El avance de las ciencias sociales depende, en buena medida, del desarrollo de un procedimiento para el análisis de fallos potenciales.

 

Por Marcelo Delajara

Hace unos días tuvo lugar el primer Coloquio sobre Complejidad Social y Políticas Públicas, organizado por un grupo de economistas del CIDE (Centro de Investigación y Docencia Económicas). En el ámbito de la economía, la complejidad tiene que ver con dos elementos que, en general, se dejan fuera del análisis tradicional: la heterogeneidad de los agentes económicos (sean éstos consumidores, familias o empresas) y la reacción de dichos agentes al contexto agregado determinado por sus propias acciones. Dicha complejidad sólo se analiza actualmente en el ámbito de los denominados Agent-Based Models (ABM).

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Entre las estrellas académicas invitadas al coloquio destacó el doctor W. Brian Arthur, precursor de los ABM y del análisis de la complejidad económica desde hace más de dos décadas. La exposición de Brian Arthur fue fascinante: su objetivo fue hacernos pensar acerca de un tema que los economistas normalmente o rehuimos o no aceptamos como relevante: la dificultad para analizar la economía cuando ésta no funciona bien, o para prever que algo eventualmente puede andar mal. Brian Arthur, que originalmente estudió ingeniería eléctrica, propone incorporar en el tool-kit de los economistas una versión del “análisis de modo y efecto de las fallas” (FMEA, por sus siglas en inglés) que usan diversas industrias manufactureras y de servicios para analizar los fallos potenciales de un producto o sistema.

El académico comentó que la insistencia en la idea de “equilibrio” ha llevado al análisis económico a soslayar lo que pasa en la economía en las situaciones de desequilibrio. En los modelos que utilizan los economistas, el comportamiento “posible” de los agentes económicos es aquel que los lleva al equilibrio. Así, queda descartado de antemano un conjunto de resultados “no consistentes con el equilibrio”, sobre los cuales los economistas, al otorgarles una probabilidad muy baja de ocurrencia, no piensan lo suficiente. Eso explicaría, según Brian Arthur, la razón por la que los economistas tienen la dificultad de prever resultados que se generan de manera vertiginosa “de la nada”, como las burbujas inmobiliarias, hiperinflación, desempleo elevado o la crisis financiera global.

De esta manera, Brian Arthur opina que la elaboración de teorías económicas debería incluir un procedimiento de “análisis de fallas”. Ello implica desviarse un poco del razonamiento deductivo típico de la economía e incorporar algo de inducción. En otras palabras, intercambiar el papel de las premisas y la conclusión en el argumento lógico. El investigador justifica esta desviación señalando que el estudio de sistemas complejos, donde interactúan agentes muy heterogéneos, ha mostrado que “las fallas” surgen primero de desviaciones muy locales; luego se magnifican.

No sólo la economía, sino todas las ciencias sociales, están sujetas a esta crítica. Brian Arthur señaló como “fallas” algunas de las graves consecuencias de la caída del bloque soviético (la tasa de mortalidad se disparó en Rusia a niveles no vistos en muchas décadas y el capitalismo no tomó la forma que se esperaba) o de la guerra de Irak (la democracia no surgió espontáneamente después de la invasión de EU). Estos eventos tuvieron resultados no contemplados en los modelos de ciencias políticas o de relaciones internacionales.

El investigador puso especial énfasis en la necesidad de considerar las crisis como situaciones en las que la economía y la sociedad operan en modo de falla. Por ello, no hay que exagerar y considerar que todo nuestro conocimiento actual en ciencias sociales es inútil. No obstante, es conveniente dedicar más recursos y tiempo a mejorar estas ciencias. Una manera es promoviendo el desarrollo y uso de los ABM. En ello, el CIDE y su División de Economía, claramente llevan la ventaja. Entre otros proyectos, este centro desarrolla un programa de complejidad en su Laboratorio Nacional de Políticas Públicas, y regularmente imparte talleres sobre sociomática y complejidad económica. Asimismo, economistas del CIDE han participado en la elaboración del Atlas de Complejidad Económica de México, junto con personal de la SHCP y académicos de la Universidad de Harvard.


Marcelo Delajara (@MarceloDelajara) se doctoró en Economía en la Universidad Pompeu Fabra (Barcelona, 1999). Fue profesor, investigador y consultor en diversas instituciones (UDLA-P, CIDE, BID, PNUD, Banco Mundial y Banco de México, entre otras). Actualmente es investigador del Centro de Estudios Espinosa Yglesias (CEEY). Las opiniones de Marcelo Delajara son a título personal y no representan necesariamente el criterio o los valores del CEEY.

 

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