En la ceremonia de inauguración de la 71 edición del Festival de Cine de Cannes, el comediante Edouard Baer, quien fungía como maestro de ceremonias, tomó un momento para reconocer a “cinéfilos y cinefagos” que se daban cita en el evento, que tradicionalmente ha resaltado por su devoción a la exclusividad y su ciega fe en el glamour y delirantes códigos de etiqueta.

Las audiencias masivas crean parte del aura mítica que rodea a las celebridades que este año pisan Cannes, incluyendo a la actriz australiana Cate Blanchett, la flamante presidenta del jurado y que en la ceremonia de inauguración convocó a la mítica actriz y cantante francesa Anna Karina, Benicio del Toro, Julianne Moore, Kristen Stewart, Lea Seydoux y el cineasta italoamericano Martin Scorsese, quien recibirá la Carrosa de Oro de la Quincena de Realizadores y que junto con Blanchett declararon la apertura oficial del Festival de Cine.

En medio de un ambiente fuertemente politizado, en el que el mismo festival abrió una hotline para denunciar cualquier tipo de acoso o conducta inapropiada, la competencia oficial abrió con más pompa que sustancia con la nueva película del cineasta iraní Asghar Farhadi, Todos lo saben, una llamativa coproducción internacional estelarizada por la celebérrima pareja española de Javier Bardem y Penélope Cruz, junto con el astro argentino Ricardo Darín.

La película presenta la historia de Carolina (Penélope Cruz), una mujer que regresa a su pueblo natal a la boda de su hermana después de irse a vivir a Argentina, pero después de la desaparición de su hija, una serie de secretos ponen en marcha un tenso juego fílmico que rápidamente se cansa de sí mismo y termina por rendirse a soluciones fáciles y ser víctima de fatales excesos melodramáticos.

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Después de varios intentos por alcanzar los niveles obtenidos con su primer éxito internacional en Una separación (2010), Farhadi ha tropezado constantemente con artificios y trucajes narrativos que han limitado el alcance y complejidad sociológica que había logrado y que en esta ocasión, explorando la geografía y costumbres de la provincia española sigue sin lograr penetrar y sintiéndose distante.

A nivel de trabajo actoral, tanto Bardem como Darín, actores de probado y sobrado talento y porte, se limitan a funcionar en piloto automático, dejándole un poco más de espacio a las actrices para su lucimiento, particularmente a la española Bárbara Lennie, quien logra bordar uno de los pocos personajes complejos que logra rebasar las evidentes limitaciones de la película. No tendrá dificultad para encontrar un público, por su temática y elenco, pero lo que el cineasta iraní parece olvidar es que la clave de un secreto exitoso radica en mantenerse oculto.

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