Pensamientos como que los demás no están pasando por tantos apuros como tú, no ayudan mucho. Te hacen sentir carencia y escasez, y eso nunca es bueno para tu futuro financiero.

 

El tema del dinero es tabú: tratas de que nadie se entere de cuánto ganas, no hablas de tus ingresos con tus amigos y muchas veces ni con tu familia, no compartes con nadie cuánto debes y mucho menos los apuros que pasas al final de cada mes, quincena o semana para alcanzar a pagar todo lo que tienes que cubrir, y cuando tu situación económica se vuelve estresante, a veces incluso tratas de aparentar que todo está bien. Finalmente, nadie tiene que enterarse de tus problemas financieros, ¿verdad?

Pero en el mundo de las apariencias financieras personales suceden cosas extrañas: de repente llega a tu mente el pensamiento de que los demás no están pasando por tantos apuros como tú. Eventualmente piensas que a los demás les va un poco mejor. Quizá llegues a la conclusión de que ganan más que tú, deben menos dinero que tú y viven mejor que tú. Quizá tienen un mejor coche, o una mejor casa o se compran ropa más bonita. Tal vez observas que los demás se van de vacaciones a lugares a los que a ti también te gustaría ir o que tienen el nuevo smartphone que a ti te encantaría haber comprado.

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Esos pensamientos, por supuesto, no ayudan mucho. Te hacen sentir carencia y escasez, y eso no puede ser bueno para tu futuro financiero. Cada vez que piensas que a alguien le va mejor que a ti, sientes una pequeña dosis de algo muy parecido al fracaso, a la frustración o a la impotencia. La suma de esos sentimientos negativos hacen que cambie tu pensamiento hacia una frecuencia menor: “No soy tan bueno (o tan buena) como me gustaría”, “No he logrado lo suficiente”, y comienzan a pasar por tu mente cosas como: ¿Por qué si estudiamos juntos, a esa persona le va mejor que a mí? ¿Por qué si yo soy más inteligente, tengo más problemas? ¿Por qué si yo me porto mejor y no le hago daño a nadie, no me va tan bien? Y eso se convierte en un círculo vicioso de pensamiento que tienes que romper de inmediato.

Para lograr salir de ese embrollo, primero tienes que ser consciente de que, de alguna u otra forma, todos estamos pasando por situaciones similares. De acuerdo con mi experiencia, más del 95% de las personas en este país tienen “problemas financieros”. Lo que cambia, en realidad, es el grado y las elecciones personales.

Por grado me refiero a que mientras una persona se siente mal porque no le alcanza para comprarse la casa que quiere, la otra se siente mal porque no le alcanza para pagar la renta de su departamento. Mientras que una persona se siente mal por no poder comprarse un coche, la otra se siente mal por no poder comprarse esa bicicleta que necesita. Problemas similares, con diferente grado, pero en ambas sienten cierta dosis de escasez y un poco de miseria. No quiero decir, porque sería injusto e inexacto, que todos estamos igual y que tenemos los mismos problemas, pero entérate de que si bien es en diferente grado, todos llegamos a sentir cierta dosis de escasez y un poco de miseria dentro de nuestra propia situación. Las apariencias engañan. La realidad es que la mayoría de las personas tenemos problemas similares.

El otro tema son las elecciones personales. Estoy consciente de que muchísimas familias en México no tienen la posibilidad de elegir en qué gastar su dinero, pues sólo tienen una opción: en sus necesidades básicas. Pero en otras ocasiones quizá te puedes dar la posibilidad de salir de vacaciones y tal vez ya no te quedará dinero suficiente para tu auto. Otra persona decidió comprarse un coche, pero no se irá de vacaciones. Otra persona prefirió comprarse su casa y otros prefieren comprarse ropa de marca, o muebles, o pagar restaurantes, o escuelas caras para sus hijos, o poner un negocio, o comprar regalos o lujos, o remodelar su casa, etc.

La lista es interminable. Lo importante es darte cuenta de que cada quien decide en qué gastar y qué sacrificar para poder comprarse lo que quiere. Hay incluso personas que deciden gastar en aún más cosas de las que pueden comprar, aunque adquieran grandes deudas. En fin, cada quien elige, pero es vital que no te compares con nadie, pues si notas que esa persona tiene, se compró o está disfrutando de cosas que tú no, quizá tiene que ver con las elecciones que hizo y con las que tú hiciste. Esa persona prefirió comprarse A y tu preferiste gastar en B, otro prefirió comprar C y tú preferiste destinar dinero a D, pero nadie lo tiene todo; nadie tiene de la A a la Z (estoy hablando de ese 95% de la población, por lo menos), todos tienen que elegir. El problema es que muchas veces se te olvida que gastaste en B y sientes escasez, miseria y frustración cuando descubres que la otra persona se pudo comprar A, que también a ti te hubiera gustado comprar, pero la realidad es que no puedes comprar todo y la otra persona tampoco.

En conclusión, aunque las apariencias engañen, todos tenemos problemas similares: no poder darle a nuestra familia todo lo que quisiéramos, no tener certeza sobre el futuro, vivir cuidando el gasto y con estrés por el dinero, etc. Todos estamos en lo mismo. La mayoría de las personas que conoces tienen problemas similares a los tuyos, aunque no lo parezca. Cuando veas que alguien se compró algo que tú no, piensa que seguramente esa persona se resistió a comprarse algo que tú sí tienes. Es cuestión de elección, pero no permitas que vivan en ti los pensamientos que nacen de la comparación. Por favor nunca te compares con nadie.

 

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