Nos guste o no, a cinco años del Pacto por México, el país no es el mismo, muchas de las reformas ya cambiaron el entorno político, social y económico del país. Más allá de la discusión estéril de que si se van a eliminar o no según quien gane la presidencia en el 2018, las reformas ya tienen un impacto. Desafortunadamente, entre tanto ruido creado por los opositores a las reformas, la gente que se vio afectada porque se les quitaron los monopolios tanto privados como públicos y muchos involucrados aún quieren que les regresen el México de antaño; va a ser muy difícil, muchas cosas ya están instaladas, aunque haya sectores que peguen de gritos.

Nuestro problema es que, al no querernos dar cuenta, generamos una gran resistencia a ese cambio. Veamos en qué áreas, en su gran mayoría, la gente no quiere cambiar o veamos también qué cultura no evoluciona, una parte porque no se ha hecho el trabajo adecuado de comunicación y otra porque el ciudadano, simple y sencillamente, no se le da la gana. Recapitulemos.

La cultura del no pago de impuestos. En esta cultura se involucra la parte sencilla de no querer entender que por vivir en el país y por ser mexicanos se tiene que pagar impuestos, la excusa normal es no pago impuestos porque se lo roban o porque no veo los resultados, todo está mal. Ahí inicia parte del problema del mexicano, todos están mal menos yo.

La cultura de ser transparentes. Cuando inició este tema y se lanzó, fui testigo de que algunos funcionarios públicos comentarán que no está bien ser tan abiertos, que iba a haber problemas; su dilema se basaba en que no sabían qué sí podían dar a conocer o qué no, a pesar de que la respuesta era obvia: todo, al ser funcionario todo lo que se hace debe ser transparente, les daba terror (salvo lo que verdaderamente está clasificado por Ley).

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Ahora, con la cultura de la integridad y la ética pública estamos igual que al inicio de la transparencia; los funcionarios quieren sólo cumplir lo que la Ley dice, pero tienen miedo de hacer lo correcto. Y si a ello sumamos ética con transparencia, pareciera que a los funcionarios y empleados de las empresas privadas les da terror, al parecer, nadie aguanta las tres preguntas de ¿eres honesto? ¿honesto, de lo que se dice honesto? ¿honesto, honesto, honesto? Hay mucha resistencia al cambio.

Otra más “sencilla”, pero al mismo tiempo problemática sobre todo en la Ciudad de México, es la cultura del respeto de las reglas de tránsito. Somos increíbles en esta ciudad. Ya hay zonas en las que no hay policías de tránsito en las calles y la gente no respeta las vueltas, se pasa los altos, se siguen haciendo nudos gordianos en grandes cruceros y hay “0” respeto por todos, la única regla es el peso y el número de llantas de por medio, la lámina pues, el tráiler le pasa por encima al coche, el coche a la moto, la moto pasa por donde puede y se le echa encima a la bici, los bicicletos no respetan nada y como se sienten vulnerables, bajo ese pretexto, le pasan por encima a todos, especialmente con el transeúnte. Hoy en día, en la banqueta te puedes encontrar motos, repartidores, bicicletas de todos tipos, y el pobre peatón ni quién lo pele ni respete. Bajo ya el nuevo reglamento de tránsito, yo quisiera preguntarle a Miguel Mancera ¿quién le va a cobrar las multas a todos los repartidores de comida en bicicleta que toman las calles como si fueran carril exclusivo, o a quienes van muy felices a sus trabajos sobre las banquetas, si ya ni siquiera hay policías en los cruceros? ¿sobre qué hacen la multa, sobre la credencial del INE, cuando no hay licencia para bici? ¿les van a hacer caso cuando los detengan, los llevarán al torito?

Pero como siempre, nuestra cultura necesita sanciones, pero no hay mecanismos para, ni siquiera, llegar al procedimiento, todos hablan por teléfono mientras manejan, incluyendo a los policías que manejan patrullas, nadie toma conciencia, las multas tardan en llegar seis meses y la gente no las paga porque los datos no son correctos o porque saben que no pasará nada hasta el cambio de placas y de todos modos no lo reconocen. En fin, como ésta podemos hacer una larga lista.

Para efectos de la próxima elección, el futuro presidente se va a encontrar con dos panoramas: que nadie quiere cambiar y el país ya es muy diferente a lo que era el México del 2012, suena contradictorio, pero así estamos funcionando.

 

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