En este modelo de consumo de persona a persona (P2P), o de economía colaborativa, la regulación es sustituida por la meritocracia, así que el papel del Estado es mínimo.

 

Hace unos días descubrí Aliada, una app que permite contratar servicio doméstico por hora. Funciona de una manera muy similar a Uber: a través de la aplicación se describe el servicio que se requiere; por ejemplo, barrer, trapear, sacudir, lavar y planchar ropa, etcétera; se agenda para el día y la hora en que lo necesitemos, y con base en ello se calcula el tiempo requerido y el costo que tendrá; una vez hecha la petición, se contacta a la aliada más cercana y se realiza el servicio. El pago se realiza un día después, únicamente por medios electrónicos, no con efectivo.

Aliada se suma a las cada vez más frecuentes plataformas digitales que fomentan la economía colaborativa o wikieconomía, tal y como la mencionada Uber, aunque también tienen presencia en nuestro país Nubelo y AirBnB. La idea es más o menos simple: se trata de crear un sistema de consumo de persona a persona (P2P), mediado por una plataforma digital en la que se ofrecen ciertas garantías. Es un modelo económico y de consumo que pone a prueba tanto a las grandes corporaciones como las regulaciones laborales y económicas que el Estado tiene.

Y es que este nuevo modelo laboral plantea serios desafíos en materia legislativa, pues su propia naturaleza implica un mínimo de regulación para que funcione de manera adecuada. A final de cuentas se trata de un modelo basado en la interacción entre personas, un trato entre particulares, con reglas que son tan exageradamente claras que moverlas, ajustarlas o intentar que cuadren en marcos jurídicos que ni siquiera contemplan la existencia de dichos modelos, requiere un esfuerzo titánico, si no es que hasta absurdo. Aquí aplica el dicho popular: si no está descompuesto, ¿para qué lo arreglas?

Los componentes de la economía colaborativa en su forma más simple son tres:

  1. Una persona con una necesidad específica. Por ejemplo: tengo que trasladarme de un punto a otro y no tengo auto o no confío en los taxis; quiero alojarme en una ciudad, pero ya no hay disponibilidad hotelera o los precios son exorbitantes; soy un profesional freelancer y quiero tener más trabajo. Estas necesidades, que son relativamente comunes, podrían satisfacerse de forma casi inmediata si estuvieran en contacto con personas que ofertan esos servicios.
  2. Una persona que tiene un bien o una habilidad subutilizada. Es decir, tengo un automóvil y está encerrado en el garaje; soy diseñador y quiero tener más clientes; tengo un departamento que no uso o que deseo rentar sólo a turistas. En este caso, las personas pueden ofrecer una serie de soluciones de forma inmediata y sin necesidad de hacer contratos.
  3. Una plataforma que conecta a los particulares. Y esto es lo más importante: no es la plataforma la que ofrece las soluciones, son los particulares quienes lo hacen. La aplicación media entre ellos, los pone en contacto y ofrece una serie de condiciones y garantías para que ambos puedan sentirse respaldados cuando contratan sus servicios.

Los resultados de la economía wiki son notables. Por una parte se incentiva el emprendimiento, puesto que las personas pueden iniciar negocios con una inversión relativamente pequeña. El servicio es personalizado y personalizable, pues se contrata sólo lo que se desea, por el tiempo que se necesite, sin necesidad de firmar contratos, y además se generan empleos, en una economía que tiende a desaparecerlos.

En el aspecto negativo, la economía colaborativa representa una competencia desleal para ciertos sectores, por ejemplo el transporte público concesionado o los hoteleros, puesto que los particulares que ofrecen soluciones no están reconocidos o licenciados por ninguna entidad para ejercer dichas actividades. No obstante, habría que preguntarse si es necesario, ya que los modelos han probado su funcionalidad.

Por otra parte, el papel del Estado en el modelo económico colaborativo es mínimo, pues ya no es necesario ni para establecer regulaciones sobre competencia, ni para garantizar las condiciones mínimas de los servicios. En buena medida, todo ello se sustituye por un sistema de calificaciones y reputación digital en la que los usuarios dicen de forma sincera quién hace bien las cosas y quién no. La regulación se sustituye por la meritocracia.

En México, la economía informal representa el 27% del PIB. Demasiadas personas que no pagan y evaden impuestos. Además, la sobrerregulación que existe para cualquier empresa limita la competitividad. Impuestos, permisos, seguridad social, criminalidad y corrupción es la barrera que enfrenta cualquier empresa pyme que desea aventurarse en México.

Las plataformas de economía colaborativa presentan un modelo disruptivo en la política laboral y fiscal, pues se habla de actividades totalmente lícitas, pero no reguladas, que han resultado en derrama económica y generación de empleo. En todo caso, habría que prevenir y fomentar la sana convivencia de todos los modelos de negocios. Al final, los usuarios tendrán la última palabra.

rubén

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