República Dominicana podría con­vertirse en la meca de las propiedades inmobiliarias del Caribe. Así que, auge o caída, ninguna; es el progreso de una eco­nomía en crecimiento.

 

Por Steven Ankrom

 

Como la mayoría de los países de todo el mundo, la República Domi­nicana se vio afectada por el periodo de auge y caída de la última década en el sector inmobiliario. El boom comenzó en 2004, después del paso de una crisis bancaria local. Muchos consu­midores con dinero ahorrado empezaron a invertir en bienes raíces, considerándolo una buena oportunidad de inversión. Tanto pequeños como megaproyectos surgieron en todo el país, convirtiendo en popular al turismo residencial. Luego vino la gran crisis financiera mundial, a finales de 2008, que puso fin a muchos desarro­llos inmobiliarios.

Con el auge llegó una caída, como sucede normalmente. Sin embargo, para la República Dominicana tal vez esto no debería ser llamado un fracaso, sino un retroceso o desaceleración, o más bien una oportunidad de enmendar errores, solu­cionar problemas y organizar el sector.

Algunos de los problemas del sector se suscitaron por los precios de 2008 en determinadas zonas geográficas del país, donde se salieron de control. De repente, todos querían ser desarrolladores o agentes de bienes raíces, atrayendo al ámbito de las ventas de bienes raíces y el desarrollo inmobiliario, a personas sin experiencia ni formación ni apoyo financiero. Algunos proyectos fracasaron y otros se terminaron con muchas limitaciones, arriesgando la calidad prometida. También hubo problemas con los títulos, así como el abuso y la mala gestión de los fondos, sólo por citar algunos temas.

Un avance rápido ha sido el inicio de 2014, en que hay un desvío de la página. Muchos de los que tienen menos expe­riencia en el campo o que acabaron en él por obtener dinero rápido, ahora han salido del panorama dejando al frente a los más fuertes desarrolladores, promoto­res, agentes y empresas de venta de bienes raíces. A pesar de que la financiación sigue siendo una dificultad en el curso local, los desarrolladores están haciendo planes, construyendo y ampliándose. El corazón de Santo Domingo se está convirtiendo en la metrópolis vertical del Caribe. En las zonas de playa que promueven el turismo residencial a clientes locales y extranjeros como Juan Dolio, Punta Cana, Las Terre­nas y Cabarete, los proyectos estancados finalmente empiezan a entregarse y los nuevos inician a paso lento o están en pro­ceso de planificación.

Algunas de las limitantes más grandes del sector se están abordando. La Jurisdic­ción Inmobiliaria, a través de sus órganos, ha logrado agilizar y acortar, en muchos de los casos, los tiempos de espera. Con estos avances ha brindado seguridad jurídica a los inversores locales e internacionales, obteniendo un progreso real en la materia. La Asociación de Empresas Inmobiliarias está trabajando arduamente sobre la legis­lación que regulará las normas y regla­mentos para las ventas dentro del sector, a fin de proteger tanto al consumidor como al desarrollador. Ya se ha avanzado en este tenor, con el depósito de un borrador de la legislación al Poder Ejecutivo. Esto creará un verdadero campo de agentes inmobiliarios capacitados y con licencia, que tienen que trabajar dentro de un código de conducta, similar al que existe en Estados Unidos con la Asociación Nacional de Agentes Inmobiliarios.

El resultado de los últimos años, desde la crisis mundial, ha sido la organización del sector localmente, ayudando a la industria a tener un crecimiento sosteni­ble real. El turismo residencial ha provo­cado la generación de nuevas formas de inyección monetaria en la economía local, ya que el sector inmobiliario requiere el uso de bienes y servicios necesarios para satisfacer a sus clientes y visitantes, que van desde supermercados, colegios y far­macias, hasta restaurantes, tiendas de muebles y más.

Todo es parte del crecimiento que llevará a la República Dominicana a con­vertirse en la meca de las propiedades inmobiliarias del Caribe. Así que, auge o caída, ninguna; es el progreso de una eco­nomía en crecimiento.

 

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Página web: Grupo Ankrom

Steven C. Ankrom es presidente de Grupo Ankrom.

 

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes México.

 

 

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