Por Alberto Nazario*

Hoy la tecnología nos promete conectarnos no sólo con nuestros dispositivos personales, sino con cada uno de los objetos, muebles y máquinas con los que interactuamos. Un refrigerador inteligente tiene la capacidad de notificarnos que nos hace falta leche y ordenarla automáticamente. La variedad de sensores disponibles nos podrían notificar incluso cuando un plátano se está echando a perder. Muchos de los artefactos con los que convivimos son capaces de hablarnos. En este contexto de saturación, lleno de alarmas y notificaciones, se vuelve más complicado concentrar la atención en las cosas que realmente importan.

Muchas compañías están peleando por captar nuestra atención. Los desarrolladores detrás de gigantes como Instagram, Facebook, Netflix y Spotify lanzan interfaces diseñadas para persuadirnos a mantenernos conectados. Cada minuto que pasamos en estas plataformas aumenta el valor de sus acciones, su rentabilidad se define en función de su capacidad por maximizar el tiempo que pasamos en la pantalla.

Las personas pasan en promedio 50 minutos al día en Instagram, Facebook y Messenger, reveló Mark Zuckerberg en este artículo, es decir, más del tiempo promedio que dedican a hacer ejercicio, leer, socializar o cocinar. No se trata de decir si está bien o mal, sino señalar que las compañías, en el afán de aumentar sus ganancias o mantener su modelo de negocio, se valen de técnicas de persuasión para mantenernos conectados. Si la atención se ha convertido en una moneda de cambio es precisamente porque no es infinita.

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De acuerdo a Byung-Chul Han, vivimos en una era de hiperatención que se caracteriza por una atención dispersa, que cambia constantemente de foco entre diferentes tareas, fuentes de información y procesos; fenómenos como la procastinación o el multitasking están relacionados a este cambio de foco en la atención.

Para tratar de contrarrestar los fenómenos que se viven en cada época, surgen ideologías, en este caso destacan Calm Technology y Time Well Spent.

Calm technology

Calm technology es el nombre de una corriente de diseño que fomenta la creación de tecnología que ayude a las personas a cumplir sus tareas con el menor “costo mental” posible. Tiene sus orígenes en un texto de 1996 titulado “La Computadora del Siglo XXI” en el que Mark Weiser imagina un futuro en donde la tecnología desaparece en el entorno de la vida diaria y pasa a ser usada sin que seamos conscientes de su existencia. La electricidad es un ejemplo, la utilizamos todo el tiempo, nos ayuda a realizar otras tareas pero no nos damos cuenta de que está ahí.

La pluma “bamboo spark” es un buen producto de calm technology, ésta permite escribir sobre papel al mismo tiempo que digitaliza todo el contenido, sin que el usuario esté consciente de la tecnología que está detrás. Además, no fomenta la distracción ya que sólo sirve para escribir o dibujar.

Time Well Spent

Desde 2013 el Center for Humane Technology ha impulsado Time Well Spent, un movimiento que trata de revertir los efectos negativos que la “batalla por la atención” ha traído a la salud mental y las relaciones sociales. Su lema es: “realineando la tecnología a los mejores intereses de la humanidad”.

Esta iniciativa invita a las personas a tomar acción a partir de intervenciones básicas en los smartphones: desactivar todas las notificaciones excepto las que son de personas para evitar interrupciones innecesarias, o comprar un reloj despertador y cargar el teléfono lejos de la cama para no mirarlo al despertar. Uno de los pilares más importantes de esta iniciativa es hacer conciencia entre los ingenieros, diseñadores y desarrolladores, para que la tecnología que ponen en manos de las personas fomente valores como la libertad de decisión y ayude a aprovechar el tiempo en lo que “realmente importa”.

Franco Berardi explica en su libro La Fenomenología del Fin, que la saturación de información hace que decrezca nuestra capacidad de extraer significado a las cosas, es decir, cuando hay tanta información es menos probable que nos detengamos a analizarla. El autor va más allá, afirmando que el incremento de los flujos de información nos está haciendo perder la sensibilidad: a mayor cantidad de estímulos menor es la sensibilidad y menor es el placer que somos capaces de experimentar.

Si la manera en la enfrentamos los flujos de información está transformando incluso la forma en la que analizamos y disfrutamos el mundo a nuestro alrededor, me parece importante que como usuarios seamos conscientes de las consecuencias de nuestros hábitos; y como diseñadores o personas que intervienen en el desarrollo de tecnologías, es imperativo que seamos intencionales en las decisiones que tomamos. El diseño centrado en los usuarios, el diseño de servicios, el diseño estratégico y demás corrientes no sólo se tratan de facilitar las tareas de las personas; en su nivel más fundamental, el diseño debería de abogar por los mejores intereses del ser humano.

*Design strategist en Uncommon, agencia de diseño estratégico e innovación.

 

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes México.

 

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