Invertir en las mujeres nos permite acercarnos al gran mercado que conforman y acceder a sus capacidades de liderazgo e innovación.

 

Mejorar el desempeño de las empresas implica quitar las barreras que limitan el crecimiento. Para lograrlo, identifiquemos no sólo las más evidentes, sino aquellas que no son tan obvias. Ya hemos expuesto la importancia de incluir a las mujeres en los negocios para aprovechar todas las fuentes de talento, detectar nuevos mercados y aumentar las ganancias. Sin embargo, para obtener los resultados debemos impulsar una transformación de fondo. Por ello, ahora quisiera hablar de barreras poco visibles que limitan el desarrollo profesional de las mujeres, y perjudican a las empresas que buscan aprovechar el potencial que representan.

Invertir en las mujeres nos permite acercarnos al gran mercado que conforman y acceder a sus capacidades de liderazgo e innovación. Quienes buscan aprovechar esta oportunidad a menudo lo anuncian con bombo y platillos y hacen un listado de buenas intenciones. Al final, muchas empresas se conforman con cambiar la fachada, mientras que dentro existen problemas de fondo: discriminación, machismo y prejuicios culturales. El apego a los roles tradicionales de género que afectan negativamente a las mujeres también impacta en el mercado laboral y en las empresas. Para entenderlo mejor, la Fundación Angélica Fuentes desarrolló un estudio cualitativo para explorar la visión que existe en la sociedad sobre los roles de género, así como analizar las reacciones y respuestas ante planteamientos relacionados. Se llevaron a cabo 22 grupos de enfoque en ocho ciudades del Centro, Norte y Sureste del país.

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De los hallazgos más reveladores es que existen diferencias significativas entre lo que las personas dicen, siguiendo un discurso políticamente correcto, y cómo actúan en su vida profesional y personal. En la superficie, muchas personas expresan estar en contra de las formas más evidentes de desigualdad. Pero en el fondo existen prejuicios y barreras, quizá más difíciles de percibir, que influencian sus comportamientos y ocasionan conductas discriminatorias hacia las mujeres. Es común escuchar frases como: “Hombres y mujeres somos iguales, con las mismas habilidades y derechos.” Pero en la conversación surgieron palabras muy diferentes: “Los hombres ya nos dejan trabajar.” Ese “nos dejan”, como si fuera una concesión, revela lo lejos que estamos de la verdadera equidad. De la misma forma, en la superficie tanto hombres como mujeres perciben una igualdad de oportunidades para trabajar. Sin embargo, en el fondo se asoma un discurso sexista y actitudes machistas: “Si ella quiere trabajar, que lo haga… es su decisión a qué le da prioridad en la vida.” Estas contradicciones tienen un impacto en la participación de las mujeres en el mundo laboral. Para muchas, trabajar es sólo para complementar el ingreso familiar y no una manera de crecer o desarrollarse íntegramente. Una proporción significativa de las mujeres todavía considera que ser madre es una realización personal a la cual el trabajo se contrapone. Por otro lado se enfrentan a una falta de políticas corporativas inclusivas tales como horarios flexibles y servicios de guarderías de calidad que les impide alcanzar un balance. El resultado para ellas es la creencia de que no pueden reconciliar exitosamente su vida personal y profesional, mientras que para la economía esto significa perder la mitad del capital humano y un alto potencial de talento, innovación y creatividad. La buena noticia es que como empresarios tenemos la capacidad de revertir esta situación.

Para contribuir a un cambio de fondo, desde el sector privado debemos estar conscientes de la existencia de los problemas que no están a la vista para poder construir las estrategias que los resuelvan. Debemos tener la habilidad de identificar los comportamientos discriminatorios y los prejuicios culturales, porque sólo así podremos generar políticas que transformen las mentalidades. Sólo así quitaremos las barreras a las mujeres en el mundo laboral y les daremos las herramientas para ser más que trabajadoras de medio tiempo, mucho más que simples “complementos”: ser el motor y el impulso de nuestro crecimiento.

 

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Twitter: @angelicafuentes

 

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