Te comparto una parte de la historia de mi vida como coach, y éste, que considero, como muchos otros, un caso de éxito “prestado”.

 

“Todo camino con vistas a un objetivo es, en sí, un emprendimiento,
donde cada quien puede decidir lo que quiere lograr, transformando lo
que podría parecer imposible, en un objetivo”: coach Alejandro Meza.

 

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Es acerca del sueño de la primera persona que confió en mí como coach: mi hermana, Laura Meza.

Ésta, que es una historia real y que no pudo ser más cercana, ha generado parte de la teoría y práctica que ahora trabajo en consultorio y oficina todos los días.

2okUna historia que había reservado mucho por ser familiar. Y por tratarse de alguien tan querido como mi hermana.

 

Impactando el entorno inmediato

Hace muchos años, cuando trabajaba en consultoría de información estratégica e investigación de mercados comencé con mi interés por el coaching, llenándome de libros e información, viviendo talleres, procesos en carne propia y empapándome con todo lo que tenía que ver con ello, como quien disfrutaba de mojarse bajo la lluvia.

Y como cualquiera que sabía que algo funcionaba, quería compartirlo, poniéndolo en práctica como coach, pudiendo comprobar su efectividad de forma cercana.

El tema era simple: necesitaba de un coachee (aquel que tomara el coaching), alguien que tuviera una meta, un sueño y algo que transformar. Pero sobre todo a alguien que confiara en mí, dispuesto a entrar en un proceso de sesiones permitiéndome ser su “coach”.

4Toda una semana le estuve dando vueltas al asunto, al punto de llevárselo a mi coach, y tras pedirle a un par de personas que accedieran, y no lo hicieron, como había visto en mis propias sesiones, “no quedaba más que impactar el entorno inmediato”.

 

La oportunidad y los recuerdos

Recuerdo haber ido a la casa de mis padres en esas fechas. Y estar en su recámara viendo un reconocido programa de concurso. Junto con mi papá y mi hermana, quien no paraba de querer dar las respuestas e involucrarse dialógicamente con la TV.

Recuerdo haberla oído decir, en varias ocasiones, que un día iría “a ganar los cien mil pesos”.

Recuerdo la sensación, de cómo algunos, con mirada incredulidad, “la tiraban de a loca“, cuando decía que ella haría el casting, sería seleccionada, entraría al programa, concursaría y ganaría. Recuerdo que yo pensaba: “muchos factores, por cierto”, pero en ese entonces no era coach, y no sabía del poder personal.

Y recuerdo la sensación de algunos, familiares o parientes cercanos, porque parecía ajeno y difícil. Porque, al final, “eso sólo pasaba en la televisión” y, hasta donde sabíamos, nadie, absolutamente nadie en la familia, había tenido tal “suerte” de ir y ganar así.

5Esa frase de “yo voy a ir y voy a ganar” la oíamos mucho con mi hermana. Pero ese día, a diferencia de otros, la escuché como nunca. Tan es así que recuerdo le dije que bajara a la cocina, porque le tenía que decir algo importante.

Así empezó todo, y recuerdo cada cosa como si hubiera sido ayer.

 

El fondo

Le dije que claro que era posible, y sus ojos se iluminaron como quien oía por primera vez su nombre y lo sabía de cierto. Le dije que lo íbamos a conseguir juntos, que íbamos a construir esa realidad, de forma fácil: “Como quien decide pararse en la mañana y abrir los ojos, porque en la mañana uno abre los ojos por instinto, como quien decide bañarse un miércoles cualquiera, ponerse los zapatos e irse a trabajar para ganar cien mil pesos, porque para llegar del centro de la cocina al centro del comedor sólo había que dar 4 pasos, y eso era todo.”

Y así, viéndola a los ojos tras tener nuestra primera plática de forma simple, a puerta cerrada, y en la cocina en la que crecimos juntos, comenzaríamos a marcar nuestro destino. Así… calladitos, y sin que nadie supiera, más que nosotros, lo que trabajaríamos hasta conseguir paso a pasito.

 

La forma

La gente que cree en la magia la logra de vez en cuando; recuerdo habérmelo dicho de camino a mi departamento, esa noche. Y así me iba repitiéndolo: ¡No hay más!… para pensar en lograr un sueño, había que pensarlo así, “fa-ci-li-to”.

Además, la verdad, para mí, era que todo este “dejo de magia” no iba a ser más que poner en práctica mi nueva herramienta, mezclada con cosas que conocía muy bien y con las que ya trabajaba, cosas propias de la consultoría estratégica y el acompañamiento empresarial.

