El PAN abrió a la posibilidad aliarse con el PRI y el PRD en 158 distritos. Es un paso trascendental, aunque falta que lleguen a acuerdos puntuales y que mucho tendrá que ver con el perfil de los candidatos y que estos asuman un compromiso de respaldo a una agenda democrática.

Para el panismo no es una decisión sencilla. Recordemos que en el 2018, el gobierno de Enrique Peña Nieto hizo todo lo posible por debilitar a Ricardo Anaya, entonces candidato presidencial, sujetándolo a investigaciones de la PGR. 

Además, una de las ofensivas legales más importantes contra el priismo es la que encabeza el gobernador Javier Corral, empañado en que su antecesor, César Duarte, sea extraditado de Estados Unidos para ser sometido a juicio por desvío de recursos que habrían sido para beneficiar las campañas de PRI. 

Pero más allá de enfrentamientos y de diferencias, el PAN y el PRI han sabido colaborar en el pasado y, junto con el PRD, impulsaron buena parte del entramado legal que significó la construcción de un sistema de partidos y el establecimiento de equilibrios al poder del presidente. 

Recordemos que mandatarios como Ernesto Zedillo (en la segunda parte de su administración), Vicente Fox, Felipe Calderón y Peña Nieto, requirieron de capacidad negociadora con el legislativo, de oficio y realismo político.

Esto no significó parálisis, pero sí implicó que ninguna fuerza política impusiera su visión y agenda.

La CNDH, el INE, el INAI, el Tribunal Electoral y múltiples organismos de control, no habrían sido posibles sin un acuerdo que propiciara la gobernabilidad y el cambio.

Sin duda en ese pasado reciente hubo errores muy grandes y que son los que explican la votación de 2018 y el amplio respaldo que recibió el presidente Andrés Manuel López Obrador y los partidos que lo acompañaron en la boleta.

La cita con las urnas en 2021 está abriendo la posibilidad de que la mayoría de Morena sea revertida y  en ello se empeñaran las oposiciones y en particular las que irán en coaliciones, aunque sean parciales. 

¿Se traiciona con ello el pasado y las convicciones? En modo alguno será así si se establece con claridad una agenda y esta se defiende en San Lázaro. Después de todo, mucho de lo que ahora está en riesgo, fue edificado por los tres partidos que se unirán.

Y, más aún, lo que está en el horizonte es precisamente la restauración de aquel régimen al que combatieron en el pasado, el del presidente todo poderoso y sin matices. 

Por lo pronto, el paso está dado y ello imprime un nivel de competencia más que interesante. La última palabra la tendrán los electores.

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