Estados Unidos entra en una espiral política que parece llevarlo a una situación de mayor polarización interna y de confrontación con varias regiones del mundo. México en los últimos años ha apostado por un mayor activismo en su política exterior -basta recordar la etiqueta #MéxicoGlobal- y hoy, más que nunca, resulta pertinente hacerlo efectivo mediante un posicionamiento claro, integral e inteligente de los intereses nacionales en el exterior. Sólo así será posible garantizar cohesión entre los distintos sectores, articulación estratégica de agendas y movilización óptima de recursos.

Donald Trump no ha cumplido un mes al frente del gobierno de Estados Unidos y ya entró en pelea con los más diversos actores de su país. Consistente con su planteamiento electoral y su estilo personal, ha conformado un primer cuadro de colaboradores donde la discusión técnica de los asuntos de gobierno queda disciplinada al parecer y los prejuicios del mandatario estadounidense. Ello queda constatado no sólo en las designaciones hechas en distintas posiciones de la Casa Blanca, sino también en la conformación del futuro gabinete. Varias de las comparecencias de los potenciales titulares ante el Senado de Estados Unidos, que buscan la ratificación de esa cámara legislativa, dejan ver la falta de pericia de los temas asociados con las instituciones para los que fueron propuestos. Otros como el propio vocero presidencial y la representante ante la Organización de las Naciones Unidas, dejan ver los amplios riesgos con las expresiones de ambos que rayan en la amenaza autoritaria, si la prensa u otras naciones no se encuentran alineadas con los postulados de la administración Trump.

El mundo democrático debe reconocer que las reacciones sociales norteamericanas a la intentona autoritaria de su gobierno, han trascendido la acción simbólica. A la multitudinaria marcha de las mujeres acontecida en diversos puntos de ese país la semana pasada, le siguieron las demostraciones de repudio en el aeropuerto internacional de John F. Kennedy de Nueva York. Mismas que posibilitaron la espontánea asistencia legal y altruista de aquellos pasajeros que se vieron afectados con la “acción ejecutiva”, firmada por el presidente Trump apenas el sábado pasado y que tuvo como objetivo prohibir la entrada de personas originarias de distintos países del mundo musulmán. A estas expresiones ciudadanas se suman los rechazos explícitos de una serie de gobernadores -como los de California, Nueva York y Washington- y un centenar de alcaldes de ciudades relevantes, a las políticas migratorias impulsadas por la Casa Blanca que tienen el objetivo central de conseguir una deportación masiva de personas, así como su refrendo con el compromiso de la permanencia de ciudades inclusivas.

México se presume global y, por las consecuencias negativas que implica la política pública promovida desde la Casa Blanca, resulta obligado un desempeño más estratégico, aglutinador y proactivo de nuestro gobierno federal. La cancelación de la cita acordada a sostenerse en Washington entre ambos mandatarios, resulta una buena oportunidad para recomponer el ánimo nacional y sumar actores en torno a un frente común. Un frente común que permita identificar de manera colectiva las oportunidades y los riesgos, a la vez de consensuar las mejores alternativas de acción en los difíciles cuatro años (cuando no ocho) que se vienen por delante en términos de la relación bilateral. Hasta el próximo martes.

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