Imagina abordar un tren en la Ciudad de Nueva York y aterrizar en Londres en un avión, poco menos de una hora después –sin mover un músculo. Skreemr –un concepto de transporte híbrido diseñado para viajar a velocidad hipersónica– te permitiría hacer justo eso.

Por: Kristin Tablang

Traducción: Elena Fernández

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Una ocurrencia de los diseñadores industriales Charles Bombardier y Ray Mattison. La sofisticada noción consta de una locomotora que, una vez que llega al océano, se transforma en un jet; utilizando un sistema magnético de cañón de riel, que se alimenta eléctricamente, y un par de cohetes que emplean hidrógeno como combustible para catapultarse hacia las nubes a una velocidad supersónica. Posteriormente, las maquinarias Scramjet impulsan a la nave más profundo en el cielo a una velocidad de 7,672 millas por hora –aproximadamente seis veces más rápido que el legendario Concorde.

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Inspirado por la nave espacial Lynx de XCOR Aerospace y, junto con la experiencia de Bombardier manejando trenes bala en Japón, Skreemr debe su nombre al sonido que genera su movimiento, junto con la palabra “banshee” (un escalofriante espíritu mitológico). “Yo lo clasificaría como un nuevo tipo de vehículo” comenta Bombardier. “Quizás podría ser llamado traincraft“.

De acuerdo con Bombardier, este vehículo, idealmente, volaría a una altitud que varía entre los 40,000 y 60,000 pies –más alto que un jet comercial convencional– donde la temperatura del aire es de, aproximadamente, -70 grados Fahrenheit.

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Tan seductor como suena, es poco probable que este elevado concepto –diseñado para trasladar hasta 75 pasajeros entre continentes– tome vuelo pronto.

“Sería complicado volar un vehículo supersónico a baja altura debido a la onda de movimiento que podría crear”, admite Bombardier; explicando que aún debe determinar la forma óptima de la nave –por ejemplo, una forma que tome en cuenta variaciones en las condiciones atmosféricas y topográficas– o una manera de combatir la impactante fuerza g que podrían experimentar los pasajeros durante la rápida aceleración de la nave. El motor del Scramjet también presentaría un problema notable, dada la necesidad por estabilizar la onda de combustión resultante.

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“Tampoco estoy seguro de que ya hayan sido inventados materiales capaces de aguantar el calor, la presión y el estrés estructural”, confiesa. Sin mencionar el altísimo costo estimado del Skreemr –una suma que superará, por mucho, los 32 billones de dólares que costó desarrollar el Boeing 787.

“Este concepto es, principalmente, una manera de hacer a las personas soñar acerca de lo que se encuentra delante, en términos del transporte aéreo –de encender su imaginación”, comenta Bombardier entusiasmado. “No creo que el Skreemr sea desarrollado durante nuestro periodo de vida; mas en el futuro, ¿quién lo sabe?”

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Si este jet de fantasía llega, alguna vez, a hacerse realidad, volverá a los pilotos obsoletos. “Cuando un vehículo supersónico como este llegue a nuestro mundo, será completamente automático”, dice Bombardier. “No habrá lugar para errores humanos, especialmente a esas velocidades”.

Duración de los vuelos a bordo del Skreemr

Nueva York a Londres (3,459 millas) → 27 minutos

Nueva York a Paris (3,625 millas) → 28 minutos.

Nueva York a Tokio (6,737 millas) → 53 minutos.

Nueva York a Shanghai (7,364 millas) → 58 minutos.

Nueva York a Hong Kong (8,040 millas) → 63 minutos.

Nueva York a Sidney (9,929 millas) → 77 minutos.

*sin incluir el tiempo requerido para acelerar y frenar.

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