Al igual que como lo hizo el auto a principios del siglo XX, las bicicletas buscan hacerse de un espacio en la vía pública, y poco a poco lo están consiguiendo.

 

En 2012 se vendieron en todo el país poco más de un millón de bicicletas. Sin duda, una buena noticia  si se compara con la venta de autos nuevos que se realizó en suelo mexicano en ese mismo año: 987,747 unidades según datos de la Asociación Mexicana de la Industria Automotriz (AMIA).

Quizá sea el único año que la venta de bicicletas le gane a la de coches, pero si la cifra de venta de bicis logra ser sostenida en un millón en lo que resta de esta década será por sí misma un suceso de índole económica y no sólo social.

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Millones de personas están rodando en las metrópolis así como en las ciudades en crecimiento. ¿Por qué? Algunos motivados por una consciencia ecológica; otros como una alternativa y saludable forma de viajar rumbo a sus trabajos o escuelas; una buena cantidad por mera diversión o con objeto de recorrer el mundo de una manera diferente (y por supuesto eficiente). Hay quien dice que sólo es una moda. Por la salud de millones más nos vale que no sea así…

Una googleada con las palabras “ciclismo urbano” (así, entre comillas) arroja hoy día poco más de 868,000 resultados; hace dos años tan sólo este mismo ejercicio arrojaba poco más de unos 200,000 links que contenían específicamente estas dos palabras. Esto refleja no sólo la buena noticia de que la gente está aupándose a una bicicleta, sino que además quiere compartir su experiencia y contagiar a otros para que hagan lo mismo, que se den cuenta que no es peligroso ni mucho menos cosa de locos.

Algunos sociólogos y economistas ven el resurgimiento global del uso de las bicis como un fenómeno que cobra proporciones de revolución. ¿Será? Quién sabe, lo que sí es cierto es que al menos en el DF hay una importante modificación en cómo la gente se relaciona con la ciudad y me constan los casos en Mexicali, Monterrey, Guadalajara, Guanajuato, Oaxaca, Tuxtla Gutiérrez y Cancún donde está sucediendo lo mismo. Eso explica porqué se vendieron tantas como ningún otro año en el país.

Si se lee en redes sociales a los grupos bicicleteros, es patente que se comparte en todo el país la tensa relación con automovilistas y con choferes del transporte público de pasajeros y de carga. No hay día en que alguien no denuncie un abuso o un incidente.

Los que andamos en bici también tenemos derecho al espacio público; la gente a bordo de sus automotores se olvida de que el que viaja en dos ruedas es también un ciudadano que tiene una familia, un empleo, paga sus impuestos y, sobre todas las consideraciones: es un ser humano.

La bicicleta está de vuelta en una ola conformada por millones de personas en cientos de ciudades del orbe. Irónicamente, en todas partes está pasándole lo mismo que al automóvil a inicios del siglo XX: lucha por que se le dé su espacio en la vía pública. No dejemos de rodar.

 

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