Román Ramos Uría ha logrado, a punta de trabajo y esfuerzo, consolidar la mayor cadena de tiendas  y supermercados de República Dominicana. A medio siglo de dar rienda suelta a su espíritu emprendedor  vaticina nuevas oportunidades de negocio.

 

Por Geizel Torres/Fotos: Eva Hart

El Grupo Ramos vino a romper los esquemas que los alma­cenes detallis­tas habían plantado en el chip social desde siempre. Antes de su llegada, el término “hacer las compras” significaba desplazarse a diferentes sitios para conseguir lo que hoy día se compra en uno solo. Mucho antes de que Zara apareciera en las vitrinas dominicanas, don Román Ramos anticipaba que la tendencia del prêt-à-porter terminaría lle­vándose por delante el negocio de los textiles que tanto cuidaban los inmigrantes europeos en el país.

Supo también que su amada tienda de la avenida Mella pasaría a un segundo plano luego de que la ciudad decidiera desbordarse y comenzó, poco a poco, a comprar solares en lo que sería la avenida Winston Churchill, sentándo­se de tú a tú a negociar con los propietarios.

Intuición, pero sobre todo, persistencia. Así se podrían definir las dos características que primero saltan a la vista del presidente del consejo de directores del Grupo Ra­mos, quien se prepara para vivir un octubre de muchos acontecimien­tos especiales: su 50 aniversario de bodas y su cumpleaños número 74.

A pesar de los años (que no son muchos para un hombre de este temple), la esencia de don Román sigue intacta. Su oficina refleja mucho de lo que es como persona y como jefe.

Cinco calendarios sobre el escri­torio, todos ubicados en distintos meses, son la señal inequívoca de que un hombre ordenado y con visión se sienta ahí todos los días. “Me sirven para ver todos los meses que necesito. Es más rápido buscar un día”. Y es así como planta el desafío a las ultramodernas agendas electrónicas. Pero más que calen­darios, hay muchas fotos y todas de familia: nietos, hijos y esposa dominan los espacios de una oficina in­maculadamente limpia que revelan los pilares de este empresario. Para él, su prioridad sigue estando muy clara: “La familia es la base de los pueblos. El legado más importante que les he dejado. Es el ejemplo de unión, honestidad, trabajo y respeto que recibieron en la casa familiar. La educación y preparación que na­die les puede quitar, pues ‘el dinero es redondo, va y viene’”, afirma.

Y es que al hablar de los éxitos del Grupo Ramos, don Román es apenas la punta del iceberg. Detrás de él viene un equipo que desde hace años convirtió a la empresa en algo más que un negocio familiar. Ahora es todo una institución don­de laboran más de 10,000 personas repartidas en los 43 locales que suman Multicentro La Sirena y los supermercados Pola y Aprezio.

Ser uno de los empleadores privados más grandes del país conlleva una enorme responsabi­lidad y justicia a la hora de hablar de salarios. Hace pocas semanas, el presidente Danilo Medina hizo un llamado a los empresarios para que las riquezas que se están generando en el país puedan llegar hasta los que menos tienen por medio de un salario digno. Don Román ha hecho eco de este llamado, pero hace una observación: “la experiencia me ha demostrado que en la medida que la población disponga de mayores ni­veles de ingreso, mayor será el nivel potencial de consumo y bienestar, siempre y cuando eso venga acom­pañado de una mayor eficiencia y productividad. De poco sirve ganar más si todo cuesta más. Necesi­tamos que en el país todos nos enfoquemos en ser más eficientes. Si queremos vivir mejor, necesita­mos que las inversiones públicas y privadas sean más efectivas y que el gasto sea más eficiente. Necesi­tamos más productividad, hacer mejor uso de los recursos”.

Pero el Grupo Ramos no solo im­pacta la economía del país a través de empleos. La cadena tiene 2,434 proveedores, más de la mitad son empresas nacionales y unos 800 son internacionales.

