Parece que la reflexión que se lleva a cabo en Davos, Suiza ya había ocupado la mente de la Humanidad. El trabajo y las condiciones laborales son temas que preocupan al Ser Humano. Tanto a finales del siglo XVIII, como a lo largo del XIX el pensamiento intentaba figurar cómo se resolvería el empleo si las máquinas eran más precisas que la mano de obra, si era más barato producir en masa y si un aparato no se enferma, no exige prestaciones y no necesita descansar. La ley de oro en economía —hacer más con menos— obligaba a preferir una máquina que a un trabajador. Hoy, nos planteamos una pregunta similar, ¿será posible que un robot nos sustituya? La cuestión que pareciera salida de una novela de ciencia ficción, hoy es el tema de discusión en la reunión que convoca a las personas más poderosas del mundo. ¿Y eso, cómo nos atañe personalmente?

Ganarse el pan con el sudor de la frente fue el destino de la Humanidad al abandonar el Paraíso Terrenal, nos narra el Génesis. Trabajar es el motor de la Economía, sostiene John Maynard Keynes. Pero, emplearse se ha vuelto complicado. Conseguir un puesto de trabajo es una tarea ardua ya que se trata de un bien escaso. Contar con una posición en la que se cumplan con todas las condiciones de idoneidad —un sueldo justo, prestaciones de ley, respeto al descanso, derecho a un fondo de retiro, etc.— se está convirtiendo en una rareza. Muchas empresas están prefiriendo entregar sus operaciones a aparatos con inteligencia artificial, la ley de oro se impone y los avances tecnológicos no se pueden parar.

Algunos de los efectos de esta combinación de máxima eficiencia y progreso científico son gloriosos. Hay soluciones rápidas y baratas, hay posibilidades médicas que son menos invasivas y más exitosas, hay mayor precisión y mejores resultados. También se han abierto ventanas de oportunidad para que empresas tecnológicas crezcan como la espuma, con márgenes de utilidad altísimos, minimizando sus costos y llevando sus gastos operativos a una cifra cercana a cero. ¿Podríamos imaginar un mejor escenario? El problema es que estas condiciones han devenido en situaciones que no son tan ventajosas: la precariedad laboral.

El término precariato se refiere al conjunto de trabajadores, que viven una condición general de trabajo de incertidumbre. En sociología y economía, el término se entiende como una clase social formada por personas que sufren por una condición laboral sin seguridad que afecta tanto al bienestar material como al equilibrio psicológico. Específicamente, el precariato sufre la condición de falta de certeza laboral y este factor lo desestabiliza todo. Es decir, hablamos de empleo intermitente o empleo insuficiente, escaso, mal remunerado o no remunerado que provoca una situación frágil en las personas. Son trabajadores que no reciben el apoyo social en tiempos de necesidad por la destrucción de las estructuras básicas del estado de bienestar.

A diferencia de la clase social denominada proletariado que definía a los trabajadores industriales en los siglos XIX y XX, porque carecían de medios de producción propios y por lo tanto vendían su trabajo para vivir —y que en aquellos días resultaba terrible de imaginar—, hoy los miembros del precariato están peor porque están parcialmente involucrados en el trabajo. Es decir, no tienen un trabajo estable y, por ello, deben emprender muchas actividades no remuneradas que son esenciales para conservar el acceso al empleo y a ingresos decentes.  El surgimiento de esta clase social se ha atribuido a sistemas que no lograron una distribución justa de la riqueza. Se concentró mucho en muy pocas manos y poco en muchas. El ochenta por ciento de la riqueza de la Humanidad está en unas cuantas manos.

El término precariato se relaciona directamente con el subempleo. Son oportunidades laborales que se toman, dadas las circunstancias de escasez de empleo. Nos topamos con médicos, ingenieros, abogados, contadores que manejan un taxi y cuyo empleador real es una aplicación electrónica. Sin embargo, no existe una relación laboral pues el chofer no trabaja para la aplicación, trabaja con la aplicación. Eso lo deja fuera de cualquier exigencia de prestaciones.

Estos modelos de negocios propician dos cosas: grandes utilidades y oportunidades de empleo que antes no existían. Es cierto, pero generan una clase social desposeída que pasa muchas horas trabajando, ganan relativamente poco, tienen capacidades superiores para la labor que desempeñan y son una franja social que crece a velocidades vertiginosas. Por eso, en Davos, se habla de ello. ¿Qué vamos a hacer para resolver el tema del empleo en condiciones justas?

No se trata de estar obsesionados con las clases sociales, se trata de hacernos cargo. Tradicionalmente, se definían tres: clase alta, media y trabajadora. Pero en la sociedad ya se distinguen hasta siete clases sociales.  La cadena BBC incluye una “calculadora” para que respondiendo a un cuestionario uno pueda identificar a qué clase pertenece. Según La BBC, el antiguo esquema de tres clases sólo sirve para clasificar a un 39% de la población actual. Antes, la clase se definía por el nivel de empleo, riqueza y educación. Este esquema ha sido rebasado. Hoy, la clase social tiene una dimensión tridimensional económico, social y cultural. Las siete clases identificadas por el estudio hecho por la BBC son:

  1. Elite. El grupo más privilegiado. Se diferencia por su riqueza. Saca la máxima nota en todos los parámetros (económico, social y cultural).
  2. Clase media establecida. Es el grupo más gregario, tiene un trabajo estable, tiene competencias intelectuales, vive cómodamente y es una franja que está desintegrándose rápidamente.
  3. Clase media técnica. Un grupo pequeño y nuevo que se distingue por ser económicamente próspero, pero puntúa bajo términos sociales y culturales. Se distinguen por ser socialmente aislados y apáticos culturalmente.
  4. Nueva clase trabajadora rica. Una nueva clase muy activa cultural y socialmente y con una riqueza económica moderada.
  5. Clase trabajadora tradicional. Puntúa bajo en todos los parámetros, pero no llega a estar desposeída.
  6. Trabajadores de servicios. Una clase emergente, urbana, joven, que es relativamente pobre económicamente, pero puntúa alto en lo social y cultural.
  7. Precariato, o proletariado precario. La clase más pobre, desposeída y que puntúa muy bajo en todos los parámetros. No cuenta con seguridad laboral y trabaja sin recibir prestaciones. En ocasiones, no reciben pago por el fruto de su trabajo. Su precariedad es tal que el empleador ni siquiera tiene que despedirlos, con dejar de convocarlos es suficiente.

El precariato es un tema serio. Muchos de quienes lo integran son profesionistas que no tienen posibilidad de empleo y desempeñan labores por las que no reciben una contraprestación. Cuando alguien no recibe una paga por su trabajo, cuando el esfuerzo no se ve compensado y las condiciones de vida de un ser humano se comprometen, es tiempo de empezar a reflexionar. ¿Qué hacemos para resolver este tema?

 

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