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Londres, Reino Unido. Son las nueve de la mañana en Londres. En el Guildhall, un centro de eventos de estilo barroco, en pleno corazón de la ciudad, muy cerca del Támesis, ya se encuentran aglutinadas más de 2,000 personas en espera de entrar al recinto.

Está por dar inicio el Innovate Finance Global Summit (IFGS), el evento de innovación en tecnología financiera más importante del planeta. Y justamente están en la fila, junto con esas 2,000 personas de 45 nacionalidades distintas, un puñado de creativos latinos, también esperando entrar.

Ahí se encuentran, por ejemplo, Manuel Sicard, un colombiano que fundó la startup Neurona, que facilita la manera de hacer transacciones interbancarias; Juan Pablo Braña, uno de los argentinos al frente de Eye Capital, una empresa que, con Inteligencia Artificial, desarrolló un robot que monitorea más de 9,000 títulos financieros; Patricio Dueñas, quien dio vida a Amipass, una plataforma que permite gestionar la entrega de beneficios económicos para trabajadores.

Otro que hace acto de presencia es Marco Vera, quien abrió en México la empresa Vtronix, enfocada en brindar seguridad a instituciones financieras mediante reconocimiento facial; y Alexander Romiszowski, quien, junto con su hermano, lanzó en Brasil el exchange de criptomonedas Bitcointoyou, en 2010.

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Todos ellos llegaron a primera hora a las puertas del Guildhall para escuchar en vivo cuáles son las tendencias en la industria fintech, además de poder intercambiar su experiencia con empresarios de otras partes del mundo. A final de cuentas, es lo que ellos buscan: lograr que otros territorios los acojan con sus aplicaciones.

Explorar el mundo

Rebasar las fronteras de lo conocido no es cosa sencilla; al menos eso demuestra la mayoría de las empresas relacionadas con el mundo de la tecnología financiera de Latinoamérica: sólo unas cuantas de ellas hacen esfuerzos por volverse globales.

En Latinoamérica existen alrededor de 703 empresas enfocadas en este campo, de acuerdo con una evaluación hecha por Finnovista, repartidas en apenas un puñado de países de la región: Brasil, con 377; México, con 238; Colombia, 124; Argentina, 110; y Chile, con 75.

Un porcentaje bastante pequeño de estas firmas trata de salir de sus fronteras. En Brasil y Colombia, por ejemplo, apenas 30% de las compañías buscan expandirse a otros mercados, mientras que en otras naciones, entre ellas México, el localismo es mayor y únicamente una de cada 10 tiene inquietudes expansionistas.

El único país de Latinoamérica que rompe con esta tendencia es Argentina, que hoy puede jactarse de ser el más global de la región en materia de fintech, con casi la mitad (48%) de sus firmas intentando saltar a otras naciones.

Finnovista también indagó cuáles son los países y las regiones a los que quieren ir las fintech latinoamericanas. Encontró que el principal destino de su interés son otros países latinoamericanos y el Caribe, con más de 80% de los casos, y un porcentaje mucho menor pone la mira en Estados Unidos, Europa y Asia.

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Las aspiraciones de las fintech latinoamericanas son muy distintas a las de sus pares asiáticas. Por ejemplo, Singapur, que tiene apenas 700 kilómetros cuadrados de territorio, es sede de ya más de 400 empresas fintech, y más de la mitad de ellas exploran nuevos territorios.

¿Por qué ser globales?

No se trata de que las empresas de este ramo busquen ser globales sólo porque sí, sino que el tema tiene mucha mayor relevancia. Así lo asegura Amy French, líder del ecosistema fintech de la aceleradora inglesa Level 39, cuya sede se ubica justo en el eje financiero de Londres: la zona de Canary Wharf.

“Las empresas que deseen crecer en el sector de la tecnología financiera tienen que buscar oportunidades fuera de sus propios territorios. Está bien que quieran dominar sus regiones primero, antes de dar algún salto; sin embargo, si no establecen contacto con el mundo exterior ni entienden qué es lo que está sucediendo afuera, poniendo a prueba sus modelos de negocio, acortarán su desarrollo”, comenta French.

Y éste es el momento ideal para que las compañías enfocadas en fintech busquen dar este salto, asegura la especialista, ya que en prácticamente todo el mundo los usuarios de servicios financieros están experimentando justo aquellos problemas y necesidades que el desarrollo tecnológico es capaz de resolver.

