La política de hacerse a un lado

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El problema más importante no está en el clima de protesta social, sino en la autoridad y los políticos, que en su lógica de hacerse a un lado cometen uno de los actos más repudiables, que es evadir la responsabilidad que viene con el ejercicio del poder.

 

 

Los acontecimientos de las últimas seis semanas en México, pero en realidad los de la historia reciente, han hecho evidente un problema que lacera el espacio político y es uno de los aspectos más relevantes que construyen una amenaza a la viabilidad del sistema como tal. Los actores políticos han dominado la capacidad de hacerse a un lado ante cualquier condición que implique responsabilidad directa o indirecta, lo que tiende a agravar las problemáticas que a ellos les toca resolver.

Ganar un cargo público por una elección popular, o ser designados por aquellos que lo hacen, implica responsabilidad. No únicamente en términos legales, como la mayor parte de los actores políticos la entienden en su perspectiva limitada, sino como una condición que refleja la esencia del ejercicio de la toma de decisiones con recursos que son de todos.

No son escasas las declaraciones de autoridades que evaden responsabilidad porque “sus atribuciones” no les permiten tomar acción. Hay muchas calles en diversas ciudades del país donde no pueden pavimentarse, o los baches no pueden arreglarse, simplemente porque las autoridades juegan voleibol con la responsabilidad de actuar.

Menos lo son las omisiones de muchas autoridades que, esperando que alguien más asuma la “atribución” que les corresponde, resuelvan las problemáticas que se presentan, argumentando tecnicismos legales, o a veces ni eso. Cuando las autoridades estatales esperan que la federación asuma el control de conflictos en sus entidades, o cuando ésta no interviene porque la acción corresponde a las primeras, se construyen condiciones de omisión que alimentan el crecimiento de los problemas en cuestión.

Más aún cuando la autoridad, de cualquier orden, construye condiciones en que abusa del poder conferido, evadiendo responsabilidad legal porque la ley está mal construida o no impone límites efectivos. No son pocos los casos que hemos visto recientemente es que las autoridades realizan actos legales, que resultan en conflicto de interés o aspectos extralegales que terminan siendo base de delitos de terceros, pero que en el origen se basaron en “atribuciones” formales, aunque no necesariamente responsables.

Buena parte del clima de protesta social que hoy vemos es reflejo de esa condición en que la autoridad o los actores políticos han aprendido a “hacerse a un lado”. Las consecuencias de ello han sido catastróficas en todos los sentidos de la palabra, pero lo peor es que hemos aprendido a vivir con eso. Basta con hacer un poco de benchmarking con otros países, para ver que con la menor sospecha de responsabilidad de una autoridad, la consecuencia más básica es la renuncia inmediata, sin mencionar la posible acción de la autoridad judicial. En México no es así, pues nuestros políticos se hacen a un lado evadiendo responsabilidad o aguantando la presión, esperando que todo se olvide.

El problema más importante no es esa protesta, pues es legítima como condición de ciudadanía, sino la irresponsabilidad de la autoridad para no asumir y entender las causas de la misma, así como las condiciones en que se realiza. En este caso el problema no está en la ciudadanía, sino en la autoridad y los políticos, que en su lógica de hacerse a un lado, cometen, por acción u omisión, uno de los actos más repudiables, incluso para los clásicos del pensamiento político, que es evadir la responsabilidad que viene con el ejercicio del poder.

 

 

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