“Siri, ¿qué es Internet of Things?” Rápidamente se despliegan cinco artículos en la pantalla de mi celular. Mismo aparato que cuenta mis pasos, registra mi desempeño en la bici, me ayuda a hacer las compras del supermercado, conserva mis memorias, es cámara fotográfica, “walkman”, me evita ir a una sucursal bancaria, me ayuda a mantener el contacto con mis amistades y sobre todo es mi oficina portátil. James Bond en la época de Sean Connery jamás imaginó que todo esto lo pudiera hacer un teléfono.

Vivimos en la época de los aparatos inteligentes. Objetos de uso diario, como teléfonos, autos, refrigeradores, lavadoras, despertadores y cafeteras; que al tener la capacidad de conectarse al internet hacen nuestra vida más cómoda y fácil. El hecho es que en un futuro no tan lejano, todo lo que pueda conectarse al internet, ¡estará conectado! La consultora Gartner predice que para el año 2020 más de 20 mil millones de objetos estarán conectados al internet enviando y recibiendo información. Esto último señores y señoras es la definición del tan en boga término Internet de las cosas o Internet of Things (IoT) y muchos creen es el inicio de una realidad de película tipo Matrix o Terminator (¿Será Siri la tatarabuela de Arnold?).

Los costos más bajos y la disponibilidad del internet en casi cualquier lado, el aumento en la penetración de los teléfonos móviles y el bajo costo de producción de los sensores se han vuelto tierra fértil para el IoT. Esto seguirá produciendo una enorme red de objetos y personas interconectadas. La promesa es: cafeteras que hablan con tu despertador para tener café listo al despertar, autos conectados a tu agenda que calculan la mejor ruta para llegar a tu cita, capaces de enviar un mensaje si vas tarde y refrigeradores que ordenan el súper de forma automática: Es decir la vida de Los Supersónicos.

Computadoras y robots hablando entre ellos que hace no mucho, parecían una fantasía. Hoy hablamos ya de la necesidad de regular la Inteligencia Artificial. Lo mismo aplica para IoT, pues su expansión trae consigo nuevos retos de seguridad y procesamiento de la información. ¿Cómo podemos garantizar que nadie pueda hackear nuestras vidas a través de nuestra cafetera?, ¿cómo van las empresas a hacer frente a los enormes volúmenes de información que se generarán?, ¿dónde lo almacenarán, cómo la protegerán o analizarán? ¿Quién gobernará y vigilará la protección de la información y la privacidad?

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Muchos se preguntarán: ¿Qué hacer en este nuevo mundo?, ¿cómo prepararnos? Por lo pronto yo todavía no recomiendo convertirse en Sarah Connor y salir a destruir teléfonos celulares y cafeteras inteligentes, pero sí prepararnos para entender los nuevos retos y educarnos para poder sobrevivir a esta cuarta revolución industrial.

 

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