Cuando pensamos en industrias o sectores que han sido transformados por la tecnología, es fácil referirnos a ejemplos que vivimos todos los días: el transporte (Uber), el entretenimiento (Netflix o Spotify) o el comercio (Amazon), pero existe un sector donde la disrupción que está provocando la tecnología tiene el potencial de cambiar el destino de comunidades, países e incluso el mundo. Me refiero a la educación.

La liberación del acceso al contenido

En nuestra sociedad, el desarrollo profesional y personal está muy ligado al acceso a educación de calidad, y a su vez, dicha educación está ligada al prestigio de las instituciones educativas. Lo que ha venido definiendo dicho prestigio es la calidad de sus planes de estudio, lo actualizado de sus contenidos y la calidad de sus maestros. Desafortunadamente el acceso a la educación, bajo un planteamiento como el anterior es, en muchos casos, un privilegio de pocos.

Pero ¿qué pasa cuando el acceso a contenido de calidad y profesores de primer nivel se abre al mundo, de manera gratuita o a precios muy accesibles, a cualquier persona conectada a internet?

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A continuación, menciono dos ejemplos de organizaciones que están haciendo justamente esto:

  • Khan Academy y Coursera

En 2004, un joven llamado Sal Khan se entera que su sobrina Nadia, de 12 años, está teniendo problemas en la escuela con la materia de matemáticas. Debido a que Sal vive en Boston y Nadia en Nueva Orleans, Sal comienza a darle clases por teléfono apoyándose con una rudimentaria herramienta por internet la cual le permitía transmitir los ejemplos que utilizaba para explicarle matemáticas como si estuviera compartiendo los trazos de un dibujo.

Dos años después y por recomendación de un amigo, Sal empieza a grabar videos de sus clases y subirlos a YouTube para que su sobrina los pudiera consultar en cualquier momento. Muy pronto Sal se da cuenta que más de 10,000 personas estaban viendo sus videos regularmente.

Así nace Khan Academy, una organización que de manera gratuita ha venido generando un acervo de miles de videos en decenas de idiomas de temas tan variados como las matemáticas, ciencias, ingeniería, computación, economía y finanzas, entre otros, el cual es accedido por más de 100 millones de personas al año. Su misión es proporcionar una educación gratuita de clase mundial para cualquier persona en cualquier lugar. Esta misión atrajo la atención de personas y organizaciones como Bill Gates, Google y Fundación Carlos Slim los cuales a través de donaciones mantienen a Khan Academy operando.

Un caso similar es el de Coursera. Fundada en 2012 por Andrew Ng y Daphne Koller, dos profesores de la Universidad de Stanford, tiene como misión proveer acceso universal a la mejor educación del mundo a través de alianzas con universidades y organizaciones líderes. Actualmente, 149 universidades de 29 países (México incluido) y de tanto renombre como lo son la Universidad de Stanford, Yale o Princeton participan compartiendo contenido sobre temas de educación superior (Negocios, Ciencias Sociales, Ingeniería entre otros).

A diferencia de Khan Academy, el acceso a Coursera tiene un costo mensual y está estructurado en temas o disciplinas los cuales se imparten en cursos con duración de varias semanas, especializaciones que duran varios meses, y grados universitarios que se obtienen en un periodo de uno a tres años, todos con el respaldo de una universidad. Desde su fundación, más de 25 millones de personas han tomado algún curso en Coursera.

¿Cuál será el papel de las universidades en el futuro?

Con ejemplos como los anteriores, el acceso a la educación de calidad está siendo transformado por la tecnología. Hoy podemos tomar un curso impartido por una de las mejores universidades del mundo desde nuestro hogar, gratis o a un costo mucho menor de lo que nos costaría hacerlo de manera presencial. El acceso a la educación se puede simplificar a ser una decisión personal, lo quiero hacer o no. El único requisito es tener acceso a Internet, y la oferta va desde educación básica hasta educación superior.

Partiendo de esta premisa, ¿cuál será el papel que deberán jugar las universidades en el futuro? Cuando la presencia física es cada vez menos relevante y el contenido es ubicuo y gratuito, las instituciones educativas se verán obligadas a replantear su propuesta de valor en un mundo donde el conocimiento se comparte sin restricciones.

 

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