El IPO (primera oferta pública de acciones por parte de una empresa) de Uber que comenzó el viernes pasado con una valorización de 120 billones de dólares -con un costo inicial de acción por 42 dólares- se convirtió en la más grandilocuente de la historia reciente; sin embargo, lleva dos días ‘de capa caída’ viviendo la realidad de las bolsas de valores… el lunes bajó 11% y ayer otro 18% adicional.

Pero hoy será otro día. Tan impredecible como las negociaciones EU-China, donde todos confirman “grandes avances”, y horas más tarde se alarga la lista de productos con carga impositiva, mientras todos hacen cuentas de cuánto va a subir el costo de vida global, gracias a vivir en la eterna incertidumbre.

Y si bien las tensiones entre “Mister Trump y Xi-Dada” no han ayudado al momentum (si se compara con el clima de optimismo de mayo 2012, cuando Facebook salió a venta pública), lo cierto es que la llegada de los grandes de tecnología a las bolsas de valores siempre ha sido compleja para corredores y compradores. ¿Será miedo a la novedad?

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Pero la compañía está tranquila, y asegura que recolecta el capital necesario para continuar su expansión, lo que crea dos cuestionamientos. El primero relacionado con el rol que se le está dando a la especulación en los mercados bursátiles, que pasa de la incertidumbre a la estrategia. ¡Cuidado! Se parece mucho a Lehman Brothers en 2008.

Y la más importante. El mundo de los negocios se acomoda “tranquilamente” en el modelo donde son más importantes los inversionistas que las ventas, bajo la premisa de ser una promesa gigantesca. El problema es que aquel que apuesta por una empresa como Uber (desde Softbank con su 13% hasta usted) no piensa en el largo plazo. Cuando se requiera, sea mañana o en diez años, se sale del negocio.

Suponga que comienza un puesto de comida… y decide venderla a la mitad que sus competidores y enfocarse de conseguir inversionistas, con el fin de crear disrupción. Utiliza lo que recibe en expandir, sin mucha presión por resultados, porque para aquellos que han puesto dinero, es mejor negocio vender su participación a terceros que esperar las ganancias prometidas.

¿Le parece un escenario realista? La vida de una iniciativa de negocios, quiéralo o no, depende de su capacidad para vender un producto generando soluciones en la vida de los consumidores, prosperidad para sus dueños, y movilidad en el sistema económico global, que definitivamente sucede con más fuerza -y belleza- en las plazas de mercado que en las mesas de dinero.

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* Luis Carlos Chacón es consultor global de negocios; enfocado en consumo masivo, estrategia competitiva, innovación y prospectiva.

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes México.

 

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