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De inmigrante a empresario

Aquel refrán de que “todo en la vida tiene un propósito” se cum­ple a cabalidad en la existencia de Román Ramos Uría. Siendo el mayor de los varones, desde muy pequeño aprendió a valerse por sí mismo. Confiesa que vivió cinco años en Oviedo, la capital de Asturias, y las experiencias ahí le ayudaron a dejar la vida pueblerina de Pola de Allande para adaptarse a una ciudad populosa.

Seguro que la suerte del joven ya estaba cantada, pues cursó sus estudios con los padres dominicos en el Colegio Santo Domingo de Guzmán, en Oviedo. La disciplina del internado y los horarios de rigor le servirían más adelante para adaptarse a las rutinas laborales que le esperaban en el Caribe.

Román Ramos Uría partió de su natal España con apenas 17 años en un barco que se llamaba La Antillana. Sin embargo, no llegó a República Dominicana como estaba previsto, sino que el barco atracó en Puerto Rico y de ahí tuvo que ingeniárselas para venir en avión. “Santo Domingo era un pueblo grande, limpio y muy hospitalario.

Sin conocerte te invitaban a café o limonada y la gente se sentaba en las galerías y en las aceras a tomar el fresco”, recuerda el empresario.

Llegó un 15 de octubre de 1959 con 20 dólares en el bolsillo, mucho más de lo que traían muchos de sus compatriotas que se aven­turaron a migrar a Dominicana. “Venía con un contrato de trabajo (el cual era indispensable para emigrar en aquella época). Llegué el 15 de octubre de 1959 y el día 16 a las 8 a.m. estaba en la fábrica de textiles M. González y Cía., bajo las órdenes de Maximino González Cerame y Antonio Najri (Papía), el hombre que más admiro”, afirma don Román.

Con orgullo cuenta que durante ese tiempo hizo de todo, desde repartidor en la capital hasta barrer el local. Al año de haber iniciado pasó a ser encargado de la tienda Cub de la calle El Conde, en donde trabajó en ventas al detalle hasta el 15 de abril del 1963, fecha en que fue contratado como empleado de la tienda La Sirena, ubicada en la avenida Mella. Si hay algo que don Román traía en la cabeza, era que semejante viaje desde España no iba a ser para quedarse de emplea­do el resto de su vida. Ya de por sí estaban en su adn las habilidades de comerciante, pues su bisabuelo había montado una tienda en Pola de Allande, su ciudad natal, allá por 1845. Su abuelo, su padre y sus hermanos siguieron con el negocio hasta este año. “Yo nací detrás de un mostrador”, es la frase con la que empieza la historia de su vida, la de comerciante. “No emigré para ser un empleado. Cuando salí de España fue con la decisión de ser indepen­diente lo antes posible. La oportu­nidad se me presentó después de la Revolución de Abril de 1965, pues los entonces dueños de la tienda, Félix y Leopoldo Fernández, querían retirarse y supe que buscaban un comprador. Me atreví a hacer una oferta por el negocio, y mi suegro, Plácido Fernández, me prestó los primeros 25,000 pesos de República Dominicana (a un tipo de cambio de 45 pesos de RD por dólar) que aboné al precio de compra. Tardé ocho años en pagar la totalidad”.

Así fue como don Román, un 1 de diciembre de 1965 se convirtió en el dueño de La Sirena. Poca gracia le hace que describan a La Sirena de la Avenida Mella como una tienda modesta. “No era tan pequeña, era de las más grandes de aquellos tiempos y muchos tienen que re­cordar que era una de las pocas que tenía aire acondicionado”, dijo don Román en una ocasión. Ahora al frente de su propio negocio comenzaron a notarse algunos cambios importantes en la empresa. Apenas un año después de que don Román comprara la tienda se empezaron a hacer las primeras reformas: la fachada principal fue demolida y se hicieron vitrinas modernas, se importaron maniquíes y se empezó a variar el surtido.

