Por Carlos Palencia Escalante*

Vivimos en continuo cambio y en completa incertidumbre y, al mismo tiempo, Estados Unidos abrió la posibilidad de una guerra comercial, con repercusiones económicas aún no ponderables.

Hace unos cuantos meses, para ser preciso a principios de febrero de este mismo año, se percibían señales para continuar con el diálogo para renegociar el tratado de libre comercio entre Estados Unidos, Canadá y México

La entonces sexta ronda extendía las reuniones y comunicación entre equipos negociadores para reorientar la relación comercial, pues además se dejaban a un lado los temas espinosos. Sin embargo, se estaba consciente de que empezarían a influir los tiempos políticos en México y después en Estados Unidos. Por eso ya se veía la posibilidad de aplazar la renegociación hacia el 2019, e incluso para México con un nuevo presidente -que podrá o no tener diferentes objetivos-  pero también, el aplazarlo, podría dar a México la ventaja de acudir a sectores y productos cuyos productores y/o exportadores fueran afectados por culminar abruptamente el acuerdo comercial.

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Pues bien, pasados varios meses revisamos lo que se está suscitando: la imposición unilateral de Estados Unidos de medidas arancelarias bajo argumentos de seguridad nacional; ante ello la reacción inmediata de Canadá y México para implantar medidas -también arancelarias- a una selección de productos para equilibrar el daño por las restricciones al acero y aluminio.

En ese contexto de presiones político-comerciales, es que resurge el nerviosismo respecto a que Estados Unidos quiera abandonar el tratado trilateral e impulsar -a modo- acuerdos bilaterales o peor aún el modificar y desconocer los principios de la Organización Mundial de Comercio.

Por eso ahora vemos como el optimismo se va alejando y las amenazas se van cumpliendo para proteger la ineficiencia productiva estadounidense. Somos testigos de las trampas, iniciativas de extraterritorialidad, las contradicciones entre planteamientos de libre comercio y procedimientos de comercio administrado, el manejo poco objetivo del amenazante y el espíritu salvador -o en caso contrario, el verdugo- del libre comercio.

Para concluir, concuerdo con la determinación mexicana de no ceder a chantajes y presiones y el que haya se hayan usado medidas equivalentes hasta por un monto equiparable al nivel de la afectación, para compensar las medidas proteccionistas de 25% como arancel a la importación de diversos productos de acero y arancel de 10 por ciento al aluminio mexicanos. Y como la unión hace la fuerza, aplaudo también lo que están haciendo Canadá, Europa, China, Japón y otros países por mantener el espíritu de libre comercio y no aceptar medidas de proteccionismo, justificando el absurdo criterio de seguridad nacional. Esto, independientemente de iniciar en la Organización Mundial de Comercio un proceso de Solución de Controversias.

*Consultor en temas de economía y negocios.

 

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