La histórica y exacerbada exposición mediática que envuelve al virtual presidente electo de México a un mes de su contundente y aplastante victoria en el proceso electoral, ha acentuado la violencia política y la polarización entre la población, fuera y dentro de las redes sociales.

Los debates diarios respecto al precoz destape de su futuro gabinete se agudizan cuando las críticas de la ahora oposición cuestionan hasta la más mínima de las declaraciones. Andrés Manuel consagró benditas a las redes sociales no sólo por el triunfo que le ayudaron a consolidar, sino por lo que posterior al triunfo han conseguido.

Parece que falta una eternidad para que llegue ese tan anhelado momento, esperado por más de doce años, en el que con la banda presidencial conduzca las riendas de un nuevo proyecto de Nación. Una eternidad que hoy ofrece la oportunidad de hacer política e influir políticamente en asuntos de la agenda nacional sin tener aún la constancia de mayoría.

México es uno de los países en los que más tiempo tarda un candidato electo en asumir el cargo; por ejemplo, en Estados Unidos, posterior al Super Tuesday que es en Noviembre, el Inauguration Day llega a escasos dos meses de cerrado el proceso electoral. En España, a diferencia de Francia en donde el presidente electo asume el cargo a quince días de la elección, el primer ministro español forma gobierno cuatro meses pasadas las elecciones.

PUBLICIDAD

Canadá, siguiendo la tradición británica de la formación de gobierno en once días, ve al líder del partido político con más distritos ganados asumir el cargo de primer ministro, y conformar un gobierno bajo la autorización de la Corona Británica.

Las ventajas de una ágil y pronta transición llegan a países con una tradición de gobierno en la que la continuidad es apreciada, y no es aceptable empezar de cero cada que se renueva un ciclo de gobierno (ya sea a nivel local o nacional).

No es coincidencia que en los países con una expedita transición, el desarrollo del sistema electoral se acompañe de segundas vueltas en las que se permita al electorado refrendar o replantear la intención del voto únicamente hacia los dos punteros de la contienda.

A treinta años de una de las elecciones más controvertidas de nuestra historia política, las reformas al sistema electoral no han logrado abrir la oportunidad a la segunda vuelta, incluso cuando los candidatos electos a la presidencia de la República no han ganado con al menos el 50% del padrón electoral.

En América Latina, la incorporación de la segunda vuelta en las elecciones presidenciales se ha vuelto una práctica cada vez más común, debido a que esta ofrece estabilidad al sistema de multipartidos. Al alcanzar un resultado de mayoría absoluta y no relativa, las segundas vueltas también ofrecen un panorama más confiable para la democracia al interior de los poderes legislativos.

Aunque lamentablemente en México se favoreció la eliminación de la pluralidad en las Cámaras, en otros países es ahí justamente donde surgen los contrapesos reales y el equilibrio de poder.

Por ejemplo, Trump quien se ufana de haber puesto fin al establishment, sin importarle que en el país de las libertades y la democracia, el Ejecutivo sobrepase sus atribuciones y caiga en el autoritarismo con el pretexto de arrancar las instituciones (para recuperarlas) de manos de la clase política estadounidense; de cara a las elecciones intermedias del próximo noviembre, lanza constantes diatribas para ganar tiempo y hacer política en las “benditas redes sociales”.

Sin duda alguna, el proceso político en México sería más eficiente y confiable con un consenso más amplio (que no es lo mismo que una mayoría impositiva), un sistema de partidos más competitivo y una agenda política más dinámica si tuviera incorporada la  mancuerna extraordinaria en la que se lograra acortar el tiempo en el que el candidato vencedor pudiera comenzar a gobernar y además hubiera una segunda vuelta.

Esto permitiría eliminar la especulación, la incertidumbre, el debate no propositivo y la polarización que vivimos hoy en día, fortalecería el diálogo entre la población y su próximo gobierno.

Como asidua participante de las redes sociales, no hay momento en el que no repase en mi mente la frase de Jesús Reyes Heroles, “La forma es fondo”, ya que en todo este preámbulo de nuestro próximo gobierno hay poca forma y mucho fondo.

 

Contacto:

Correo: [email protected]

Twitter: @ArleneRU

Linkedin: Arlene Ramírez-Uresti

Google+: Arlene Ramírez

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes México.

 

Siguientes artículos

Los suizos ni más inteligentes ni más honrados
Por

México reclama buen gobierno. Se abre una oportunidad con la nueva administración, pero se requiere del entendimiento y...