Por Luis Javier Álvarez Alfeirán*

Recientemente la industria turística nacional vistió sus mejores galas durante el exitoso Tianguis turístico de Acapulco 2019 que incrementó su participación con respecto al 2018, según datos de la Secretaría de Turismo, en 6% con un total de 47,378 citas de negocio y 1,344 compradores nacionales e internacionales.

El tianguis, mercado itinerante que se remonta hasta la época prehispánica, busca crear un encuentro entre vendedores y compradores. Está inmerso en nuestra cultura y tradiciones. La modernidad, con la vorágine de cambios tecnológicos, no ha podido, y quizás nunca lo hará, sustituir este encuentro entre personas, es decir; la posibilidad de entender de manera personal y directa –cara a cara–, a los verdaderos actores y motores del comercio turístico.

Durante el recorrido por los diversos espacios en los que los estados y destinos buscaban resaltar el valor de sus atractivos, no faltaron las muestras gastronómicas, elemento indispensable dentro de la oferta turística local; carne asada, cochinita pibil, mole, por mencionar sólo algunos, servían junto con la artesanía, tradiciones y cultura regional como anzuelo para captar la atención de los visitantes y tianguistas. Su sentido más profundo es que es, a través de este vínculo, como el ser humano es capaz de entenderse más allá de su actividad económica. La industria de la hospitalidad cobra su sentido último cuando es capaz de vincular los aspectos sociales, culturales y económicos con las personas y sus intereses.

El reconocido gastrónomo francés Jean Anthelme Brillat-Savarin, en su libro la “Fisiología del gusto” entiende el origen de la hospitalidad de esta manera cuando dice: “Las comidas, en el sentido que damos a esta palabra, han empezado con la segunda edad de la especie humana, es decir, desde el momento que dejó de alimentarse con frutas. La preparación y distribución de los manjares han necesitado la reunión en familia; los jefes distribuían a sus hijos los productos de la caza, y los hijos adultos hacían lo mismo con sus ancianos padres. Limitadas dichas reuniones primero entre parientes cercanos, se extendieron sucesivamente comprendiendo a vecinos y amigos. Más tarde, dilatándose el género humano, el viajero cansado tomaba parte de esas comidas primitivas y refería acontecimientos de lejanas comarcas. Así nació la hospitalidad”.

La oferta turística que se tiene hoy y que genera un industria millonaria y fundamental para el país aportando cerca del 9% del Producto Interno Bruto nacional no tiene otro origen, por tanto, que le que surge en el seno de las familias, de las comunidades y de sus tradiciones.

México es un mosaico espectacular de culturas y de gentes que, a lo largo de su historia se han vinculado con nuevas propuestas haciendo de nuestra cultura una de las más ricas en el mundo. Dentro de nuestro patrimonio encontramos por igual pirámides como iglesias, océanos y selvas, gastronomía y música. México es una nación en donde la persona, la hospitalidad, la fraternidad, la calidez, la picardía, la alegría, la música y los colores son tarjeta de presentación y atractivo turístico que no se alcanzan a mostrar en el espacio determinado de una feria sino sólo a través de ese vínculo social que es inherente a nuestra esencia como seres humanos y de manera especial y muy particular, como mexicanos.

*Director de Le Cordon Bleu Anáhuac

 

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