“Me parece que la industria fintech hoy es un massive driver de cambio y es hoy el momento preciso para que las soluciones que se desarrollen tengan un impacto en el mundo, porque hoy todos los mercados están sufriendo casi por las mismas cosas”, considera.

“El ecosistema de empresas fintech que hoy están presentes en el Reino Unido está compuesto por compañías de todo el mundo, que están tratando de competir desde Londres hasta Birmingham, Leeds o Manchester. Eso te habla de que, para las startups, existen oportunidades de crecer”, dice Jeremy Coupland, especialista regional de Servicios Financieros del Departamento de Comercio Internacional del gobierno de Reino Unido (DIT), organismo que impulsó la visita de las startup fintech al IFGS y que trabaja en el fortalecimiento de la relación de su territorio con compañías de este sector en Latinoamérica.

Para reforzar su desarrollo y capacidad de innovación, las empresas de tecnología financiera necesitan enlazarse con el mundo y establecer relaciones productivas de intercambio con compañías de otras latitudes, concuerda Sopnendu Mohanty, Chief Fintech Officer de la Autoridad Monetaria de Singapur (MAS).

“Nosotros, en Singapur, tomamos la decisión de establecer, como gobierno, relaciones con países como India, Israel, Dinamarca, Japón o Francia, porque sabemos que las fintech que tenemos sólo podrán potenciarse si llevan sus productos fuera de nuestro país y los ponen a prueba en otros sitios”, afirma Mohanty.

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Foto: IFGS.

Pero la internacionalización impone condiciones. Para que la oportunidad de salir se materialice, las firmas de este nicho deben cuadrar todos sus procesos conforme al estándar de regulación que está adoptando la mayoría de los países, dice Coupland, del DIT.

“La oportunidad de crecimiento para las empresas que intenten saltar a nuevos países, como Reino Unido, va a depender mucho de la capacidad que tengan para acoplarse a las regulaciones, porque, para que su modelo de negocio sea exitoso, deben clarificar muy bien cómo se protegen de problemas como fraudes o lavado de dinero”, ahonda el especialista.

Salir a la incomodidad

Pero, si llevar una empresa a nuevos países no es algo que se pueda conseguir de la noche a la mañana, de acuerdo con los emprendedores que hoy ya han decidido y logrado dar este paso, la principal razón por la que los osados son minoría en Latinoamérica es la muy poca hambre de internacionalización.

“El talento sobra en Latinoamérica y [ello] se nota con innovaciones cada vez más grandes; sin embargo, la comodidad que les puede generar estar en un país como México, su propia casa, un gran mercado, puede hacer que los emprendedores pierdan ese coraje que debería invitarlos a buscar ganar más de lo que han logrado”, dice Marco Vera, cuya empresa Vtronix tiene hoy oficinas tanto en nuestro país como en Reino Unido.

Alexander Romiszowski, una de las cabezas de Bitcointoyou, exchange que ya también funciona en países como Portugal, señala que el tema pasa por la disposición de que las compañías acepten arriesgarse para ganar.

“Cuando nosotros decidimos salir de Brasil, aún era poca la gente que conocía sobre nuestro tema, pero lo hicimos, y hoy que ya existe un boom, estamos mucho más preparados para sacarle el mayor provecho posible”, menciona.

Por su parte, Manuel Sicard, fundador de Neurona, empresa colombiana que está evaluando llegar en el corto plazo a Reino Unido y que ya ha sido proveedora de medios de pago para empresas financieras en México, Estados Unidos y Chile, señala que los emprendedores deben dejar, cuanto antes, el arraigo que tienen en su cultura, y salir.

“Éste es un tema de asumir riesgos, de meterte a desarrollar productos para cosas que pueden ser inciertas, de buscar terrenos que rompan con la zona de confort de la empresa, de romper con los típicos lazos que te suelen detener”, agrega.

Juan Pablo Braña, uno de los fundadores de Eye Capital, no se anda con contemplaciones: Es necesario que las fintech latinoamericanas se reten más a sí mismas y olviden los pretextos que suelen poner para no buscar la conquista de otros mercados, reclama.

“Es cierto que las startups de Latinoamérica sufrimos por un entorno económico y político cambiante, y muchas veces eso es un freno para nosotros, porque preferimos mantener a la empresa defendiéndose de eso y que crezca moderadamente; pero también es cierto que existe mucho mundo. Eso lo hemos entendido en Argentina, donde, para tener proyección (algo difícil en un país del tamaño del nuestro), muchas empresas salimos”, concluye Braña.

 

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