La meditación no sólo le trae paz y abundancia a una persona en su entorno individual y familiar, sino que impulsa la productividad en su trabajo. Incluso, empresas alrededor del mundo están incorporando espacios, tiempo y hasta incentivos para que los colaboradores la practiquen, por-que esta técnica, procedente de Oriente, les ofrece múltiples beneficios. Sin embargo, las compañías mexicanas se están quedando atrás en incorporar éstas y otras actividades para el desarrollo personal profundo de sus ejecutivos y empleados.

Los directivos de Nike, Microsoft, Oracle, Amazon, AON, Cisco, Accenture, Patagonia y muchas más firmas están recurriendo a la meditación para disminuir los niveles de estrés y ausentismo, e impulsar la creatividad, la comunicación, la eficiencia e, incluso, los niveles de salud entre sus colaboradores. Ellos saben que la productividad de las empresas no sólo depende del nivel de conocimientos técnicos de las personas, sino también del autoconocimiento.

En el pasado, se concebía a esta práctica como algo que únicamente los grandes yoguis o gurús podían practicar, o algo que era propio de religiones como el budismo; incluso, muchos la veían como aburrida o una pérdida de tiempo, o que era cosa de hippies.

Hoy, se aprecia como todo lo contrario: la meditación llegó para quedarse. Algunos la llaman mindfulness, pero en realidad sigue siendo meditación. Recientemente platicaba con Benjamín Godínez, director de Educare, una institución educativa muy vanguardista de Guadalajara, que introdujo la meditación como una clase regular en todos los niveles escolares. Ellos han alcanzado grandes resultados en ayudar a los alumnos a conocerse mejor, autogestionar sus emociones, enfocarse mejor en clases y disminuir el bullying. Esto, también se aprecia en los adultos.

En lo personal, desde que práctico meditación dos veces al día, 15 minutos en la mañana y 15 minutos en la noche, paso mi jornada con mayor energía, más enfocado, más consciente de mis emociones, genero mejores ideas, tengo conversaciones más profundas con los demás, busco el lado positivo a las situaciones complejas y hasta me siento más conectado con Dios. Por las noches, duermo más profundamente y descanso mejor.

Algunos neurocientíficos han hecho estudios con aquellos que meditan y han descubierto que la meditación provoca un agrandamiento de las zonas del cerebro dedicadas a la autopercepción y comunicación, mientras que las zonas dedicadas al miedo se hacen más pequeñas.

Otros estudios indican que, cuando se incorpora la meditación a los espacios laborales, disminuye el ausentismo producto de enfermedades, ya que ésta estimula el sistema inmunológico y disminuye la inflamación interna.

Los ejecutivos han cometido el error de separar del mundo laboral todo lo que suene a espiritualidad, cuando ésta es algo intrínseco a la vida del ser humano. No podemos cumplir con nuestra vida laboral de manera que estemos incompletos.

La meditación también tiene que ver con atender las causas de nuestro espíritu. Cuando comencé a meditar, acostumbraba a preguntarle a mi mente qué quería en un territorio particular de mi vida, pero después me di cuenta de que, de esa manera, sólo volvía al mismo punto en 360 grados. Hoy sé que meditar es preguntar a alguien superior a mi mente (el Universo, mi Corazón, Dios) qué quiere de mí; de esa manera, encuentro respuestas que me empoderan, me centran, me armonizan, y obtengo más claridad para generar grandes ideas. Con la meditación cambiamos la información que circula por nuestro cuerpo y, por lo tanto, la forma de reaccionar ante la vida y de vivirla.

Las empresas pueden comenzar a incorporar la meditación invitando un guía para que comparta sus técnicas, definiendo un espacio ideal con buena oxigenación y silencioso, pidiendo a cada colaborador que agende al menos 15 minutos diarios, dando incentivos a quien cumpla, con una reunión al mes para compartir aprendizajes, y midiendo el desempeño de las personas antes y después, para así tener parámetros.

 

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