Cualesquiera que sean tus motivaciones, se te puede volver adictivo agregarle valor a tus clientes o consumidores.

 

 

No existe empresa u organización que no aspire a innovar. Pese a las mejores intenciones, no todas lo consiguen. En otras palabras: los seres humanos que lideran estas empresas y organizaciones aspiran a innovar, y son ellos los que motivan la generación de nuevas ideas para el lanzamiento de productos novedosos. Detrás de esa intención existen motivaciones y elementos que mueven, inspiran o empujan sus acciones. Analicemos las más comunes y relevantes.

 

1. Crecer

Todo ser humano desea crecer, progresar, ser mejor, y que su empresa u organización también crezca, progrese y sea cada vez mejor. Al igual que una madre o padre de familia dibuja una regla métrica en el marco de la puerta para medir el crecimiento de sus hijos, todos poseemos un instinto que nos impulsa hacia arriba: si hoy vendemos 10 productos, mañana buscaremos que sean 15; si hoy contamos con una planta de producción, mañana aspiraremos a tener dos; si hoy sólo exportamos a Estados Unidos, mañana nos esforzaremos para extender nuestras fronteras hasta Europa y Asia; si hoy distribuimos cuatro marcas, mañana nos empeñaremos en que sean seis; si hoy gozamos de una rentabilidad de 6%, mañana lucharemos por alcanzar 8%. Los inversionistas deciden financiar una u otra acción de acuerdo con el crecimiento ofrecido por el presidente ejecutivo –figura a la que nos referiremos como CEO, por las siglas en inglés de chief executive officer– y lo que se infiere de sus análisis.

 

2. Ser protagonistas

El deseo de atraer los reflectores, lucirse, ser reconocido, celebrado y convertirse en protagonista es otra motivación poderosa para innovar, lograr que alguien sacrifique tiempo, esfuerzo y recursos en mejorar su empresa, impulsar a grupos enteros a desvelarse y alejarse de sus familias para encontrar oportunidades, planear, conceptualizar, lanzar nuevos productos y servicios, así como medir los resultados. Desde sus primeras etapas de crecimiento el ser humano busca la aprobación, el reconocimiento, los aplausos y los premios: cuando innovamos y lanzamos productos o servicios, de manera consciente o inconsciente buscamos el protagonismo. Salvo contadas excepciones, los CEO, directores y dueños de empresas aspiran a ocupar las primeras planas y portadas de periódicos y revistas, en busca de que otros hablen de ellos, citen sus frases, tomen sus ideas como modelos, además de ofrecer conferencias para contar sus historias. Todos aquellos que han saboreado las mieles del reconocimiento no pretenden dejar de serlo: en cuanto otros líderes comienzan a ocupar mayores espacios que ellos, se genera la urgencia interna por innovar y retomar el lugar conquistado.

 

3. Acumular y dominar

Otro instinto que nos mueve para innovar es la acumulación, que se vincula de manera directa al dominio. Al acumular y aprovechar en forma correcta participación de mercado, marcas, plantas de producción, sistemas, activos, licencias y patentes, se obtiene el dominio sobre un mercado, una categoría o sobre la propia competencia. Ese poder, esa posibilidad de hacer, controlar, poseer lo que otros desean y convertirse en un gran proveedor, no sólo en casa, sino entre la comunidad, es uno de los principales motores del ser humano.

A lo largo de la vida coleccionamos objetos, que es otra manifestación clara de la acumulación: recabar la mayor cantidad posible de algo. Para conseguir la mejor colección aplicamos estrategias, como ser los primeros en llegar a la tienda para contar con las mejores oportunidades de adquirir la nueva versión de esos objetos, o bien intercambiamos los repetidos con otros amigos y ahorramos dinero para adquirir una nueva pieza. En el caso de los ejecutivos, emprendedores y empresarios, las estrategias para acumular giran en torno de la innovación y el lanzamiento de nuevos productos o servicios.

 

4. Defenderse de la competencia

El miedo mueve montañas. Protegerse de los movimientos y ataques de la competencia es otro motivador vital tras la innovación y el lanzamiento de bienes al mercado. Ya vimos que las tres primeras motivaciones se relacionan con el crecimiento, el protagonismo y el dominio, lo cual sólo se logra a costa del competidor. En otras palabras, si tú no te mueves, otros sí lo harán y te vencerán.

