Por María Guadalupe Sandoval Meza

Ella ha hecho historia en el boxeo femenil mexicano, a principios del año se convirtió en la primera peleadora en coronarse en tres distintas divisiones: el título Gallo y Mosca del Consejo Mundial (CMB) de Boxeo, así como el Supermosca de la Asociación Internacional de Boxeo Femenil (IBFA).

En su haber se cuentan 45 victorias, cuatro empates y nueve derrotas, una de ellas —la peor—, literalmente la hizo tocar la lona.

Fue en 2013 frente a la japonesa Riyo Togo. “Perdí en el primer round. Desde antes no estaba bien, pero tuve que subir al ring y enfrentar las cosas, aunque no creí que me fuera tan mal. Jamás me habían tumbado, no fue realmente que me haya desconectado, pero finalmente toqué la lona y no pude seguir peleando. Es muy difícil cuando algo así te pasa en el boxeo”, recuerda Mariana ‘La Barbie’ Juárez.

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Cuando tocamos la lona

Durante una entrevista televisiva el mismo día de la pelea, Mariana no supo qué decir, pidió una disculpa. Luego llegó a casa a dormir y a preguntarse por qué le había pasado eso, “¿cómo iba a volver a dar la cara a su gente?”, se preguntó.

El fracaso es un sentimiento que a todos los seres humanos nos afecta de manera distinta, pero es cierto que el género femenino suele autocastigarse y juzgarse duramente cuando falla en alguno de los tantos roles que tiene que cumplir como auténtica mujer maravilla del siglo XXI.

Ser buenas esposas, madres, hijas, hermanas o trabajadoras no solo se vuelve complicado, sino un reto agotador. De acuerdo con el Instituto Nacional de las Mujeres (Inmujeres), 4 de cada 10 mujeres mexicanas participan en el mercado laboral y, según reportes del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), 98% de ellas combina su trabajo con los quehaceres domésticos. Y, solo por añadir otro dato interesante: la Organización Mundial de la Salud (OMS) señaló el año pasado que México es el país con mayor estrés laboral.

Y si a la autoimposición de ser mujeres maravilla le sumamos que existe una predisposición biológica al estrés –según la UNAM en el marco de la Semana Mundial del Cerebro–, es como si, paradójicamente, nosotras mismas creáramos batallas que casi nunca estamos dispuestas a perder.

 

Pido la revancha

Mariana ‘La Barbie’ Juárez ya había tenido tiempo de recapitular su derrota y, como toda mujer que toma al toro por los cuernos, le dijo a su promotor: “Pido la revancha”, a lo cual él se negó, pero la respuesta de ella fue tajante: “Quiero la revancha directa, si no, no vuelvo a pelear”.

Muchos le preguntaron a la boxeadora si no tenía miedo de pararse frente a Riyo Togo una vez más, después de todo, no había durado más de un round y se veía que la japonesa pegaba duro. Luego de un entrenamiento riguroso, ella estaba lista para volver al ring. Simplemente ese día había sido un buen día para ella y uno malo para mí, se dijo muy convencida.

Con la arena repleta, Mariana ejecutó una pelea de mucha inteligencia sobre el ring. “Le puse una golpiza del primer al décimo round, cuando todos me decían ¡ya ganaste, ya no te arriesgues! Me paré al tú por tú al intercambio de golpes y le di más adrenalina a la gente. La chica quedó muy golpeada, no la pude noquear, terminó de pie y por eso tiene mi respeto. La gente quedó fascinada”.

Gracias a su fuerza de voluntad y a un arduo trabajo, la campeona reclamó su lugar en la cima. La planeación de una estrategia y la confianza en sí misma la ayudaron a demostrar que ella era mejor que una barbie rota, era un ave fénix que levantaba el vuelo.

 

Aprendiendo a administrar nuestras batallas

Para Alejandro de los Ríos, coach en alto rendimiento y psicoterapeuta, el fracaso está alineado a las expectativas que nos generamos o que nos generan los demás.

“Cuando esas expectativas no se cumplen, la autopercepción que acompaña esta situación puede ser de fracaso. Y, al ser una autopercepción, se trata de un proceso cognitivo que podemos modificar”, explica.

En otras palabras, es más fácil de lo que parece autolevantarnos el castigo. La invitación es hacerlo a través de estos consejos:

 

  • Reenfocar lo que estás viviendo: un fracaso se puede convertir en un área de oportunidad en la que puedes trabajar.
  • Generar una apreciación positiva de ti y de la experiencia: qué puedo aprender de lo que viví. “Si es la primera vez que me pasa, seguramente más adelante me irá mejor”.
  • Evitar juicios de valor negativos de la experiencia, o de mí: estos normalmente nos pegan en el autoestima y la confianza. Olvídate de los diálogos tóxicos “¡Qué tonta!, ¡Odio hacerlo! “.

El perfeccionismo como objetivo en lo que hacemos a diario trae consigo demasiada presión (estar pendiente del mínimo detalle); insatisfacción (a pesar de tener un buen resultado, no lo disfrutas porque se trata de un deber); y frustración (si no salen las cosas bien, te molestas).

En opinión del coach, cuando nos enfocamos en buscar equilibrio en lo que hacemos y en las decisiones que tomamos, la vida se vuelve más llevadera, más gentil y más disfrutable. Por tal motivo, su consejo es cambiar el enfoque.

Es necesario aprender a controlar lo controlable, a administrar las batallas y los retos que queremos enfrentar. En ese sentido, Stephen Covey habla de dos conceptos:

  • Circulo de la influencia: aquellas cosas en las que incides directamente y en las que puedes trabajar (tus resultados laborales, la interacción que tengo con alguien, mi economía, etcétera).
  • Circulo de la preocupación: aquellas cosas en las que no tienes injerencia y que, además, te desgastan (el lanzamiento de un proyecto que no dependa de ti, la situación económica del país, el clima y lo que piensas los demás).

Tratar de controlarlo todo a tu alrededor no solo te traerá estrés, sino que evitará que seas eficiente en tus tareas cotidianas. Para evitarlo, es vital trabajar en la autorrealización personal que parte de las preguntas: ¿qué es lo que quiero?, ¿cómo lo quiero?, ¿para que lo quiero y en cuánto tiempo lo quiero hacer?, afirma el coach.

Si quieres una casa propia a los 45 años, ahorra, contrata el crédito hipotecario que más te convenga para conseguir ese patrimonio que te de tranquilidad. Si quieres estudiar una maestría, busca becas y el apoyo que requieras para conseguirlo.

Cuando cumplimos aquellos objetivos que trazamos desde la autorrealización, incrementamos nuestra confianza, seguridad y capacidad creativa.

Como indica el especialista, es importante no estar tanto en los “debos” y en los “tengos”, sino en los “elijos”, pues al elegir lo que hacemos tomamos una decisión que nos da independencia y autonomía. En cambio, los “debos” muchas veces son impuestos, nos limitan o nos mueven desde el fastidio o la apatía.

Ser mujer en la actualidad no es fácil, pero tampoco debería ser tan difícil. Todas tenemos el derecho de tocar la lona, pero sobre todo de aprender y disfrutar el camino que nos lleve a presenciar de nuevo nuestra victoria en primera fila.

 

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