Cinco años más tarde, las telas fueron sustituidas por cosméticos, los cuales se convirtieron en una de las líneas más fuertes del negocio además de la perfumería, cuidado personal, cristalería, quincallería, plásticos, aluminio y otros renglo­nes. Y en 1971 se convierte en la primera tienda en trabajar horario corrido y la primera en implemen­tar la modalidad de autoservicio bajo el esquema de precio fijo.

Detrás de la historia de La Sirena hay mucho trabajo. Don Román recuerda que por aquellos tiempos él era el encargado de todo, desde cerrar las cajas hasta hacer los de­pósitos, las cuñas publicitarias y los anuncios de periódico. De hecho, desde su llegada a Santo Domingo pasaron 12 años hasta que pudo vol­ver a España a visitar a su familia.

Cada uno de los formatos del grupo surge en una época específica que refleja las necesidades del con­sumidor. “A partir de 1965 la ciudad empezó a cambiar y a transformar­se con una serie de migraciones in­ternas: Los de Ciudad Vieja y Nueva pasaron a Gazcue, y los de Gazcue para Naco, Piantini y Arroyo Hon­do, entre otros sectores. Había que perseguir al público y nosotros lo hicimos, identificamos la necesi­dad del cliente y la capitalizamos, acercándonos a ellos a través de las nuevas sucursales de La Sirena”.

El primer paso para la expansión del Grupo Ramos ocurrió en 1979. “Nuestro formato de supermercado nace en ese año, cuando decidimos incursionar en el negocio de ali­mentos, con la compra y posterior remodela­ción del Supermerca­do García, en la ciudad de Santo Domingo, que abrió sus puertas al público como Super­mercado Pola. Actual­mente operamos siete establecimientos bajo la marca Súper Pola, ubicados en Santo Do­mingo, Bávaro, Sosúa y Las Terrenas”, dice don Román.

1999 marca un antes y un después en el desarrollo del ne­gocio. Aquí es cuando tanto La Sirena como Supermer­cado Pola se juntan bajo una sola empresa llamada Grupo Ramos. Además, con la construcción del Multicentro La Sirena en la aveni­da Winston Churchill se marca un hito urbano con la construcción del más grande hipermercado del país hasta ese entonces.

Para esa época, la empresa se perfilaba como una de las más grandes del país y el reto consistía ya no solo en plantearse nuevos re­tos de innovación para mantener la vigencia, sino que a nivel interno de la organización se estaban produ­ciendo muchos cambios, entre ellos la llegada de una generación más preparada y con muchas ganas de mantener el legado de don Román.

“Durante muchos años trabajé como jefe de mis hijos. Lo mejor es la confianza, la tranquilidad de tenerlos cerca y la satisfac­ción de haber alcanzado muchos logros juntos. Lo más difícil es tratarlos como si fueran ejecutivos normales”.

En 2005 su hija mayor, Merce­des Ramos, asumió la presidencia ejecutiva de la empresa. Ella tenía más de 30 años trabajando en las distintas áreas del grupo. Fue una pieza clave no solo en la integración de todas las empresas bajo la sombrilla del Grupo Ramos, sino además con la unificación de los formatos de los multicentros.

Así fue como llegó el momento del relevo. “No fue un momento, más bien un largo periodo donde me fui dando cuenta de que el equipo que se había formado era muy capaz y poco a poco fui soltando la antorcha. Un tiempo la portamos juntos y un día siguió ella sola, consciente de que siempre cuenta con el apoyo que da la experiencia”. Hoy, como presidente del consejo de directores del Grupo Ramos, ya no está en el día a día de la empresa, pero confía plenamente en las personas que están al frente, sean familia o no. “Mis hijos ocupan puestos destacados pero, en muchos casos, otros ejecutivos tienen posiciones tan o más importantes que las de ellos”, sentencia.

Para don Román, no hay secretos para el éxito, solo mucho trabajo y valores que han permitido la permanencia del negocio y que aun hoy, 50 años más tarde, siguen siendo el norte de sus acciones que los convierten en un ejemplo a se­guir en el sector: “la honestidad, la transparencia, la competencia leal y el trabajo tesonero son algunos de los principios y valores que han guiado nuestro accionar. Hemos de­mostrado que se puede ser exitosos cumpliendo con las leyes y respe­tando a los demás”. Al día de hoy, todas las tiendas del grupo reciben unas 50 millones de visitas al año.