Mercado sólo hay uno: por más que éste se incremente, una vez ocupado por el competidor te será muy difícil ganarlo. Innovar es una estrategia de protección de tu territorio, de lo acumulado, del protagonismo, del prestigio y de la reputación, y en muchos casos de los bonos que nos ofrecen para mantener el liderazgo y el crecimiento sostenido.

 

5. Tener lo básico en orden

Muchas empresas buscan innovar en muchos aspectos, al menos para mantener en buen estado los aspectos básicos de sus negocios o productos: empaques, tapas, sabores, almacenaje, tecnología, logística, producción y el ambiente en que se desenvuelven los colaboradores. Hasta cierto punto, estas empresas buscan el mantenimiento y actualización de instalaciones, sistemas, procesos y productos. En muchos casos algunos monopolios o empresas lideradas por ejecutivos pasivos llevan a cabo este modelo de innovación tan sólo para mantener la operatividad y la dignidad. En cuanto a las empresas innovadoras, éstas buscan cambios radicales que, además de garantizar el orden básico, proporcionen beneficios y ventajas adicionales.

 

6. Proveer un mayor valor a la sociedad

Existen muchos líderes, emprendedores y ejecutivos impulsados por una motivación legítima de agregar valor a la sociedad, mejorar sus vidas y solucionar algo de lo que ellos mismos hayan carecido o padecido. Al tratarse la razón implícita para actuar, parece contradictorio que resulte una motivación más en vez de constituir el centro de cualquier innovación.

Muchas innovaciones se han logrado como producto del ego, de la búsqueda de poder, de la ambición de acumular y del protagonismo. No soy el indicado para juzgar si eso está mal. Sin embargo, existen muchos individuos que, más allá de los resultados alrededor del poder y la riqueza que impliquen sus éxitos, encuentran sus verdaderas motivaciones en el mercado, así como en el bienestar y felicidad de las familias. Sin duda, el mejor de los mundos sería aquel donde todos fueran motivados por esto último… pero vivimos en un mundo imperfecto y debemos adaptarnos a él; eso sí, sin dejar de ambicionar y poner nuestro granito de arena para mejorarlo.

Agregarle valor a nuestros clientes o consumidores se puede volver adictivo debido a la satisfacción que provoca y la gratitud que recibimos. Lo ideal es entrar en un proceso de innovación continua en el que siempre se atiendan las tendencias y deseos de los consumidores, además de llevar al máximo las posibilidades de los avances tecnológicos y nuestras capacidades operativas.

 

7. Dejar huella, trascender

No podemos afirmar de manera categórica que las personas motivadas por el beneficio social trasciendan más o menos que aquellas impulsadas por el ego, ya que en el mundo de la innovación existen unas y otras. Lo cierto es que mucha gente que se desempeña como el motor principal detrás del desarrollo de nuevos productos, servicios, espacios y procesos busca trascender y ser recordada, que es una ambición muy vinculada con el protagonismo; por ejemplo, que después de fallecida se inauguren calles con su nombre o que sus nietos los mencionen como una ascendencia ejemplar.

En su famosísima pirámide de motivaciones del ser humano, Abraham Maslow colocaba la trascendencia como la última pero importante motivación: aquella que, una vez satisfechas las básicas, es considerada por todos nosotros. Esto no significa que al morir nos dispongamos a disfrutar que otros nos mencionen e idolatren, sino que comenzamos a disfrutar la trascendencia en vida, al albergar la posibilidad de pasar a la historia y convertirnos en un parteaguas en la existencia de otras personas.

 

8. Emular a los grandes

Una última motivación surge del sentido de comparación cuando vemos a otros seres humanos innovar, agregar valor a la sociedad y lograr grandes proezas. Grandes figuras empresariales, políticas, artísticas, científicas, académicas y religiosas han sido ejemplos a seguir que buscamos para emularlas y ubicarlas como fuente de inspiración de nuestras propias vidas.

Existen cientos de películas que cuentan la historia de pensadores e innovadores, las cuales inspiran a miles de personas a emprender algo por ellos mismas: a arriesgarse. En otras palabras, nos sentimos contagiados por el anhelo de trascendencia.

¿Cuál es tu motivación?

 

Nota: Extracto del libro Innovation Home Runs, que próximamente será publicado por Penguin Random House Grupo Editorial, a través de su sello Conecta.

 

 

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