El paraíso corporativo existe, gánatelo

Steve Jobs en 1985 (Foto: Ann Yow-Dyson para Reuters).

La capacidad de un CEO para aprender y ver siempre la forma de guiar a una empresa hacia el camino correcto y positivo es algo que cualquier empresa desearía.

 

Dando continuidad en este espacio a la importancia que tiene la simbiosis entre un CEO y su marca, y de los peores hábitos que pueden llevarlo al infierno corporativo, es importante destacar algunas de las virtudes y mejores prácticas del líder que asume ser el principal responsable de construir el cielo de una empresa.

Tener una actitud y mente abiertas es fundamental, ya que un líder receptivo siempre estará dispuesto a escuchar, aprender y mejorar a partir de la interacción con sus empleados, colegas y sobre todo con sus clientes.

Renovarse o morir, así reza una de las máximas de vida y de negocios. Para un capitán no es la excepción. Nuevas ideas, nuevos retos y nuevas metas son las constantes motivaciones del Director General moderno, y justo es la pasión y coraje lo que lo llevará a conseguir esos objetivos; el contagio será un simple trámite. De arriba hacia abajo se permea la pasión por el oficio y la profesión para que toda la organización lo proyecte hacia afuera.

Un eterno aprendizaje es una de las enseñanzas monumentales de los grandes líderes en cualquier sector. Ver una oportunidad donde otros ven una dificultad es una facultad que no todos tienen. Cuando se hace la analogía de construir el cielo para no caer en el infierno, nos referimos a la capacidad de un CEO para siempre ver la forma de guiar a una empresa hacia el camino correcto y positivo; y, en este sentido, el líder que es capaz de aprender, es aquel que cualquier empresa desearía.

La comunicación, en este afán, supone ser el eje rector de toda una organización, de tal manera que un CEO que vive de las relaciones no puede darse el lujo de no saber comunicarse. Pero no sólo se trata de saber hacer networking, sino de comunicar, también, hacia dentro, la misión, la visión y, sobre todo, los valores que una marca desea ponderar en cada uno de sus empleados. En este punto, la responsabilidad sí recae completamente en la cabeza del grupo.

Una vez que se tiene claro que la comunicación será la base para transmitir la Promesa de Marca a sus stakeholders, la motivación será un factor fundamental para construir el anhelado cielo de una empresa.

Aquí hay que tener mucho cuidado, ya que no se trata solamente de ofrecer recompensas por un trabajo bien hecho (hasta cierto punto, un buen trabajo es obligación de cada empleado). Se trata de buscar y provocar un bienestar emocional, y esto se logra desde preguntar “¿cómo estás?” hasta involucrarse en sus necesidades relacionadas con su trabajo, de tal manera que pueda lograrse una motivación global y contagiosa.

Recordemos que, aunque cada uno tiene objetivos personales distintos, al estar en la misma empresa se comparte una misma meta y cada esfuerzo se hace en pro de conseguir sus objetivos de negocio. Esto se ve reflejado en una de las frases escritas por el novelista francés Alejandro Dumas en su obra Los tres mosqueteros: “Uno para todos, todos para uno”.

Tener los ojos bien abiertos es justo donde se ve la madera de la que está hecho un gran líder. Esos pequeños aspectos donde se puede filtrar un mal funcionamiento suelen pasar desapercibidos para el común de las personas, pero no para el capitán, capaz de notar hasta el más mínimo detalle.

La imagen en Relaciones Públicas es la sal del oficio. Pero no se trata de vestir bien o combinar camisas con corbatas. Se trata de proyectar la personalidad de una empresa en la vestimenta, el vocabulario, el lenguaje no verbal y hasta la forma de caminar y sonreír. El discurso de un CEO debe ser el de toda una empresa. Una gran responsabilidad que, sin duda, no es fácil de llevar a cabo.

Y así llegamos al valor por excelencia: el respeto. No importa si se trata de una relación laboral, familiar o personal, si no hay respeto difícilmente se puede lograr algo bueno. Si hablamos de un Director General o de toda una empresa, las relaciones y la comunicación deberán tener como base este valor, el cual implica reconocer cuando los empleados realizan bien su trabajo o retroalimentar sus áreas de mejora y oportunidad, invertir en el desarrollo y capacitación del capital humano, así como compensarlos adecuadamente en relación con sus responsabilidades.

Más que una característica del líder de un corporativo, el respeto implica ser asumido como un reto de vida. Así que conociendo la manera en que un CEO debe relacionarse para comunicar a todos sus stakeholders la Promesa de la Marca, evalúe: ¿ya está preparado para construir el cielo y vivir en el paraíso?

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