Pusiste tu mejor esfuerzo, hiciste las cosas muy bien, te sientes satisfecho con lo que lograste y crees que mereces una evaluación del desempeño bastante buena, pero tu jefe te dice que… mmmm, no tanto. Te dice que lo hiciste bien, pero… no va a llegar esa promoción que crees que merecías, ni ese incremento tan grande como lo esperabas, y tú no entiendes por qué. No sabes qué está pasando y te enojas mucho.

Esta situación es muy frecuente para muchas personas en estos días, y yo entiendo tu desconcierto y sé que después de tu evaluación quizá te quedes muy frustrado y decepcionado, no sólo porque sientes que tus jefes no alcanzan a ver tu esfuerzo, sino porque además, de verdad, no entiendes qué fue lo que sucedió.

Aquí te comparto algunas reflexiones que son el resultado de muchísimos contactos que he tenido con empresas en las que se presenta esa situación. Espero te resulten útiles.

Aunque suene romántico, hay algo que te tengo que decir: cuando algo así te suceda y sientas que no reconocen tu trabajo, no te decepciones, no bajes la guardia, no te quedes con resentimiento y no permitas que la frustración y el enojo te hagan bajar tu desempeño. Eso sólo te va a perjudicar más. Créeme.

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Lo que sí podrías hacer en tu propio beneficio son tres cosas:

  1. Asegúrate de que todas tus acciones, esfuerzos, actividades y, en general, todo tu trabajo esté orientado a lo que tus jefes podrían considerar una “Contribución”.
    Ahí está el principal problema: la mayoría de las personas piensa que hacer un buen trabajo, que haya quedado muy bien o muy bonito, es “Contribuir”, pero en realidad eso no es una “Contribución”. Otras piensan que si te costó mucho esfuerzo, desveladas, sobrecarga de trabajo y estuviste dispuesto a ciertos sacrificios, eso sí es una “Contribución”, pero tampoco lo es.
    Una “Contribución” es aquello que está alineado a lo que tus jefes quieren conseguir, asumiendo, por supuesto, que lo que ellos quieren conseguir está alineado a lo que sus propios jefes quieren, y así sucesivamente hasta llegar a la Dirección General, al Consejo de Administración o incluso hasta los propios accionistas, con lo cual llegaremos directamente a la Misión de la empresa. Si tu trabajo y tus acciones están enfocadas en ello, estarás ayudando a tus jefes a conseguir sus metas, y ellos a los suyos y así sucesivamente, hasta que la empresa consiga sus metas y se capitalice su razón de ser y de existir. Estarás ayudando a que la Misión de la empresa se haga realidad.
    Entonces, “Contribuir” es orientar tu trabajo a cualquier cosa que ayude a que tu jefe consiga sus metas. De nada sirve que hagas un buen trabajo, que te haya quedado bonito o que te hayas esforzado mucho, si no está orientado a las metas de tu jefe; no es contribución y muchas empresas están midiendo a las personas por esto.
    Ahora, para evitar malinterpretación: no estoy hablando de barberismo, sino de tener una conversación madura y profunda con tu jefe de cómo tu trabajo le puede ayudar a él a conseguir sus metas y enfocarte con todo tu esfuerzo y talento en ello.
  2. Es importantísimo distinguir entre esfuerzo y resultado. La mayoría de las personas quiere ser promovida o reconocida por su esfuerzo, pero las compañías promueven y reconocen a las personas por sus resultados, no tanto por sus esfuerzos. Si logras distinguir uno de lo otro y puedes estructurarlo para tener conversaciones frecuentes con tus jefes, seguramente tendrás más probabilidades de éxito en la siguiente promoción.
  3. La actitud. Tu respuesta ante las situaciones, tu comportamiento hacia las personas, qué tan cómodo es trabajar contigo. Eso es importante. Muy importante. Una persona resentida, que se queja todo el tiempo, que desperdicia tiempo justificándose o hablando de los demás o que dice “No” muy frecuentemente, nunca es la primera que sale en la lista de las promociones o reconocimientos.

Así que, si has sentido que no reconocen tu trabajo o que no tienes el crecimiento que desearías, ¡piénsalo! Y comienza a actuar de forma diferente: si tú ayudas consistentemente a tu jefe a conseguir sus metas (es decir, “contribuyes”), y no sólo con tu esfuerzo, sino con resultados medibles (distinguiendo entre esfuerzos y resultados), y si lo haces con una actitud positiva que inspire a otros, el resultado será muy diferente.

Por lo tanto, no se trata solamente de lo que tienes que hacer para que tu trabajo sea reconocido; también se trata de cómo lo haces y cómo eres mientras lo haces.

 

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