Por: Eduardo Navarrete*

Niños blandengues y adultos incapaces. Eso es lo que el psicólogo escolar y presidente de la Federación Alemana de Profesores, Josef Klaus, opina del sistema educativo actual.

No es necesario creerle. En el aspecto nacional, al menos en México, el sistema educativo no ha podido construir el capital humano que requiere una economía de transformación ni ha logrado mitigar las desigualdades que imperan en la dermis social por décadas. Por otro lado, en el aspecto personal, con una pregunta basta: ¿qué porcentaje de tu educación formal recuerdas y utilizas?

¿Para qué te educas?

Civilizar y transformar el desarrollo y la experiencia integral humana: ese es el objetivo de la educación en un país y debería ser entendido con el mismo ahínco, que esto no se circunscribe solo a la escuela. ¿Qué otro rubro podría ser más relevante que la educación para hacer una inversión que garantice la transformación del país?

Orientación vocacional, planes de estudio, la relevancia de la lectura, metodología de investigación, los castigos y estímulos, el rol del entorno familiar, la motivación de un pensamiento crítico y creativo, el sistema de evaluación, un marco cívico y humano en balance con la capacitación práctica y funcional. Todo esto tiene que adecuarse pedagógicamente a la realidad que estamos develando. De otra manera lo que llamamos “Sistema Educativo”, seguirá su curso como pantalla política y se mantendrá como una de las grandes deudas sociales de gobiernos de toda filiación. Claro, que, en dicho escenario, habrá pocos críticos y de seguro el tema pasará inadvertido.

En un contexto en el que la tecnología no dejará industria ni categoría sin permear, sobran preocupaciones, algunas más individualistas que otras, que apuntan al reemplazo de funciones y roles cotidianos. La educación no es excepción: hay profesores que temen ser sustituidos por YouTube y alumnos que piensan que la inteligencia artificial o Tik Tok podrían hacer a un lado a sus maestros. 

Sin buscar extremos hacia la ciencia o la ficción, hay tres bloques claros de tendencias que orientan la ruta del campo educativo en los próximos lustros:

  1. Microescuelas creativas

Todavía no entrábamos en esta pandemia, pero ya se discutían alternativas al concepto de escuela tradicional. La noción de descentralizar este concepto se hacía más popular, conforme era más claro el estatismo de su planteamiento.

¿Cómo entender un momento cultural en el que se coloca a la escuela en la sala y el comedor? Buena parte de las responsabilidades académicas se han convertido en extensiones de las obligaciones paternales y maternales. La discusión está viva y en algunos casos, desesperada.

Microescuela, el concepto del espacio personalizado en torno al aprendizaje, no solo se aceleró, sino que se estrelló en la vida cotidiana de millones de hogares y, si bien hay una aproximación estoica o zombie en torno a ella, se perfecciona mientras lees esto con la idea de brindar a los estudiantes una educación personalizada. Para los profesores, seguimiento pormenorizado a las células de microescuela (grupos de dos a cinco estudiantes que comparten esta educación virtual y que entre ellos se apoyan y socializan el aprendizaje) y a los padres de familia el regreso de una anhelada y generosa paz mental.

El componente creativo dista un poco de cómo se comprende esta disciplina en la actualidad. Para ello, el concepto de aulas se invertirá: la parte teórica de las clases tendrá lugar fuera del salón, mientras que el componente práctico se hará de forma presencial. ¿Cómo olvidar la mirada progresista de las clases extramuros?

En la carretera científica, tecnológica, matemática y de ingeniería, habrá pavimento creativo. La evidencia de los referentes y su conexión, así como su estructura, gravitarán como causa y consecuencia de cada kilómetro avanzado. Es claro su vínculo en el proceso de aprendizaje y la cadena de valor que aporta en cualquier industria, el saber estar despierto. Consciente, pues.

2. Personalización y metodología

De la mano con las microescuelas vienen los procesos de inmersión individualizados. Aprender a un ritmo propio no solo aporta la flexibilidad para terminar el videojuego en turno, sino que alienta nuevas formas de enseñanza como el aprendizaje simulado y la educación lúdica, que puede incluir la mecánica y hasta el proceso de construcción del propio videojuego.

De la misma forma que la experiencia de usuario lo ha subrayado ad nauseam, la idea es colocar al estudiante dentro del aprendizaje y abrir así, momentos protagónicos de enseñanza con habilidades colaborativas y un desempeño basado en metas. Un videojuego.

