Por Norbert Monfort*

Hace algunos meses pasó a la inmortalidad Stanley Martin Lieber, mejor conocido como Stan Lee. Este mítico escritor y editor de cómics estadounidense, fallecido en noviembre de 2018, fue el responsable de regalarnos muchos personajes icónicos del mundo del cómic (y del cine): Spider-Man, Hulk, Iron Man, Los 4 Fantásticos, Los Vengadores, X-Men, entre muchísimos otros. El legado es tan inmenso, tan universal, tan cosmopolita, que no podemos menos que preguntarnos: ¿qué hay detrás de esta creación tan legendaria?

Lo primero que sabemos es que Stan Lee no inventó nada nuevo. Cuando empezó a trabajar como asistente en Timely Comics, en 1939, era un novato que llevaba comida a los correctores y redactores; y en esa época, superhéroes como Superman y Batman, de DC Comics, ya atrapaban numerosos lectores.

Pero, conforme este joven fue creciendo en responsabilidad, se dio cuenta de que, si bien no podía inventar, podía reinventar, innovar, cambiar las reglas. Años más tarde diría: “Trato de no hacer nada parecido a lo hecho antes. Tenemos un gran universo aquí, lleno de nuevas ideas”. Esto quedó marcado en los personajes que dio vida: a partir de Stan Lee, los superhéroes no son extraterrestres, como Superman. Son gente común, que obtienen poderes de forma accidental (a Spider-Man le muerde una araña, los 4 Fantásticos son expuestos a rayos cósmicos…).

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Aunque tienen habilidades especiales, todos tienen una vida “normal”, vida familiar, amantes, amigos. Esta aparición de superhéroes “reales” marcó una época: muestra la extraordinaria visión de Stan Lee, quien supo tener una idea clara de lo que quería conseguir, y lo logró a base de adaptar lo que ya existía.

Una segunda cosa que sabemos es que el universo Marvel, tal como lo conocemos hoy, no dependió exclusivamente del talento único de Stan Lee: “Cuando trabajas con personas talentosas, ellos te inspiran. Y uno espera inspirarlos a ellos también”, dijo una vez. Esto demuestra que no sólo tenía una gran gestión del talento, sino una gran gestión de influencia.

De hecho, se sabe que Stan Lee daba una gran libertad de movimiento a sus dibujantes, por medio del llamado Método Marvel: Lee hacía una sinopsis de la historia, que pasaba al dibujante, y luego escribía los diálogos basándose en el dibujo acabado. En ciertos casos, esto hacía difícil saber qué parte de la historia era de Lee, qué parte del dibujante y que parte era de los distintos colaboradores guionistas.

Sin duda, la humildad de Stan hizo posibles entornos de autodesarrollo muy potentes, que permitieron seguramente ampliar los horizontes de cada una de las historias de superhéroes. Quién sabe hasta dónde habrían llegado si no hubiera delegado en el talento de otras personas.

Por último, el nativo de Nueva York fue una persona que nunca perdió de vista el porqué de lo que hacía. Como hemos mencionado más de una vez —siguiendo la teoría del círculo dorado de Sinek—, la mayoría de las organizaciones sabe a qué se dedica y cómo lo hace, pero pocas se detienen a considerar cuál es el “why” que los motiva en sus actividades diarias. Stan Lee lo tenía muy claro, tal como una vez confesó en una entrevista: “Yo solía sentirme avergonzado porque, mientras yo era escritor de cómics, otras personas estaban construyendo puentes o ejerciendo carreras médicas. Pero entonces me di cuenta de que el entretenimiento es una de las cosas más importantes de la vida. Sin él, nos hundiríamos. Ahora siento que, si eres capaz de entretener a la gente, es que estás haciendo algo bueno”.

Detrás de su trabajo, su talento y los superhéroes que hoy inspiran a todas las generaciones, estaba ese afán de entretener, de hacer feliz a los demás, de regalar momentos de placer, ya fuera en la lectura de cómics o en una sala de cine. En otras palabras, Stan Lee, como todo buen líder, estaba para servir.

Esperamos que esta columna de opinión sirva como un gran homenaje a una persona que no sólo nos enseñó los poderes de los superhéroes, sino también las competencias de los superlíderes.

*CEO de Monfort Ambient Management y profesor del ESADE.

 

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Twitter: @monfortnorbert

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes México.

 

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