El país, en el año 2019, será muy distinto a lo que era México cuando inició esta administración, y el gobernar este nuevo país durante los siguientes seis años será un reto fuera de lo común. Más allá de lo tradicional, innegablemente, el proceso de la autorización, reglamentación y la parcial implementación de las reformas, aunado a los factores sociales, generacionales y geopolíticos, le darán al próximo gobierno retos muy grandes, se va a necesitar una visión nada tradicional para enfrentar la gobernabilidad de nuestro México.

Y ante esta situación, hoy, se encuentran los partidos políticos. Después del Pacto por México y sus consecuencias políticas, estamos viendo que se han roto las tradicionales líneas de unión y disciplina en los partidos y sus miembros.

Vemos que en todos los partidos hay grandes diferencias, nada los une, todos sus miembros están tratando de zafarse de los ritos y tradiciones de la política; la presión de las nuevas reglas de gobierno, los sistemas anticorrupción, y, sobre todo, las luchas internas generadas por el pleito generacional y las nuevas exigencias sociales, están cambiando la configuración de los partidos; inclusive, la aparición del fenómeno de los independientes está cambiando la relación de los partidos con la sociedad.

Todos se pelean, unos gritan “regrésenme las reglas”, y otros dicen “tírenlas a la basura”. Los partidos enfrentan, por primera vez, el resultado de la alineación de las fechas electorales, tienen que escoger una gran cantidad de candidatos y hay guerras internas por los favoritismos o por la falta de cuadros políticos, nunca había pasado; el país estará en un total proceso de elección.

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Vemos que, por ejemplo, el PRI, a pesar de haber eliminado los candados, se queda con movimientos intestinos que enfrenta a las generaciones tradicionales con las nuevas visiones de la política. En el PAN, hay una guerra total, se ven tres bandos fuertes: Moreno Valle, por una parte, Margarita, por la otra, y, ahora, un nuevo grupo de ex funcionarios donde esta Luis Ernesto Derbez, Ernesto Ruffo Appel y Juan Carlos Romero Hicks, pelean por la candidatura. Por su parte, el PRD, por un lado, lucha por una alianza con el PAN y por la otro enfrenta la fuga de militantes radicales a la izquierda de Morena. Movimiento Ciudadano anuncia que van solos a enfrentar el proceso electoral, lo que abre un espacio a los independientes y a los candidatos fuertes de las posibles no alianzas o a los perdedores de los procesos internos de otros partidos. Morena no tiene dudas, ya está definido bajo las típicas prácticas del sistema y del PRI de principios del siglo pasado. El partido Verde también tiene que enfrentar una gran definición, siendo un espejo de lo que pase con el pleito interno del PRI entre nuevas y viejas generaciones.

Nunca en el país habíamos visto a tantos aspirantes a la candidatura presidencial, entre los oficiales, los interesados y los independientes existe una larga lista, lo curioso es que no hay tantos lugares en los partidos. ¿Qué pasará con los que no alcancen posición? ¿y qué impacto tendrá esto en la futura gobernabilidad del periodo 2018-2024?

El otro efecto curioso de este reacomodo es que Morena se coloca como el partido de izquierda más radical, le sigue el PRD, que, ante este efecto, le da la oportunidad de soltar todos los radicalismos internos para, posiblemente, convertirse en lo que han tratado de vender: una izquierda más moderna, una verdadera tercera vía; el problema es que el costo es terrible: la posible pérdida del gobierno de la Ciudad de México, quedándose con los gobiernos de los estados con más problemas y más retraso económico, político y social.

El PRI deberá de definir su posición en el centro de la geometría política, el dilema será si siguen en el centro-derecha o viran un poco hacia la izquierda, esto será posiblemente en función de quién sea el candidato y si en esta selección aún pudiera haber una desbandada de militantes como saldo de la presión ejercida en la última Asamblea por los candados.

El PAN tiene muy claro su lugar en la geometría política, pero la lucha interna los hace ver ideológicamente indefinidos, si no se logra hacer la alianza con el PRD, van a tener redefinirse en una derecha más moderna, no pueden seguir viviendo del viejo discurso de “todo está en crisis y nosotros gobernábamos mejor” porque los nuevos electores ya no entienden esos argumentos.

Los demás partidos, con el resultado de las elecciones, se convierten en partidos satélites acompañantes al mejor postor, sumado a lo que termine resultando de en qué posiciones queden algunos de los independientes.

Todos estos movimientos le darán al país y al sistema político una nueva alineación que posiblemente pueda significar un avance en el desarrollo político del país y de nuestro sistema democrático. La mala noticia es que todavía tendremos que ver y esperar un drama electoral con mucho ruido y escándalos que nos nubla la vista a lo que estará pasando en 20 meses.

 

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