos la ha llevado a situaciones incómodas e incluso de acoso en que aceptan reunirse con ella no por el servicio de análisis de datos de marketing digital que busca ofrecerles.

“O sea, una está pensando en ofrecerles un producto y ellos están pensando en otra cosa: de pronto en una cita, y pues sí, de pronto tienes una comida de negocios, también ¿no?, eso puede ser interpretado de otra forma”, lamenta. “Entonces sí puede ser un reto para una mujer esa situación, poder mantener la conversación y el foco en la parte de negocios”.

De acuerdo con la Encuesta Nacional sobre la Dinámica de las Relaciones en los Hogares (Endireh) de 2016, 1 de cada 6 mujeres mayores de 15 años experimentó algún incidente violento en su trabajo a lo largo de su vida. Y el acoso es una forma de violencia.

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En el camino a la consolidación de su negocio, que apenas lleva 18 meses en operación, visita clientes, hace citas de negocios, comidas, reuniones juntas. Prácticamente 2 de cada 3 se dan con hombres.

“El 60 o 70% de los negocios se dan siempre con un director, con un gerente, y muchos menos con mujeres, normalmente las mujeres no están en el cargo de la toma de decisión sino están digamos en el apoyo”, refiere.

En el sector de marketing donde trabaja Diana, las personas con las que trabaja, las que operan con su producto suelen ser mayormente mujeres, pero en el momento de las decisiones, ve a sus congéneres marginadas.

“Normalmente los perfiles a los que vamos son director o gerente y un usuario del producto, y normalmente las mujeres están en el lado del usuario, del que ejecuta y no en el lado de la toma de decisiones”, refiere.

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Claudia Márquez, la directora general de Hyundai en México, ha pasado circunstancias similares en su sector, tradicionalmente considerado como masculino. Tras un cuarto de siglo de trabajo en el ramo, todos los mandos superiores en las distintas organizaciones que ha estado siempre han sido hombres.

“Todavía no he tenido ninguna jefa mujer en 24 años de chamba en los coches. Siempre hay alguien más importante que tú, porque siempre ha habido alguien más importante que yo, y siempre han sido hombres”, relata a Forbes.

En su trayectoria laboral, Claudia refiere que si bien se ha sentido intimidada, ser mujer ha sido solo una de los temas que le han causado esta sensación, pues más allá de su género, tratar con directivos alemanes o japoneses, donde el idioma y la cultura se vuelve casi una barrera, o ser mexicana trabajando en Estados Unidos han significado desafíos que la han puesto a prueba.

“Concretamente, la de ser mujer me ha funcionado rebien porque ya veo y sé cómo hablarle a los hombres, todo es estrategia en la vida y sé de verdad en qué forma te puedes presentar ,y cuando tú olvidas que eres mujer, que a ti te deja de agobiar, se vuelve en una oportunidad. Claro, se dice fácil, no lo es tanto”, cuenta.

‘No te hacen caso por ser mujer’

Tanto Diana como Claudia han enfrentado el desinterés de sus interlocutores, generalmente hombres, por ser mujer. Y si bien es una forma menos visible de violencia, se trata también de violencia simbólica.

Claudia recuerda que al inicio, especialmente al llegar a Estados Unidos, las expresiones de los distribuidores partían de la duda sobre su capacidad.

“En un principio te dicen ¿y esta qué, no? Bueno, pues mira, les tienes que hablar poquito, pocas veces simplemente del tema que estés hablando, pues lo dominas, entonces asertiva y fuerte y ya (se echan) pa’ atrás”, comparte.

“A veces no saben cómo tratarme y ya luego le van aprendiendo y no saben cómo tratarme porque asusta un poco pero no en el mal sentido así es y una vez que se dan cuenta que el conocimiento está entonces hay un respeto y ya se acabó”.

Para Diana, la experiencia ha sido muy similar, pues tras algunas presentaciones y reuniones con directivos, su discurso es mirado con desconfianza y no por ser extranjera, sino por tratarse de mujeres hablando a hombres.

“Los hombres son muy protectores de alguna manera con las mujeres y esto también se traslada al ámbito de los negocios y de pronto como que no hay una expectativa muy alta cuando se acerca una mujer a ofrecerte algo, un producto o tratar. Si yo voy de igual a igual con otro empresario, de pronto te puede tener como una idea de que no están a la par, no, pueden sentir que una mujer no está del todo preparada o que ellos tienen mucho que enseñarle a las mujeres esa ha sido mi percepción, como que nos sentimos un poco ninguneadas”.

 

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