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Innovación y adaptación, clave de la permanencia

Desde la conformación del Grupo Ramos, la empresa ha venido sumando importantes proyectos en su cartera de negocios. Uno de ellos surge en 2012, cuando se estrena la cadena Aprezio, con el propósito de servir a nuevos públicos y sectores. Este es un formato de tiendas de descuento que ya suman 16 repartidas en zonas densamente pobladas y de fácil acceso.

Con la llegada de nuevos formatos comienzan a marcarse las diferencias entre cada uno. Las tiendas de descuento Aprezio son locales pequeños y sencillos, con un surtido básico de productos de alimentación y bazar, operados con muy alta eficiencia, para garan­tizar al cliente los precios más bajos del mercado. Dis­ponen de algunos servicios, como bancos y compañías telefónicas.

Por su parte, los multi­centros La Sirena son tien­das con grandes superficies y un surtido completo de productos de alimentación, moda y hogar. Ofrecen al cliente todo en un mismo lugar y disponen, además, de una amplia variedad de servicios complementarios, como lavandería, cafete­ría, bancos, telefónicas, farmacia y envío de remesas, entre otros.

Los supermercados Pola son tiendas de cercanía, de tamaño más pequeño, especializados en la venta de alimentos. Ofrecen al cliente diversos servicios adicionales, como lavandería, cafetería, bancos y farmacias.

Y los planes de expansión continúan, ahora a otro nivel. A principios de este año, la em­presa presentó los avances de la construcción de Multiplaza La Romana, cuya inauguración está programada para diciembre, en el marco de las celebraciones del 50 aniversario de la compañía. Este proyecto de 28,000 metros cuadrados albergará además de un Multicentro La Sirena, siete salas de cine, tiendas de ropa, juegos infantiles, ferretería, hogar, food court y restaurantes a la carta, entre otros productos y servicios. Se espera que su apertura genere unos 750 empleos directos.

Pero no es la primera vez que el Grupo Ramos incursiona en el sector inmobiliario, pues desde 2011 está operando Multiplaza en Higüey, un centro comercial de más de 40,000 metros cuadrados y más de 22 millones de dólares (mdd) invertidos.

En los últimos años, el crecimiento de Grupo Ramos tiene cifras sosteni­das que rondan el 10%. De hecho, la empresa pasó de pagarle al fisco dominicano en 2011 3,000 millones de pesos de República Dominicana (a un tipo de cambio de 45 pesos de RD por dólar) a duplicar esa cantidad para 2015, pagándole al estado más de 6,800 millones de pesos de República Dominicana (a un tipo de cambio de 45 pesos de RD por dólar), monto que lo convierten en la cadena de supermercados más grande del país.

Esta cifra no es casuali­dad y comienza en una épo­ca donde el gigante mundial del retail, Walmart, salió de compras por la región y se hizo de emblemáticas cadenas de supermercados, sobre todo en Centroamé­rica. Los rumores de que el Grupo Ramos podría ser el siguiente en la lista no se hicieron esperar.

Muchas veces los direc­tivos salieron a desmentir estas informaciones, y si bien es cierto que no hubo intenciones de compra en ese momento, el Grupo Ramos sí se preparó para recibir más competen­cia. “Sí lo pensamos, pero constantemente trabajamos para ser mejores y nos preparamos para competir en cualquier esce­nario y con cualquier empresa, sea local o extranjera. La competencia siempre va a existir y es buena. Nos conviene a todos, especialmente a los consumidores”.

Han pasado 56 años desde que don Román pisó la isla por primera vez. Su capacidad para adaptarse a las circunstancias de la vida le han permitido llegar muy lejos y en su oficina reflexiona sobre la frase que más peso ha tenido en su vida: “El que la sigue, la consigue”.

 

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