No, no fue The Italian Job ni Ocean´s Eleven, fueron las noticias de las últimas dos semanas en México. Todos hemos visto docenas de películas en las que Batman, Hugh Jackman o Tom Cruise hackean alguna computadora para obtener información, pero, al parecer, esta vez, la realidad ha superado a la ficción.

No quisiera ser la persona que tuvo que reportarle al CIO de cualquiera de los bancos atacados, lo que acababa de suceder… o peor, mencionarle lo que venía sucediendo desde hace ocho meses en algunos casos. Imagino así la situación: El CIO, sudoroso y lívido, “mentando madres” por dentro, espera afuera de la sala del Consejo, pensando cómo articular e informar que la totalidad de sus sistemas habían sido comprometidos. Todo, el sistema bancario en México que lleva décadas creando credibilidad y confianza, está en riesgo y no se sabe si esto fue el final de la historia. ¡El costo va más allá de los millones robados! Va de por medio la imagen, la credibilidad, ¡la marca!

Los enemigos no tienen cara, toman muchas formas y han llegado aquí para quedarse. Todos, absolutamente todos, somos vulnerables. Hackeos, phishing, por ejemplo, el que tiene Apple y necesita validar sus datos, tiene que ingresar a un sitio; y ransomware, son sólo facetas del camaleón con un único propósito: Robar dinero, identidades, información…

El ransomware, por ejemplo, básicamente replica la técnica de un secuestro: alguien se lleva algo de valor para ti y para devolverlo exige un pago. En el mundo de la tecnología esto se traduce así: alguien infecta tu computadora o incluso tu respaldo y te bloquea el acceso o encripta la información hasta que pagues el rescate con ¡bitcoins!

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Las víctimas están en todas partes del mundo. No hace mucho tiempo, hubo un caso similar en Singapur donde robaron 18 millones de dólares. Las víctimas están en cualquier industria. ¡Disney fue encriptado hace no mucho y tuvo que pagar rescate! Las víctimas antes solían ser grandes corporativos, bancos, agencias gubernamentales y países desarrollados; hoy hasta Pepe y Toño o mi madre octogenaria son los ¡blancos!

Hay una realidad, si tu información está en línea, está en riesgo. Eso no quiere decir que vayamos mañana a regresar al sistema de trueques o de guardar todo en una bóveda de seguridad… Nuestra realidad es digital y, nos guste o no, todos estamos conectados a la Matrix. Al final la solución, creo firmemente, es la prevención. Mi consejo es una receta de la abuela: si compras un carro, le pones birlos de seguridad, mica anti asalto, compras una póliza de seguro, le pones bastón al estacionarlo en la calle, se lo encargas al viene viene, lo guardas en una cochera… ¿Eso evita que lo roben? No; sin embargo, como diría mi abuela: si fueras ladrón, cuál preferirías robarte, ¿el que tiene todo eso? o ¿el que está estacionado con la ventana abierta y las llaves puestas?

Señores empresarios, no esperen a recibir la llamada, reevalúen su estrategia de protección de la información. Recuerden que es ella, su póliza de seguro para poder dormir (más) tranquilos.

 

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