Con la euforia del nuevo milenio, el proceso de integración económica vio nacer nuevos mecanismos de cooperación internacional que tenían como objetivo responder a las necesidades de un comercio internacional más fluido, de nuevos actores internacionales y de agendas nacionales.

En 1999, se crea el G20 como un esfuerzo supranacional para lograr que los 20 miembros en los cuales se concentra el PIB (Producto Interno Bruto) de mayor impacto para la economía mundial, pudieran encontrar un espacio para la generación de una agenda comercial y económica con el sustento de organismos internacionales como el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional.

Desde entonces, el G20 reúne a los Jefes de Estado y de Gobierno de los países miembros, a líderes de organismos internacionales y a personajes estratégicos de la economía, las finanzas y los asuntos internacionales en general.

Con una de las agendas más acotadas a la realidad de la comunidad internacional, las reuniones del G20 han servido como un escaparate de propuestas ambiciosas y como eco de diferentes voces alrededor del mundo.

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A partir del año 2000, y con el crecimiento acelerado de las actividades comerciales desarrolladas a partir de la firma de los tratados internacionales económicos, la agenda internacional desarrolló un déficit importante en el cumplimiento de las Metas del Milenio (MDG por sus siglas en inglés) de las Naciones Unidas; en temas como el analfabetismo, el empoderamiento de las niñas y las mujeres, la erradicación de la pobreza, y la garantía de un ambiente seguro para los grupos más vulnerables del mundo.

Para 2015, la comunidad internacional y el conjunto de organismos internacionales vieron como la ambiciosa agenda propuesta por el G20 tampoco pudo lograr resultados de alto impacto que ayudaran al cumplimiento de las Metas del Milenio a superar el embate de la recesión económica de 2008, iniciada en EU por el colapso del sistema hipotecario y crediticio, y por la crisis en los países periféricos de la zona Euro (Grecia, España y Portugal).

A 18 años de su creación, el G20 arropó en esta última reunión no sólo la presencia de liderazgos controversiales, protagonistas de amplias tensiones a nivel regional e internacional, sino que además buscó perfilar una agenda que incluye temas tan diversos como relevantes. En 2017, el G20 ha resuelto encaminar esfuerzos para el desarrollo de programas conjuntos que permitan, sobre todo, fortalecer las acciones específicas para el cumplimiento de los ODS (Objetivos de Desarrollo Sostenible) hacia el 2030 de las Naciones Unidas.

En temas como el desarrollo equitativo, la lucha contra el terrorismo, el abatimiento del rezago educativo y el empoderamiento de las mujeres, los actores internacionales que se dieron cita en la última reunión del grupo se han llevado compromisos ambiciosos y relevantes como es el caso de una posible intervención en Siria con fines humanitarios para avanzar en el proceso de pacificación y atención a civiles en el territorio sirio.

Si bien es cierto que en esta emisión quedó reiterado que los temas comunes requieren con urgencia el diseño e implementación de mecanismos de cooperación que detonen acciones concretas en lo nacional, lo regional  y lo internacional; también es cierto que hoy en día los temas de la agenda internacional requieren de organismos internacionales de vanguardia, que vayan más allá del esquema tradicional de resolución de conflictos e intervención internacional, capaces de responder a la rápida evolución de las nuevas formas de generación de conflictos.

 

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