Por Armando Ortega*

Se acaba de anunciar la conclusión de la negociación bilateral entre EU y Canadá, lo que termina la prolongada incertidumbre de no contar con un acuerdo trilateral para renovar el TLCAN, desde ayer rebautizado con el feo acrónimo de USMCA. Es una noticia que debe celebrarse con ecuanimidad, más allá de que algunos de los cambios que han trascendido, alteran el espíritu original del TLCAN al haber áreas y/o productos con comercio administrado en lugar de libre comercio (por ejemplo: los cupos a los vehículos de Canadá y México arriba de los cuales se pagaría el arancel del 25%), o aspectos que rompen la simetría de instrumentos de este tipo.

México y Canadá han realizado un cuidadoso ejercicio de control de daños, ante la agresiva postura original de EU de terminación expedita del acuerdo, la posterior incorporación de diversas cláusulas tóxicas durante el proceso de renegociación y la diluida posición final presente destacadamente en las reglas de origen automotriz sesgadas en su favor, pero todavía digeribles para el sector de la región. Ambos países aguantaron amenazas, insultos directos, estrategias de división entre ellos y mantuvieron el temple para tomar medidas de represalia estrictamente proporcional ante las acciones comerciales unilaterales más flagrantes del gobierno estadounidense. Frente a las propuestas más tóxicas, tuvieron la sensatez de ofrecer una solución creativa: la cláusula sunset que ya no se revisará cada 5 años; la de manipulación de los tipos de cambio que quedó descafeinada; las ventanas estacionales en agricultura que se retiraron de la mesa, etc.

Todo el proceso de renegociación se llevó sin respetarse por parte de EU la regla de oro no escrita de “stand-still”: no imponer ninguna medida contra las contrapartes que más tarde se querrían “vender” como concesiones graciosas.

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México y Canadá supieron calcular el costo de dar concesiones políticamente costosas pero justificadas ante el objetivo mayor de defender el acuerdo y modernizarlo: el tema del salario como “driver” de un porcentaje para conferir origen automotriz, en el caso de México; o la apertura del mercado de lácteos a las exportaciones estadounidenses por Canadá. Y así otras, pero sin rendirse en concesiones absurdas (la eliminación del Capítulo 19 para medidas antidumping y antisubsidios) o aceptar trastocar la trilateralidad del TLCAN y tomar caminos bilaterales individuales.

El resultado final, objeto de revisión legal y sujeto a aprobación de los Congresos, es francamente alentador. EL USMCA se enriquece con capítulos novedosos (anticorrupción, temas laborales “con dientes”, comercio digital); temas actualizados (facilitación comercial, armonización de medidas sanitarias y fitosanitarias) y la preservación de los mecanismos de solución de diferencias con revisiones ya necesarias.

Enhorabuena, México y Canadá, good job.

*Presidente de la Cámara de Comercio de Canadá en México

 

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Twitter: @Armando60Ortega

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes México.

 

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