Hay que vigilar qué sí y qué no deben hacer los poderes gubernamentales para mantener la seguridad nacional y respetar las garantías individuales en la era digital.

 

Los acontecimientos de noviembre del año pasado en Francia, la sofisticación de las herramientas a través de las cuales se ha propagado el terrorismo y su marketing, así como la detección y acción para contenerlo y prevenirlo, han vuelto a poner sobre la mesa aspectos muy importantes que le conciernen a todos los ciudadanos del mundo sobre límites legales, morales y éticos a los gobiernos para acceder a la información personal de sus gobernados con la posible justificación de un riesgo de seguridad nacional.

Ante situaciones de alto riesgo, como sucedió en Estados Unidos con el ataque en septiembre 11, el presidente George W. Bush logró que el Congreso aprobara una ley que le permitía al gobierno de EU, ya sin una orden judicial explícita y con la justificación de amenaza a la seguridad nacional, vigilar a sus ciudadanos.

Así se formó la famosa Agencia de Seguridad Nacional (NSA, por sus siglas en inglés), que escucha y guarda en bases de datos conversaciones telefónicas, mensajes en correos electrónicos, redes sociales y cualquier comunicación que los individuos pueden tener.

Esta ley generó una gran controversia a nivel nacional e internacional, al dejar expuesto al gobierno estadounidense en sus consecuencias reales y al escrutinio de los medios de comunicación que recibieron la información de Edward Snowden, un miembro de la NSA, quien puso a pensar al mundo sobre las implicaciones de lo que en esa institución sucedía en función del daño a las garantías individuales de los ciudadanos de EU.

Es gracias a este personaje, nombrado Hombre del Año en 2013 por el periódico británico The Guardian, que el mundo tiene otra perspectiva sobre el simple hecho de compartir información a través del internet, las redes sociales, el correo electrónico o vía telefónica, y que puede ser utilizada por empresas o el gobierno mismo en nuestro perjuicio.

El aporte de este hombre, que para unos es un héroe y para otros un villano, es el cuestionamiento social y el ponernos al tanto del manejo que se hace de la información en función de la seguridad nacional y el concientizarnos del uso de ésta en términos de las libertades personales para nuestra defensa.

En este tenor, los ciudadanos debemos ver a los poderes gubernamentales rigiendo lo que se debe y no se debe hacer para mantener la seguridad nacional y respetar las garantías individuales de los ciudadanos, particularmente el Poder Judicial.

Como gobernados debemos estar atentos y obligar a nuestros representantes a votar por leyes que tengan sentido, y que no traten de resolver un problema en el corto plazo y que en el largo plazo actuará en contra de los ciudadanos y sus garantías.

 

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