Por Máximo Santos Miranda*

Vivimos en una sociedad en la que se nos invita a consumir las 24 horas del día. Cuando uno da un paseo por la calle, las tiendas exponen sus ofertas y productos con los que intentan seducirnos para que entremos a comprarlos. Cuando leemos el periódico, vemos la televisión, nos conectamos a internet o escuchamos la radio somos constantemente bombardeados con anuncios que nos invitan a consumir. Incluso cuando entramos en una oficina bancaria se nos anima a solicitar créditos con los que poder pagar muchos de nuestros caprichos. Toda nuestra sociedad está orientada a animarnos a consumir cualquier tipo de bienes y servicios y este empuje a consumir que hasta ahora se venía haciendo de forma no selectiva y en masa, desde hace unos años se está volviendo mucho más refinado.

Gracias a la inteligencia artificial y el big data cada vez se nos están ofreciendo más productos que se adecuen más a nuestras necesidades, gustos e intereses específicos, lo que va a redundar, en la mayoría de los casos, en aumentar aún más nuestra inclinación al consumo.

Vivimos en sociedades de consumo en las que la importancia que se le otorga al ahorro cada vez es menor y, sin embargo, es un elemento crucial para poder desenvolvernos en la vida adulta. El hábito del ahorro debe inculcarse a los niños desde las primeras etapas de sus vidas, aunque en esas etapas los niños no sean muy conscientes de lo que significa y menos su utilidad.

Podemos definir el ahorro como aquella parte de nuestros ingresos que no destinamos al gasto. Es decir, con el ahorro se persigue reservar un porcentaje de nuestros ingresos a necesidades futuras y este dependerá de nuestros ingresos y de nuestra propensión a ahorrar. Principalmente ahorramos para poder realizar nuestros sueños sin necesidad de pedir créditos o bien para poder afrontar problemas futuros que requerirán de gastos extras. Ahorrar nos ayuda a prevenir futuras contingencias, pues la idea del ahorro es precisamente esa, intentar guardar para cuando haga falta. Es importante remarcar a los niños este mensaje, ya que si no se inculca desde la niñez cuando se alcance la vida adulta los jóvenes van a ser mucho más maleables por las continuas seducciones que nuestra sociedad ofrece al gasto desmedido. Por pequeño que sea el ahorro, el simple hecho de destinar mensualmente un porcentaje de nuestros ingresos al mismo genera un hábito que va a permitir lograr nuestras metas y contar con unos fondos que nos pueden ser muy necesarios para afrontar cualquier adversidad que nos depare la vida.

El consumir responsablemente en el presente y generar hábitos de ahorro nos evitará llevar una estructura de vida en la que gastemos más de los que ingresamos y no nos conducirá al sobreendeudamiento y al stress que genera el no estar seguro de poder pagar todo lo que se debe. Ahorrar nos permitirá vivir tranquilos y nos proporcionará seguridad e independencia financiera para cumplir metas y afrontar imprevistos. El hábito del ahorro debe convertirse en un estilo de vida que se debe inculcar por los padres a sus hijos, ya que es la única forma de que los futuros adultos no se conviertan en esclavos de sus deudas.

Los especialistas consideran que enseñar a los niños el hábito del ahorro debe ser un tema lúdico que se puede hacer desde la familia o desde las instituciones educativas y siempre se deberán utilizar palabras sencillas y conceptos claros. Inculcar el hábito del ahorro a los niños debe ser tan importante como enseñarles a cepillarse los dientes, ya que con ello gozarán en el futuro de una buena salud financiera.

Hay que hacer comprender a los niños que el dinero no es algo que nace de los árboles, sino que se obtiene a través del esfuerzo y del trabajo. Por esta razón es útil que los niños entiendan que el dinero que se les da los domingos no es una obligación de los padres, sino que es una recompensa por el cumplimiento de ciertos objetivos sencillos que se les marcan y que son alcanzables de acuerdo a su edad y contexto.

El ahorro enseñará a los pequeños a tener objetivos de compra como puede ser un juguete o un libro y su recompensa será la satisfacción de haberlos logrado gracias al ahorro. Finalmente, ahorrar significa tener paciencia para conseguir algo e inculcar esto a los niños se hace cada vez más difícil, ya que los niños cada vez tienen menos tolerancia a la espera y quieren todo de forma instantánea. Por esta razón resulta vital enseñar a los niños que el tener paciencia tiene sus recompensas y que van a poder conseguir en un tiempo razonable aquellos objetivos que anhelan.

*Doctor en Economía y experto en temas de banca, finanzas y hacienda.

 

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes México.

 

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