La actividad informal en México está igual de organizada que la formal, e invariablemente ligadas a la política. Son dos sistemas, y cuando uno no funciona, el otro entra en acción.

 

 

México es un país con dos sistemas de gobierno paralelos: el informal y el formal. Como alguna vez me comentó el investigador peruano de urbanismo Elías Huaman, de la UAM Azcapotzalco, lo formal y lo informal en México no están peleados; más bien son dos caras de una misma moneda. Cuando estaba con la lideresa de colonos Felisa Calderón, en la colonia Luis Donaldo Colosio en Ixtapaluca, ella me dijo: “En México a veces hay que hacer cosas ilegales y legalizarlas después.” Estaba hablando del fraccionamiento ilegal de terrenos invadidos para la venta a colonos, que finalmente después de muchos años se convertirán en propiedades legales por medio de uno u otro programa de regularización de vivienda.

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Una cifra que se maneja para estimar la vivienda informal en México es 60%, y según el INEGI la economía informal aportó 26% al PIB nacional en el periodo 2003-2012. Es decir que en México el equilibrio entre formal e informal es bastante justo. Pero al momento de revisar las actividades informales se nota que están igual de organizadas y estructuradas que en la formalidad e invariablemente ligadas a la política. Son dos sistemas, y cuando uno no funciona, el otro entra en acción.

En este sentido vale la pena ver los extensos barrios populares de Iztapalapa y Nezahualcóyotl como el resultado de un sistema de creación de riqueza. Donde antes hubo campos agrícolas, hoy hay casas, calles y comercios. ¿Éste fue el resultado de la gestión formal de vivienda? No, pero de alguna forma funcionó en sus metas primarias.

Para entender la urbanización aparentemente desorganizada que cubre las orillas de las metrópolis mexicanas es importante entender este sistema que permea a toda la sociedad mexicana.

Uno de los primeros malentendidos es el concepto del paracaidista. Muchas veces en la sociedad en general se concibe la urbanización irregular como una ocupación sin negociación, el robo de terrenos. Sin embargo, generalmente no es así. Lo común es que la gente que construye sus casas en la orilla está pagando por el terreno.

¿A quién le pagan? Al fraccionador (la persona que consiguió el terreno y que se encarga de su división en lotes). En general, el fraccionador informal también se encargará de los cambios de uso de suelo y otros permisos necesarios. Para obtener estos apoyos del gobierno, naturalmente hay que pagar sobornos o ser netamente parte de la clase político-administrativa. Al otro lado vale la pena distinguir la figura del líder de colonos.

Esta persona tiene un papel doble: por un lado debe dirigir el voto de la colonia informal y por otro debe negociar los servicios públicos con el gobierno. Es decir que es el intermediario que entrega el voto de una colonia a cambio de servicios públicos. Estas personas tienen cualidades muy específicas y no es fácil llegar a serlo. Muchas veces son madres solteras cuya necesidad les dio la fuerza de empezar a montar estos obstáculos. Se necesita un liderazgo natural sobre los colonos y gozar de contactos en el gobierno. Ganar la confianza del gobierno y aprender cómo funciona no son tareas fáciles. Estas lideresas pueden trabajar como si fueran militantes de un partido, es decir, siempre ser leales al mismo partido, o pueden tener una actitud más freelance esperando la mejor oferta. Es cuestión de estrategia.

Lo que vale la pena resaltar es que ni a los líderes de colonias, ni a los políticos les conviene que los colonos tengan los servicios públicos de inmediato. Finalmente, los servicios públicos son la ficha de intercambio por los votos. Al momento que los servicios públicos y las escrituras están listos, se ha perdido el control político de esa demarcación. Entonces esto incentiva una especie de subdesarrollo planeado. Los servicios vienen, pero paulatinamente. Para los colonos, esta actividad política es parte del precio que uno paga por un terreno tan barato, que finalmente termina siendo una casa y un patrimonio para la familia.

Un defecto de este sistema es que hace la planeación urbana imposible, porque los servicios públicos son exactamente lo que el gobierno planea y controla. Cuando éstos llegan después de la colonización, no son parte de un plan; más bien son respuestas a una colonia ya construida.

Por lo mismo, las colonias sufren mala planeación, no porque los colonos simplemente se asentaron en una forma caótica, sino más bien porque responden a intereses y esquemas políticos de líderes y autoridades, lo que imposibilita la planeación.

Cuando uno dice hay que erradicar la informalidad, uno debe estar consciente que en el fondo uno está planteando una reforma de Estado y economía que va mucho más allá de la obra negra sobre las colinas de la periferia.

 

 

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