En un solo día de febrero, Genomma Lab perdió 998 mdd de su valor. Los inversionistas cayeron en cuenta que su modelo de negocio se había debilitado. Pero lo que no le perdonan es que, en lugar de reconocerlo, sus directivos trataron de disfrazar los síntomas.

 

Por Montserrat Ugalde, Orquídea Soto y Enrique Hernández

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Por años, Genom­ma Lab acos­tumbró a los inversionistas a las buenas noti­cias. La productora de medicamen­tos genéricos cotiza sus acciones desde 2008 y en sus primeros cuatro años de empresa pública compró 20 compañías y su acción se apreció 350%.

Pero su buena estrella se apagó a finales de 2014, y en un abrir y cerrar de ojos perdió 998 millones de dóla­res (mdd) de su valor. Tuvo una caída de 44% de sus ingresos.

La última semana de febrero fue trágica: el jueves 26, el CEO, Rodrigo Herrera, y su equipo cerraron la jor­nada con un negocio de 2,240 mdd, pero al día siguiente ya sólo valía 1,241 mdd, resultado de una caída de 26% en el precio de la acción, a 16.32 pesos.

Algunos inversionistas, que compraron las acciones de la compañía y sus papeles de deuda, se sienten abiertamente engañados y acusan a Genomma de que les ocul­tó, con dolo, información importante relativa a su desempeño.

Pese a que Genomma ya sabía que sus números del último trimestre serían negativos y que sus ingresos iban en picada (entre el primero y tercer trimestre del año pasado sus ventas en México presentaban un avance de sólo 2.5%, afectados por el entorno económico, según versión de la compañía), sus directivos emitieron un bono de deuda sin dar el aviso respectivo al mercado, señala uno de esos inversio­nistas, Francisco Jiménez.

La colocación de certi­ficados de deuda por 1,500 mdp se concretó el 28 de noviembre, como parte de un programa que Genomma tiene autorizado por 8,000 mdp. Lo que molestó al mercado es que, contra lo que podría esperar­se en el prospecto de la operación, la empresa jamás reconoció el dete­rioro que sufrían sus ventas ni hizo referencia a algún evento que pudie­ra afectar su capacidad de pago.

Unas semanas después, los números mostraron que los problemas habían aumentado y eran inocultables. Lo que vino después fue el reparto de culpas por la caída de los ingresos: Herrera y su equipo le dijeron al mercado que la desaparición de Casa Saba había rasurado 30% de las ventas de Genomma y que sus efectos se habían amplificado, dado que había ocurrido en los últimos meses del año, el mejor periodo para la compañía, que es cuando registra 40% de sus ventas de todo el año.

Pero la explicación no satisfizo a los inversionistas. Los proble­mas que llevaron a Casa Saba a la quiebra comenzaron desde 2013, si bien lo peor vino cuando esta distribuidora detuvo sus operaciones, pues sus competidores descartaron llenar el vacío y el mercado quedó por tanto desatendido.

El impacto en la compa­ñía es que se achicó tanto el mercado de productos OTC (over the counter, que se venden sin receta médica, estimado en 32,000 mdp), como el de medicamentos y productos para el cuidado personal, según Genomma.

Lo que no quedó claro de esta versión es por qué los inversionistas no fueron notificados (mediante un evento relevante a la Bolsa Mexi­cana de Valores), tanto de la salida de Casa Saba como del impacto que esto tendría en las ventas de la com­pañía, le dijeron a Herrera analistas e inversionistas durante la conferen­cia de resultados.

La respuesta de los directivos fue sorprendente. Dijeron que no era responsabilidad de la empresa anunciar ese efecto (de la salida del mercado del mayor distribuidor de sus productos).

Más adelante, al presentar su guía de resultados para 2015, dieron marcha atrás e indicaron que no les había sido posible informar al mercado el asunto de Casa Saba debido a que estaban en cierre de negociaciones con una empresa. “En agosto de 2014, firmamos un acuerdo de confidencialidad con una reco­nocida compañía multinacional… En noviembre de 2014, tuvieron una clara indicación sobre la estructura y valuación de la transacción, seña­laron en la guía de resultados para 2015, la cual emitieron tras la caída de la acción, lo cual impidió repor­tar un aviso previo de resultados…”.

Pero las incosistencias no ter­minaron ahí. La transacción con la multinacional fue cancelada el 26 de febrero de 2015, un día antes de que la compañía publicara sus cifras del cuarto trimestre y una una vez que ya había colocado sus instrumentos de deuda con valor de 1,500 mdp.

El mercado no compró el paquete de explicaciones de Genomma. Desde los primeros minutos de la apertura del mercado el 27 de febre­ro la acción comenzó a caer hasta acumular una pérdida de 15%, que obligó a la suspensión de la com­pra-venta de sus títulos.

La acción terminó la jornada con una baja de 26% en el día.

El derrumbe no paró ahí. Sucesi­vas caídas en días posteriores culmi­naron con un desplome de la acción, que pasó de 22 pesos antes del negro reporte trimestral a 11.7 pesos en la mínima cotización del 4 de marzo.

No fue sólo la acción. Los analis­tas vieron cómo la prima por riesgo que se paga por el papel de deuda de Genomma se triplicó: pasó de TIEE +60 puntos base (PB), a TIEE +200 PB. Eso deterioró el precio del papel, con pérdidas importantes para fondos de inversión.

No será fácil que Genomma se recupere del golpe. Al 8 de junio, la acción de Genomma se cotizaba en 16.38 pesos, lejos aún de los 22 pesos del fatídico jueves de febrero. A pesar de que la guía para 2015 indica un aumento en ventas de 5%, también acepta que en el caso de México (donde obtenía 53% de sus ingresos hasta septiembre del año pasado, aunque en marzo obtenía 35%), los números negativos conti­nuarán en los primeros trimestres de este año, entre ellos una baja en ventas de 9%.

