Por Máximo Santos Miranda* 

En este momento, el mundo se encuentra en un momento muy interesante en lo que a de las formas de trabajar se refiere, ya que conviven, por un lado, prácticas laborales que se vienen desarrollando en los últimos dos siglos y que han venido siendo el resultado de los procesos que la revolución industrial trajo consigo, junto con unos patrones de organización del trabajo que son totalmente nuevos y que podemos asociar a la cuarta revolución industrial. Mientras que el primer modelo de organización del trabajo, que podemos caracterizar como jerarquizado y con numerosas cadenas de mando, ha sido consecuencia de un proceso evolutivo que se ha ido conformando de forma muy lenta, el segundo modelo que se está abriendo paso en estos momentos lo está haciendo de forma acelerada. 

De esta forma, en la actualidad conviven dos formas de concebir las relaciones laborales. Por una parte, aquellas que siguen modelos de gestión que podemos calificar como tradicionales y que son los propios de compañías que podemos tildar de consolidadas. Por otra parte, están irrumpiendo en el mercado, con mucha fuerza, nuevas formas de trabajar que apoyadas en las nuevas tecnologías están redefiniendo los tradicionales modelos de trabajo y es que la tecnología está revolucionando nuestra capacidad de interactuar con otros trabajadores. 

La tecnología nos permite realizar nuestras tareas de una forma completamente diferente a como se venían realizando tradicionalmente. Hoy en día se pueden recibir y enviar correos electrónicos desde cualquier lugar y, por supuesto, desde el propio hogar, y al mismo tiempo podemos participar a través de la videoconferencia en reuniones con personas que se encuentren en cualquier parte del mundo. Igualmente podemos acceder y compartir la documentación de nuestra “oficina” sin estar físicamente en ella y de igual modo podemos estar al día de los últimos avances que se produzcan en nuestro campo profesional sin tener que asistir a reuniones presenciales o conferencias interminables. 

Ante todo esto, las empresas que hemos tildado como consolidadas están adoptando básicamente dos tipos de estrategias; o bien continúan trabajando como lo venían haciendo como si nada estuviera sucediendo, o bien están intentando adaptarse apresuradamente a las nuevas formas de trabajar que las nacientes compañías tecnológicas están imponiendo aceleradamente.

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En el caso de que no se aborden los cambios que los nuevos modelos de organizar el trabajo están impulsando, las empresas “consolidadas” están corriendo un enorme riesgo y que no es otro que el quedarse rezagadas en la carrera por atraer y retener en la plantilla a los trabajadores más preparados. Unos empleados que se irán de la empresa, en muchos casos desmotivados o personalmente insatisfechos, a otras empresas de la competencia que son mucho más productivas y que se han adaptado o han nacido al amparo de las nuevas formas de organizar el trabajo.

Retener y atraer el talento siempre ha sido una de las mayores prioridades para cualquier empresa. Sin embargo, esto es hoy en día y será aún mucho más importante en el futuro. La robotización y la inteligencia artificial irán desempeñando cada vez más tareas que son susceptibles de automatización y que podemos calificar como repetitivas y generadoras de un escaso valor añadido a la empresa. Cualquier empresa podrá adquirir esos robots o esos programas informáticos. Lo que marcará el éxito o el fracaso de las empresas será el desarrollo y desempeño de las tareas no automatizables y es en estas facetas donde contar con el mejor y mayor talento del mercado será clave para triunfar como empresa o simplemente para no desaparecer. 

Es cierto, que muchas personas y empresas, a pesar de ser conscientes de que se puede trabajar de otra forma, siguen siendo esclavas de toda una serie de rutinas que fueron establecidas por generaciones de trabajadores y de modelos de trabajar que durante mucho tiempo han funcionado. El modelo jerárquico y con muchas cadenas de mando en el que se tiene un horario fijo y en el que sus empleados aspiran a permanecer en él toda la vida, ya que les proporciona un cierto grado de seguridad económica, es un modelo laboral al que se abrazan muchas empresas y trabajadores. Sin embargo, este modelo es visto cada vez por más capas de la sociedad como poco productivo, escasamente satisfactorio para el empleado y poco eficaz para la empresa. 

Tenemos que tener en cuenta que hoy en día existe toda una generación de jóvenes que como jóvenes que son se incorporan con fuerza al mercado laboral y que no conciben que exista un mundo sin internet. Esta generación siempre ha conocido internet y asumen como lógico que pueden comunicarse con el resto de las personas con independencia del lugar donde se encuentren y en todo momento. Para estos jóvenes se hace difícil entender el modelo laboral basado en el “presencialismo” que ha sido heredado de las generaciones anteriores. Pero sobre todo, lo que más valoran estos jóvenes es su libertad personal y el estar atado a un despacho en el que se tiene que ir a trabajar todos los días con un horario fijo y predeterminado es algo que difícilmente encaja en un mundo tan interconectado como en el que siempre han vivido.

 

Contacto:

LinkedIn: Máximo Santos Miranda Ph.D.

 

*El autor es Doctor en Economía y experto en temas de banca, finanzas y hacienda.

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes México.

 

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