Por Miguel Calderón*

Existen dos versiones de la situación competitiva del mercado mexicano de las telecomunicaciones móviles. 

En la primera, errónea desde mi punto de vista, se expresa que el gobierno se ha equivocado al tratar de regular la competencia en el sector, ya que el tamaño de los jugadores no importa. Esto, acompañado del argumento de que el que exista un operador con 70% del mercado es normal y deseable pues es precisamente lo que le permite alcanzar las economías de escala necesarias en un mundo globalizado para poder llevar mejores servicios y realizar más inversiones, independiente de la salida de otros jugadores (sin participación relevante) que no estén “dispuestos a invertir de manera intensiva”. En este sentido, consideran que la regulación asimétrica se vuelve un “subsidio regulatorio” que ha vuelto perezosas y poco audaces a las empresas de menor escala que compiten en el mercado.

Por el otro lado, existe la versión que dice que el tamaño sí importa. Un mercado concentrado no permite un desarrollo equilibrado de la competencia ya que el operador dominante o, en nuestro caso preponderante, tiene una serie de ventajas que ninguno de los otros competidores tiene y que, sin una regulación adecuada, sería imposible que el mercado por sí solo pudiera corregir. 

En apoyo a lo anterior, cito al famoso economista Raghuram Govind Rajan (ex Economista en Jefe del Fondo Monetario Internacional, ex Gobernador del Banco de la Reserva de la India y autor del libro El tercer pilar: cómo los mercados y el estado dejan atrás a la comunidad) escribe “La competencia inclusiva, saludable, que induce el crecimiento, no surge por sí sola. Sin intervención, obtenemos la competencia de la jungla, donde el grande hará presa al pequeño. Tal competencia solo alienta a un ganador, el que se aprovecha mejor de su entorno en lugar del mundo en el que queremos vivir. En contraste, una competencia saludable necesita la mano del gobierno; para asegurar que el campo de juego esté nivelado, que las barreras de entrada sean bajas, que existan reglas de juego razonables y una clara aplicación de las mismas, y que todos los participantes tengan las capacidades básicas para competir”.

Por donde lo veamos México es uno de los países con el sector de las telecomunicaciones más concentrado del mundo. Un solo grupo controla más del 65% de los accesos fijos y móviles, más del 70% de los ingresos de servicios móviles y es el único operador móvil que tiene utilidades. Esto a pesar de que en nuestro país operan dos de las empresas más experimentadas del sector y más admiradas del mundo de acuerdo con la revista Fortune: AT&T y Telefónica Movistar. 

No sólo es preocupante la muy elevada concentración del mercado móvil sino que las tendencias observadas muestran que a futuro el mercado de servicios móviles se viene concentrando más, lo vemos en el volumen de tráfico de voz y datos, así como en los ingresos de los últimos trimestres.

La revista Economist ha dedicado varios artículos e incluso varias portadas al tema de la concentración de poder económico en diferentes mercados. En la mayoría de los que he leído, se concluye que la concentración de mercado, incluso si no es por una sola firma, es algo preocupante que debe atenderse ya sea mediante regulación o incentivos adecuados para generar mayor competencia – “Si las empresas pueden conservar su cuota de mercado durante años, crean distorsiones en el resto de la economía. Las empresas establecidas son cabilderos poderosos” (What is the best way to improve competition in modern capitalism? 10/Sep 2018).

El Economist, incluso ha llegado a citar casos donde el tamaño de las empresas ha representado un riesgo para los propios gobiernos (History’s biggest firms, 5/jul/2018) y donde ha tenido que intervenir con medidas radicales. En estos casos, las mega firmas eran tan grandes que sus utilidades representaban entre 0.08% y el 0.54% del PIB del país donde radicaban.

La concentración también tiene un efecto en la inversión, la Asociación Mundial de Móviles (GSMA), en un estudio donde evalúa el impacto de la estructura de mercado sobre la innovación y la calidad, concluye que la correlación entre la inversión de los operadores y el nivel de competencia se puede graficar como una U invertida. Es decir que cuando hay niveles muy bajos o altos de concentración de mercado es cuando hay menores inversiones en el sector. México está en lo niveles altos y eso explica que las inversiones en el sector se hayan estancado.

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Lo anterior preocupa más cuando un alto ejecutivo del preponderante es capaz de sostener ante sus inversionistas que sus competidores podrían estar en camino de salir de México después de los pobres resultados obtenidos para rentabilizar las cuantiosas inversiones que han realizado, así como que el péndulo regulatorio ahora comienza a regresar a su lado y que es un hecho que les otorgarán la concesión para poder prestar televisión de paga (única medida efectiva para controlar su reconcentración). 

La conclusión es aterradora, volvemos al monopolio. La Reforma Constitucional que instruyó la implementación de regulación asimétrica para asegurar que en el tiempo ningún agente tuviera más del cincuenta por ciento del mercado, se está quedando en letra muerta.

 

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Twitter: @mig_calderon

 

El autor es Vicepresidente de Regulación y Relaciones Institucionales de Telefónica Movistar.

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes México.

 

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