No quedaba más que construir con ella un proceso de acciones y micrometas simple, e ir solventando los obstáculos del camino en el plano mental y emocional, preguntándole lo necesario, y yo ya era muy bueno con las preguntas, habiendo trabajado con miles de personas en consultoría de investigación de mercados.

Y así, mientras fuimos completando y palomeando las acciones necesarias para conseguir ir al programa, trabajamos día tras día en la parte mental, emocional y física (realidad), alineando todas en una misma dirección y con miras al objetivo.

Y todo fluía de mejor manera a cada sesión, donde estas pequeñas acciones nos hacían parecer todo tan sencillo.

Así fui conociendo en su proceso cómo le gustaba pensar y cómo su mente actuaba en ella, descubriendo que era reactiva, como muchas, muchísimas personas.

Y por ello empujaba un poco ese “requerir irse convenciendo” de que todo esto que “soñaba” era posible, para después retirar “el convencimiento” (que se encuentra en el plano de la razón) para dejar sólo la certeza emocional, “constructora de la realidad” (según mi propia teoría y aplicación práctica).

Hoy sé que para ella y para muchas personas con mente reactiva, las cosas son simples.

Deben ver el resultado de sus acciones hechas, avances y logros, o micrometas, para “irse convenciendo” como quien “se acerca a un castillo”, lo que “desbloquea” los juicios lógicos de la razón: “convenciéndolos” del acercamiento a la realidad creada paso a paso, porque: “ya viste, con este paso que diste el castillo está más cerca”.

Comenzando a llenar un estado emocional de certeza, pues entre más se acerca hacia el objetivo, los juicios lógicos dejan de hacer efecto en ella y el estado de certeza emocional crece, hasta hacer que la realidad sea la que ella dijo que sería.

 

Resultados

Tras ganar el primer programa de concursos y su primer premio de “cien mil pesos”, la emoción sobrepasó el asunto. Hablamos de ello muchas veces y luego pasó el tiempo.

Retomando el asunto tiempo después, comentando en otra plática que era necesario establecer comprobatorias para ver que esa metodología personalizada funcionaba en ella, y descartar el factor “buena suerte” o “casualidad”, dándole crédito a la estrategia de acciones simples, al trabajo de “no-control” emocional, al trabajo mental y a lo que decretábamos y reforzábamos en conjunto.

Así que elevamos la meta una y otra vez hasta conseguirla, poniéndonos a prueba dos veces más, en un programa como capitana de equipo, y en otro con un reto personal, con un nuevo factor complejo: el factor de conocimientos.

Laura ganó en los tres programas de concursos televisivos en los que participó, teniendo un récord 3 de 3, llevándose en todos los casos alguno de los premios más altos: en el primero y el tercero el premio de 100,000 pesos (que había enfocado en la construcción de su realidad), y en el segundo, la remodelación de la casa de su cuñada, electrodomésticos y crédito en tiendas.

Primero: Espacio en blanco, un programa de concursos donde se ponía en juego el sentido común y la conexión emocional con terceros (actores y actrices invitados).

Segundo: A comer con Coca-Cola, en el que participó liderando a un equipo, con el que ganaron la remodelación de una casa.

Tercero: Todo el mundo cree que sabe, un programa de conocimientos, muy conocido en la televisión nacional. Fue con este programa con el que pudo coronarse, dándose cuenta de cómo uno construye su realidad “mientras caminas sobre ella”, impactando en la misma acción tras acción.

3“No es sencillo explicarlo, pues es algo que se vive, pero lo que se pone en juego es creer que es posible y sentirlo posible mientras lo haces fácil, con la certeza de que, lo que deseas, sucederá.”

Desde mi perspectiva como coach, la emoción lo gobierna todo mediante un estado de “certeza emocional”, constructor puro de la realidad.

Es reconocer de manera previa y anticipada que todo esto lo has creado, y que “hasta las luces del set estaban ahí para ella”. Por eso no puede haber otro resultado más que el que se ha querido desde el inicio”.

 

Hoy

Hoy, a casi cinco años del último programa de concursos; hoy, cuando sintetizo parte de su historia, y del logro de un sueño que repitió tres veces, cuando la veo en casa de mis papás con mis sobrinos, cuando nos reímos porque ya no hay nada del premio, y cuando veo “esta normalidad”; vuelvo a recordar mi frase simple pero cierta: “La realidad es la que creamos con nuestras manos, mientras avanzamos sobre ella”, porque sé que éste es el único camino para hacerla posible, un paso a la vez, porque, al final, todos, absolutamente todos, podríamos vivir un sueño, como los que vemos en la televisión.

 

Contacto:

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