Para Mare y Bart, con amor supremo.

En 1965, dos años antes de su muerte, el saxofonista John Coltrane lanzó el que quizás sea su disco más emblemático, A Love Supreme, un compendio de tres piezas de largo aliento, el cual sintetiza en cierta forma el cambio radical de rumbo sonoro emprendido en 1962 por el saxofonista. Fuertemente influenciado por África y la India, A Love Supreme destaca por el uso de escalas árabes e hindúes, que ponían en jaque al jazz moderno hecho hasta la fecha, con un matiz prominentemente espiritual, en forma de lo que hoy se conoce también como uno de los álbumes quintaescenciales del hard bop.

En algunas entrevistas de la época, John Coltrane afirmaba que fue A Love Supreme un disco en el que el viaje espiritual, el despertar y el alumbramiento fueron el norte principal de sus linderos. Fue ese amor supremo en el que el saxofonista encontró el cauce a su incesante flujo creativo, derivado en buena medida por la influencia de su relación musical y sentimental con Alice Coltrane, a quien conociera dos años antes y dejara viuda con cuatro hijos en 1967, tras morir de cáncer en julio de ese año.

Para muchos, la obra de John Coltrane ha sido un talento que eclipsaba no sólo a los músicos con los que tocaba, sino que también ha pesado en la historia sobre la de su esposa. Pero es justo en la vida y música de Alice, revalorada especialmente en las últimas dos décadas, en donde se encuentra con mayor claridad el sesgo más espiritual del jazz y la búsqueda genuina de un lenguaje que comunique con lo intangible, misma que ha trascendido los límites del género.

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Proveniente de familia de músicos, Alice Coltrane (Detroit, 1937-Los Ángeles, 2007) fue una de las pioneras de renombre en poner el arpa en el mapa del jazz, instrumento atípico para el género, el cual también han ejecutado con maestría músicos como Dorothy Ashby o Deborah Henson-Conant.

Tras la pérdida de su marido en 1967, derivado de cáncer de hígado, Alice, de 30 años, comenzó una nueva etapa con sendas dificultades de salud, sufriendo una dramática pérdida de peso y fuertes episodios de insomnio y alucinaciones.

En dichas alucinaciones, Alice afirmaba que los árboles le hablaban, además de que diversos seres que existían en planos astrales intentaban comunicarse con ella y los sonidos de “un éter planetario” se movían a través de su cerebro, haciéndola caer en una inconsciencia aterradora. A partir de entonces, la música meditativa fue el vehículo de Alice Coltrane para ir encontrando un camino fundamental para encontrar paz interna.

No es de extrañar entonces que los discos más reconocidos de la también organista y pianista sean los del periodo perteneciente a finales de los sesenta y principios de los setenta, editados bajo el sello independiente Impulse!, en donde también se publicaron los últimos trabajos de su marido. En su momento, los discos de Alice no estuvieron exentos de diatribas y críticas negativas que argumentaban “grandilocuencia innecesaria” y “espiritual ramplona y efectista”.

Durante esa segunda época, tras un viaje a la India, Alice optó por meterse de lleno a la religión hinduista, siendo rebautizada, por así decirlo, bajo el nombre en sánscrito de Turiya Sangitananda, que significa algo así como el estado de consciencia plena, superior a los tres ordinarios en la filosofía hinduista: el durmiente sin ensueños, el ensueño del durmiente y el estado habitual de vigilia.

Tras ese periodo de sufrimiento, al que Alice Coltrane se refirió en varias ocasiones como “tapas”, o un periodo vital de juicio, la arpista se fue alejando poco a poco del jazz para sumergirse de lleno en la religión y la música meditativa de corte plenamente espiritual.

Fue en 1975 que Alice Coltrane, quien se fuera a vivir a California tres años antes, fundara el Centro Vedántico, centro que establecería un monasterio cerca de Malibú en 1983, llamado Shanti Anantam Ashram, al que a la postre se le cambiaría el nombre por el de Sai Anantam Ashram in Chumash Pradesh, siendo Alice la principal swamini, o guía espiritual del lugar.

Aquella temporada fue crucial para la obra musical de Alice Coltrane, quien, de mediados de los ochenta hasta mediados de los noventa, editó de forma completamente independiente cuatro trabajos lanzados en formato de casete, difíciles de conseguir y poco escuchados a la fecha. Esas grabaciones contienen música compuesta por Alice, quien inspirada en la música gospel de las iglesias de Detroit en las que creció, sumando las sonoridades devocionales indias, son hoy en día el corpus más profundo de su obra y para algunos el reflejo más fiel de su alma.

Música de largo aliento, en cierto sentido hipnótica y susceptible de trance, ese periodo de Alice Coltrane ve por fin la luz este año, con el retrabajo y reedición de dicha obra bajo el sello Luaka Bop, comandado por David Byrne, ex vocalista del afamado grupo Talking Heads.

Trascendencia, transfiguración, divinidad y eternidad; música con sustancia y de un valor histórico incalculable, por decir lo menos, esta compilación consta de diez cortes fundamentales para entender a una de las mujeres más profundas y espirituales de la música contemporánea, en donde se funde un talento musical incomparable y un diálogo íntimo con el espíritu humano, motivo de celebración, asombro y regocijo.

El primer volumen de esa travesía, llamado The Ecstatic Music of Alice Coltrane Turiyasangitananda, acaba de ver la luz este mes de mayo de 2017 y se encuentra ya disponible en diversos formatos físicos y plataformas digitales. Supremo es un vocablo en el que se reconoce algo que tiene el grado más alto, o no tiene superior en su especie, como la música de John o Alice, como el amor, o el espíritu supremo que da sustento a nuestra existencia.

 

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