El trabajo de consultor político es una tarea muy delicada, las lecciones que deja el 2018 son también una oportunidad para depurar los méritos, las calificaciones y los resultados de quienes no merecen este calificativo.

  1. Consultoría enfocada en el cliente. Un buen consultor no es un intermediario de negocios electorales; no impone proveedores, ni lleva tajada de los mismos. Tampoco es un comprador de apoyos ficticios, ni agente de ventas de pautas publicitarias. Ofrece toda una variedad soluciones, capacidades, herramientas, recursos, experiencia -sobre todo- saber cómo integrarlas, dosificarlas y usarlas hacia el triunfo electoral.
  2. Todos los atributos son del cliente. El trabajo del consultor es en la sombra, las tareas políticas exigen mucha discreción, secrecía y confidencialidad. La posición de estrella es del candidato, el asesor es el entrenador, el amigo, el confidente, el estratega y director de orquesta. Hay que interiorizar que somos un contribuyente de talento y trabajo, actores relevantes de soporte, pero no los protagonistas. No está permitido apropiarse de los éxitos ajenos, ni alardear, mucho menos abusar del miedo a perder, la inseguridad, las habilidades limitadas y los desaciertos de los actores políticos.
  1. La confianza debe ser la base de la relación con los prospectos. El consultor se vuelve parte de todos los aspectos de la vida del aspirante, convives, conoces y debes apoyar en sus defectos, rutinas, relaciones humanas y darle con tu equipo de trabajo todo el apoyo posible. No puedes revelar nada, jamás mentir y guardar las reservas del caso cuando enfrentes como rivales a tus antiguos aliados.
  2. La conducta del consultor debe ser intachable. No vamos a quemar a los clientes, aun en la celebración del triunfo se debe respetar la moderación de lo profesional. No caben los escándalos, las corruptelas ni el quiebre de la ley cuando administras la reputación de otros. Estás obligado a la transparencia y a respetar cada norma electoral. Nuestro trabajo tiene algo de maquiavélico, eso es muy cierto; los límites solo los impone la competencia, cuando se juega limpio, todo es armonía y balance. Esperamos lo mejor, una lucha de altura, pero estamos preparados para resistir lo peor, para contrarrestar campañas sucias, noticias falsas, infiltraciones o rumores infundados y actuar en correspondencia.
  1. Todo ser humano está calificado para competir en democracia. Nuestra misión como consultores es entrenarlos, dotarlos de las mayores capacidades para ganar. Es la comunicación estratégica, la esencia humana, el trabajo político, el capital social y el liderazgo los que generan votos. La gente está cansada de la banalidad y la falta de sustancia, aspirar a un cargo público es llenarse de atributos, saber venderlos y enfocarlos a la competencia electoral.
  2. Estrategia y servicios. El consultor pone sus mayores capacidades al servicio del cliente, asume como propia una campaña, el compromiso se lleva al máximo, dedicación, constancia y transparencia alineadas en torno a la disciplina y eficiencia para vencer en las elecciones. La confianza y el respeto son el fundamento de la relación con el cliente.
  3. Cada centavo invertido debe corresponder a un resultado. El cliente pone su reputación y carrera en las manos de un consultor, como cualquier profesional debe ser sujeto de escrutinio. La calidad se basa en objetivos cumplidos de manera concreta. El cliente debe saber en qué está invirtiendo, para que sirve una asesoría y que se le ofrece. Aunque nunca hay garantía de triunfo, si debe haberla de la mayor eficiencia posible. Como consultores estamos obligados a recorrer tramos iguales o similares a los que hacen los candidatos en los territorios de campaña. Todo lo que no dicen las encuestas ni el big data electoral se vive a nivel de mercado, barrios, la gente, culturas populares, formas de ser, música, la lucha diaria por el sustento, las vivencias y todo eso debemos conocerlo particularmente cuando hacemos campaña en otros países. Ni las grandes batallas sociales ni las causas humanas, se ganaron detrás de un escritorio. Para obtener la mayor y mejor información de inteligencia electoral, debes involucrarte, conocer, entender, saber cómo reacciona la gente, cómo puedes cambiar sus actitudes, cuál es el mejor enfoque de la campaña, las costumbres, los modismos, el caos y la problemática diaria. Desde una oficina o detrás de una pantalla, no se puede vivir la campaña electoral. Que penoso cuando el cliente se da cuenta -muy tarde- de que el resultado electoral hubiera sido el mismo con o sin un asesor a su lado; mejor dicho, que en realidad no tuvo ninguno.
  1. El verdadero estratega asume retos. El consultor político está para vencer retos, apuesta con el cliente su reputación y toma los riesgos necesarios. Si viene abajo en las encuestas, es competitivo o va al frente, eso no importa, la misión es como saber ganar en cada circunstancia. El veredicto ciudadano refleja lo hecho. Remontar, escalar posiciones hacen más grande la victoria. Dárselas de triunfador cuando solo le atoras a los q se suponía que iban arriba es no tener… méritos.

 

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