Como pocos procesos, el de industrialización ha sido trascendental en el desarrollo económico y social del país. En gran medida, el paso que hemos dado de ser un país fundamentalmente agrícola de principios del siglo pasado a un país urbano en el siglo XXI no puede explicarse más que por la consolidación del proceso de industrialización del país. De igual manera, la aportación de este proceso ha tenido que ver con la prosperidad económica, la generación de empleos y, muy destacadamente, con el crecimiento de la productividad y los salarios haciendo un uso más eficiente tanto del capital como del trabajo.

Lejos de ser un proceso con una estrategia absolutamente intencional o completamente emergente, el proceso de industrialización ha sido una fuerza resultante de la interacción de estos dos vectores que a veces empujan -hasta cierto punto- en direcciones que pueden ser opuestas. Así, el proceso de industrialización no ha sido conducido en su totalidad por la intervención del estado en la economía, sino que el proceso mexicano ha contado con la participación de diversos actores como lo son la propia política industrial del gobierno, las circunstancias y entorno externo, el advenimiento de la tecnología, además de en forma muy destacada por la participación de instituciones como los organismos empresariales que han facilitado la adaptación y evolución de la industria a las cambiantes condiciones del entorno.

Sin duda, ha habido diferentes etapas en el proceso de industrialización de México, impulsadas por diferentes circunstancias. En cierta forma el proceso -además de ser continuo y resiliente- ha sabido adaptarse al entorno y a las circunstancias para ser una fuerza transformadora de la economía. En este sentido, tuvimos un proceso muy importante impulsado por el ciclo de expansión de la segunda guerra mundial y, en particular, por el hecho de que nos convertimos en un país aliado y proveedor de los Estados Unidos durante este periodo bélico mundial. Esta expansión de la economía de nuestro vecino fue la que detonó de forma destacada la prosperidad de nuestra industria en esa etapa, así como una modernización que dio como resultados una etapa de crecimiento económico muy importante. Después vendrían otras etapas importantes de expansión como lo fue el crecimiento de la industria ligado a la sustitución de importaciones que impulsó el surgimiento de una industria nacional enfocada principalmente en el mercado interno y que era el motor fundamental del crecimiento económico hasta mediados de los años sesenta. Este periodo de expansión se caracterizó por una industrialización acelerada con un énfasis importante en las llamadas “políticas industriales” que subsidiaban o favorecían determinadas industrias, hasta que la misma protección y el hecho de estar cerrados al comercio exterior empezaron a ser restricciones importantes para el mismo crecimiento económico. A partir de los setenta entraríamos en un periodo de transición del que surgiría un proceso de crecimiento importante de la industria petrolera que creó una industria nacional que nos llevó a ser el cuarto exportador mundial de crudo. Y ya más hacia mediados de los ochenta tendríamos un proceso muy particular caracterizado por la apertura comercial, que se dio en dos etapas. La primera caracterizada por la entrada de nuestro país al GATT y la segunda por la inserción estratégica de nuestro país a la economía global -en un principio con la firma del TLCAN- y, en una segunda etapa, con una profundización en la apertura comercial que ha llevado a nuestro país a ser uno de los países más abiertos del mundo al comercio exterior. En esta etapa hemos vivido una industrialización impulsada por la creación de cadenas globales de suministro, redescubrimiento de ventajas comparativas y competitivas, así como el crecimiento de enclaves destacadísimos como lo son el automotriz, electrónico, aeronáutico e incluso el de la industria del software.

Y el proceso de industrialización está vivo y en constante cambio. Hoy en día a nivel global se enfrenta a retos muy importantes que rompen muchos de los paradigmas con los que en los últimos años hemos construido la industria que hoy tenemos. La famosa industry 4.0 que engloba la automatización, la digitalización e intercambio de datos y el uso de Internet de las Cosas, así como la incorporación más intensiva de robots e Inteligencia Artificial, hacen replantearnos el mundo industrial como lo hemos conocido hasta ahora. Aún así, el proceso mismo de capacitación y aprendizaje también sigue presentando retos muy importantes para mantener niveles de productividad de la mano de obra en el contexto de todos estos cambios. Y qué decir de la innovación y los modelos de negocio.

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Todo esto requerirá de la participación de organismos que han estado a la altura y han acompañado al país y su proceso en estos últimos 100 años. Estar a la altura de los cambios del entorno y el advenimiento de nuevas tecnologías necesariamente requerirá la participación de los organismos e instituciones en el diseño y reinvención del futuro industrial de México que se traduzcan en innovación, nuevos modelos de negocio, creatividad y procesos industriales, así como incrementos sostenidos en la productividad. Un nuevo siglo de reinvención y cambio para la Concamin.

 

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