Y aunque prevé que el flujo crez­ca 14.5%, la guía dice que la renta­bilidad sería de 24%, un margen de ganancia lejano del 36.5% que la administración prometía a los inver­sionistas en 2014. “El sentimiento del mercado es claramente negativo y los resultados podrían empeorar en el primer semestre de 2015, antes que mejorar”, indica Miguel Ulloa, analista de BBVA Bancomer.

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En el banquillo

Los genes de Genomma son los de una empresa de publicidad, no una farmacéutica. Fue constituida en 1996 bajo el nombre de Infovisión, con el giro de empresa productora de in­fomerciales para televisión, con énfasis en productos de belleza. Tres años después inició un modelo vertical para hacer productos propios, publicitarlos, tejer una red de distribución directa al consumidor y entrar al medio farmacéutico.

Más tarde incluyó en su ca­tálogo productos OTC y en 2003 comenzó a distribuir con ma­yoristas. A principios de 2009, Genomma compró Medicinas y Medicamentos Nacionales y su amplio portafolio de Genéricos Intercambiables (GI) en analgé­sicos, antigripales, antimicóticos, antiinflamatorios, expectorantes y multivitáminicos, entre otros, dice la propia compañía.

Pese a todos estos cambios, Genomma seguía anclada a la te­levisión. El éxito de su modelo es que está basado en la publicidad, dice un ex funcionario público que conoció a la empresa desde la perspectiva de la regulación. “In­vierten más de 70% del valor del producto en publicidad”, agrega la fuente, quien habló a condición de que se omitieran sus datos. Ge­nomma no aceptó comentar para este artículo.

“Genomma es un cliente impor­tante para nosotros”, reconoció José Bastón, director de TV y Con­tenidos de Televisa en conferencia con analistas. La productora de medicamentos es uno de los 10 anunciantes más grandes, que en conjunto compra­ron 25,011 mdp en espa­cios publicitarios el año pasado, según reportes de la televisora.

Ante el arsenal de comer­ciales contratados, lo razonable era que Genomma montara sus propios estudios para producirlos, y así lo hizo.

No sólo eso: hasta 2008, tuvo el beneficio de que el organismo regulador, la Comisión Federal Contra Riesgos Sanitarios (Cofe­pris), le aprobara en un solo día sus mensajes comerciales para poderlos transmitir masivamente, contra los 10 días que marca el reglamento de salud en materia de publicidad y que aplicaba a sus competidores.

Esa situación cambió con la llegada de Miguel Ángel Toscano como comisionado federal. El fun­cionario no sólo canceló el acuerdo firmado con varias empresas, incluida Genomma, para las apro­baciones fast track de los anuncios, sino que reforzó la vigilancia de comerciales.

El resultado fue numerosas san­ciones a Genomma por el contenido de sus anuncios, en los que se diluye una diferencia que para efectos regulatorios es clave: la distinción entre medicamento y producto.

En 2010, la Cofepris aplicó 22 ac­ciones contra Genomma y la multó con 1.52 mdp. Toscano también im­pulsó una demanda penal en contra de la compañía por la presunta falsi­ficación del medicamento Fermulán, la versión en GI del inmunodepresor Rzzenacept, la cual fue descubier­ta en estudios de bioequivalencia realizados por el Hospital General de México.

“Tenían productos casi al margen de la ley; por ejemplo, confundían suplementos alimenticios con me­dicamentos, pero con la renovación de registros sanitarios esto quedó sin problema”, recuerda el ex funcio­nario consultado. “(Aunque) quizá su tema más complicado es el de la publicidad”.

Los anuncios de Genomma se combinan con una tendencia de los mexicanos de automedicarse, dice Ingrid López, de la Fundación Mexicana para la Dermatología. Hay gran cantidad de productos que se anuncian como una solución a pro­blemas de salud y que asumen que los pacientes pueden ser sus propios médicos, lo cual puede ser delicado, dice Rosa María Ponce, jefa de Der­matología en el Hospital General.

Ponce da el ejemplo de Points, un producto congelante que la publi­cidad de Genomma recomienda para destruir tumores superficiales (como verrugas), pero que pasa por alto la importancia de conocer el origen de esas anomalías. “Yo no lo recomiendo”, afirma Ponce.

Los productos de Genomma, en realidad, son genéricos eco­nómicos que se venden 10 veces más caros que su valor real, con la finalidad de destinar el mayor porcentaje a publicidad, agrega la fuente consultada.

La Procuraduría Federal del Consumidor (Profeco) también ha multado a la empresa en varias ocasiones por publicidad falsa. Profeco no atendió las solicitudes de información de Forbes México.

No es excepcional que Genomma sea encontrada en falta. En 2012 fue multada con 15 mdp, al año siguiente con 18 millones y el año pasado fue récord, pues se abrieron 71 proce­dimientos en su contra por exponer anuncios ante audiencias o en condi­ciones distintas a las autorizadas, lo que ameritó la suspensión de los mensajes y una sanción de 30.5 mdp, dice Álvaro Pérez Vega, de Opera­ción Sanitaria de Cofepris.

“Las sanciones han ido subiendo, porque se ha incrementado la capa­cidad de monitoreo de la Cofepris”, agrega Pérez. Los procedimientos y la sanción de 2014 han sido impug­nados por la compañía.

A los problemas relacionados con la calidad de sus productos y la veracidad de sus comerciales, se sumó un factor adicional: la falta de transparencia en las decisiones del negocio y la información financiera. El mayor problema de la empresa es el de la credibilidad, dice Sofía Robles, analista de Intercam.

 

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