Ahora, si hay tantas fuentes de empleo que se están abriendo bajo un modelo de demanda por proyecto, ¿podría funcionar de la misma manera la educación? Esto se antoja cargado hacia el lado práctico. Solo la adaptación y las características de estos programas hablarán de su relación costo beneficio. Y del impacto en el cultivo de una dimensión humanista.

Con la inteligencia artificial y machine learning, habrá procesos dedicados para conducir análisis estadísticos, predicción de tendencias y modelos basados en datos. Pero la interpretación humana se mantendrá como componente clave. Después de todo, seguirán habitando humanos y el conocimiento teórico, la lógica y el pensamiento crítico aplicado a estos procesos estarán bajo el reflector en esta nueva alfabetización.

También tendrán que evolucionar los métodos de aprendizaje. Por eso los nuevos modelos educativos desestiman los exámenes tradicionales, especialmente aquellos para los cuales se memorizan fardos de información una noche antes con el único fin de sacar una buena nota. Exacto, hazte el desentendido.

Los sustitutos de estos exámenes serán los trabajos de campo. De esta forma no habrá acordeón ni memoria que salve la prueba de aplicar, de manera teórica y práctica, un reto para el cual tendrás que usar un proceso crítico con la aplicación de los conocimientos aprendidos.                        

3. Tecnologías emergentes y aprendizaje virtual

Acceso y calidad en la educación son temas que no pueden quedar nuevamente relegados. Será tan importante modernizar la estructura educativa y hacerla atractiva a la población estudiantil, al igual que radiar su alcance e impacto en todos los niveles comunitarios. Especialmente si se habla de una telepresencia tecnológica.

Un fracaso no se improvisa. La ayuda de la inteligencia artificial, blockchain, realidad virtual, realidad aumentada y el internet de las cosas deberán ser habilitadores que apoyen esta causa. Si solo una élite cuenta con acceso a estos instrumentos y se abre una nueva brecha en la educación, habremos errado una segunda vez. Contra toda lógica deductiva.

Hasta el aprendizaje virtual requiere habilidades y un modelo de aproximación diferente al tradicional. Necesita lecciones y dinámicas específicas que cumplan con el plan de estudios, pero, por principio de cuentas, tiene que lograr que la atención del estudiante se mantenga ahí. Algo que ni el estudio de la materia oscura ha podido estabilizar en la materia gris.

Como la pandemia obligó esta modalidad, con flexibilidad y ensayo se perfeccionará. En poco tiempo habrá casos con mayor eficiencia que en su contraparte presencial. Por eso vendrán modelos híbridos de aprendizaje, en los que solo los cursos que deban ser presenciales lo serán. Las universidades tendrán la exigencia de presentar programas en los que se enseñen habilidades tan relevantes como la práctica del mundo laboral actual. No es que no sea relevante lo que enseñan ahora, pero el futuro no espera.

Tampoco hay una sola respuesta en torno al cambio de mirada en la metodología, pero si en algo hay consenso es en dos situaciones: el modelo actual parece haber llegado a su límite y por otro lado, los proyectos de campo, pasantías y células interdisciplinarias serán la nueva cara de la academia virtual y personal, en células y mirando al espectro laboral.

El sistema educativo no puede ser víctima de programas electoreros ni relegarse al abandono o al interés político. Cualquier discurso en turno celebrará coberturas, planes y proyectos. La realidad es que contamos con una formación mediocre que alienta la desigualdad y revela un proceso de estatismo como sociedad.

En contraparte está la oportunidad de dotarnos como civilización, de un sistema educativo evolucionado, con las herramientas que respondan a las tendencias y exigencias actuales, pero que cuente con las bases culturales y críticas para tener conocimientos que permitan tomar mejores decisiones personales y profesionales.

El planeta vive una agitación en la que es muy fácil confundir prioridades con superficialidades; promesas con discursos; ideas con ideologías y parches con transformaciones. La primera ventaja de la educación es hacer de la confusión, claridad.

Solo así erradicaremos a los blandengues e incapaces.

Contacto:

Eduardo Navarrete es periodista, administrador público y fotógrafo. Se especializa en dirección editorial, Innovación y User Experience. Cofundador de Mind+, arena de entrenamiento para la atención plena empresarial*

Twitter: @elnavarrete

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes México.

 

Siguientes artículos

La nueva vida de las funerarias
Por

Si hay un negocio del que todos seremos clientes, es el de los servicios funerarios. Sin embargo, culturalmente es un as...