Por Juan Fernández*

Recientemente escribí acerca de uno de los deseos póstumos de Warren Buffet -Grand Master entre los mejores inversionistas modernos, experto en la selección individual de acciones-, y que fue publicado en su tradicional carta anual a los accionistas de Berkshire Hathaway:

“Mi consejo para el ejecutor de mi testamento no podría ser más sencillo: Poner el 10% del efectivo en Bonos del Tesoro a corto plazo y el 90% restante en un fondo indizado al S&P 500 de muy bajo costo (sugiero los de Vanguard). Creo que los rendimientos a largo plazo bajo esta política serán superiores a los alcanzados por la mayoría de otros inversionistas, ya sean fondos de pensiones, instituciones o individuos, que a su vez emplean administradores profesionales de alto costo”.

Esta declaración seguramente puso de cabeza a más de un administrador profesional de fondos. El expense ratio del fondo Vanguard S&P 500 referido por Buffet es de tan solo 0.04% anual. Debe aclararse que dicho fondo es un ETF  -o Exchange-Traded Fund por sus siglas en inglés- administrado pasivamente, es decir, trata de replicar el rendimiento del S&P 500 mediante la compra ciega y proporcional de las acciones de las empresas que lo conforman, sin mediar análisis bursátil alguno… y cuando el costo promedio de administración de los fondos administrados activamente se sitúa alrededor del 1.6% anual, es decir, 40 veces más. Alguien razonablemente diría: “Bueno, sin duda cuesta mucho más invertir en un fondo administrado activamente pues su desempeño seguramente será muy superior al del mercado, ya que está administrado por profesionales expertos que tienen maestrías y doctorados, correcto?” Wrong. Durante 2016, solamente uno de cada tres fondos activos en Estados Unidos mostró un rendimiento superior al del S&P 500. Pero aun así suena que hay buenas posibilidades de ganarle al mercado, ¿No es así? Wrong again. Para los inversionistas de largo plazo (por ejemplo, los fondos de pensiones o las aseguradoras) la siguiente estadística es demoledora:

Durante los últimos 15 años, el 92% de los fondos administrados activamente no lograron generar rendimientos por encima de los mercados contra los que se mide su desempeño.

Esto simplemente significa que en tiempos recientes los administradores de fondos han ganado más dinero que sus propios inversionistas, siendo estos últimos los que han corrido los riesgos de mercado. Me recuerda a los volados que jugábamos de niños: “Si cae águila, gano; si cae sol, pierdes”.

Esto tiene a muchos inversionistas furiosos. El propio Buffet escribió a sus inversionistas en 2016: “Cuando trillones de dólares son manejados por Wall Street cobrando comisiones elevadas, generalmente serán los ejecutivos quienes cosechen ganancias desmesuradas, no los clientes”.

Esta desmesura con la que los fondos de cobertura (hedge funds) cobran comisiones a sus clientes tiene sus orígenes en la fórmula “2 y 20” iniciada por el legendario KKR hace varias décadas, es decir: Cobrar el 2% del total de los activos como honorarios por administración, y también cobrar el 20% de las ganancias que se obtengan (Fun fact: Esta fórmula no tiene nada de sofisticado, y según lo cuenta Henry Kravis -socio fundador de KKR y pionero de la industria de hedge funds- tiene su origen en el negocio petrolero en Oklahoma y Texas, en donde comúnmente el operador invertía el equivalente al 25% del costo del pozo y ofrecía al inversionista del 75% restante tan sólo dos tercios de las ganancias, quedándose así el operador con un tercio de la utilidad a cambio de solamente una cuarta parte de la inversión. Kravis simplemente redondeó este 25% a 20% cuando arrancó KKR).

Esta combinación de altos gastos, en un entorno de rendimientos pobres, han diezmado a la industria de administradores profesionales de fondos: Solamente en 2016, los inversionistas redimieron (retiraron) 199 billones de dólares de fondos activos de largo plazo, provocando el cierre y liquidación de 1,057 fondos en el año.

Por el contrario, durante 2016 los ETFs crecieron el valor de sus activos en 423 billones de dólares, reflejando el mindset de los inversionistas que están cansados de pagar por ver. Sin embargo, el crecimiento acelerado de los ETFs y la inversión pasiva en su conjunto representa un nuevo paradigma que tiene preocupados a muchos economistas y observadores del mercado, existiendo un complejo debate acerca de este tema. Ya hablaremos de esto en una entrega próxima.

*Juan Fernández es CFO de Engenium Capital

 

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes México.

 

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