Cada vez es mayor el número de personas que buscan y requieren ayuda para sobreponerse a estas tensiones cotidianas, conflictos, adversidad, pérdida, trauma, rompimiento, tragedia, ansiedad y/o depresión. Las empresas reportan con mayor frecuencia padecimientos y problemas de salud relacionados con los mismos que a su vez inciden en una alta rotación de personal, ausentismo, falta de productividad y un ambiente laboral tóxico.

Además del estrés se habla ahora de “meltdown” (colapso), “burnout” (fundido) y el síndrome del impostor como los esquemas que describen un inusual, exasperante y muchas veces inexplicable aumento de los niveles de agotamiento, zozobra emocional, cinismo y despersonalización del personal.

Esto puede ocurrir en todo tipo y niveles de las organizaciones, al margen del ingreso, formación, personalidad, situación familiar u ocupación.

Por lo tanto, resulta crítico forjar y desarrollar nuestra resiliencia que puede ser definida como las habilidades, técnicas, procesos y recursos que nos permitan mejorar nuestra capacidad de adaptación, fortaleza mental, actitudes, carácter y personalidad para hacer frente a las desavenencias, obstáculos y dificultades rutinarias.

El comienzo de este esfuerzo puede partir de ajustes menores y convertirse en hábitos que nos ayuden a superar cualquier obstáculo.

1.- Ser resiliente es decidir, actuar y luchar por uno mismo. Asume que es tuya y solo tuya la responsabilidad de salir adelante, todo lo bueno requiere esfuerzo, constancia, disciplina.

Tu vida no es cuestión de suerte, nunca es fácil o justa. No repartas culpas, mejor apártate de los culpables. Fracasos, retrocesos, golpes, caídas habrá muchos, eso es inevitable; como también lo es levantarse de nuevo, luchar, sanar, asimilar, ajustar, volver a creer.

Los costos de lo bueno o malo que te pase, tú terminas pagándolos; hay una persona de las que no puedes huir y a la que no puedes renunciar; tú mismo, ahí estarás siempre, mejor cuídate, cultívate, prepárate, fortalécete.

2. Ser resiliente es sinónimo de dinamismo, adaptación, transformación, reconstrucción, flexibilidad. Todo evoluciona y tú tienes que ajustarte al ritmo; experimentar, crecer, explorar, madurar, crecer es parte de la naturaleza humana.

Aferrarse al pasado, tener miedo de cambiar; no saber renunciar o siempre dejarse llevar por la influencia de otros puede acarrear que tomes decisiones que no son las mejores para ti. Así que comienza definiendo, que quieres para ti, que buscas, a donde quieres llegar y -si no sabes- tómate el tiempo para resolver esas cuestiones.

3. El poder de la paz interior. Mantener la calma ante la tormenta, no ser obsesivos, saber cerrar círculos. Usar el tiempo con provecho, meditar y saber escucharte. Existen miles de cosas que no puedes cambiar, cierto, acéptalas o cambia tu actitud ante ellas.

Una pérdida puede ser la mayor motivación para recuperarte, un trauma para sobreponerte, el desempleo puede abrirte puertas a una mejor oportunidad; nuevos amigos, nuevos horizontes. Acepta quien eres y haz todo lo que puedas para mejorar lo que no esté en óptimo estado: tu salud, tu condición física, tus conocimientos, tu dieta; invierte el tiempo en algo útil.

4. No te obsesiones por complacer a otros. No permitas que otros te controlen, definan tus gustos, te condiciones, etiqueten o te limiten. Antes que nada, piensa en como motivarte, agradarte y sentirte bien contigo mismo.Concéntrate en la forma de hacerte insensible a la crítica, tómate las opiniones de otros como comentarios superfluos, banales, desinformados, chismes o nimiedades.

No le temas al silencio, aprende a soportar el numero bajo de tus suscriptores, tolera que nadie te comento ni te dio pulgares arriba y ponte a leer un buen libro, conversar cara a cara o aprender otro idioma.

Cultiva los amigos reales y sinceros; deja las redes por un segundo y que no te importe lo que se dice de ti si no viene de alguien que valoras y realmente estimas. Allá afuera hay gente real y de carne y hueso de la que posiblemente te has olvidado por interactuar con otros que ni te valoran, ni les interesas, acéptalo y déjalo ir.

5. La vida es hoy y aquí. Solo tienes tu presente, el pasado ya se fue, se agotó, no regresa; el futuro nadie lo conoce; nadie te lo puede asegurar y depende de tus decisiones, de tus acciones y de tus actitudes de hoy para forjarlo.

De nada sirve obsesionarse con lo que era, no debes revivir nostalgias ni ver al futuro con pesimismo. Los buenos recuerdos no deben repasarse con el afán de mortificarte o atormentarte de nuevo; mejor aplícate en cómo aprender de tus errores, cómo seguir adelante, como volver al camino del éxito y -aún mejor- llegar más arriba.

Ser resiliente, es forjar hábitos, comportamientos, actitudes básicas de las que se desprenderán tus mayores activos. No solo es pensamiento positivo sino la forma de alcanzar metas, controlar la repuesta, planear y ejecutar. Llevársela con calma, pero con firmeza, seguridad, autoconfianza y plenitud. 

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