Una persona, independientemente de su salario, puede tener un gasto de entre 16,000 y 18,000 pesos anuales en este tipo de antojos y no darse cuenta.

 

 

La temporada en que los gastos hormiga se incrementan sensiblemente ya está aquí y debemos extremar los controles y acentuar los cuidados para que todas las precauciones y prevenciones que hemos hecho durante el año no se vayan por la borda. Los gastos hormiga son esos pequeños egresos que hacemos, casi sin darnos cuenta, que a simple vista pasan inadvertidos y, por lo mismo, pueden convertirse en una gran fuga de capital.

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Un típico reflejo del gasto hormiga es ese dicho popular de “¿qué tanto es tantito?”, y que abarca una lista de caprichos y consentimientos con los que nos damos gusto frecuentemente y que pueden devorar parte del ingreso mensual. Ahí encontramos el paquete de chicles, el cafecito para arrancar el día, la revista, las propinas, las salidas a comer, las reuniones con los amigos, el suéter, la sudadera, la bolsa de botanas… y así podemos seguir enunciando esas compras según los hábitos de consumo de cada persona. O, en el campo empresarial, los gastos de papelería, los gadgets electrónicos, los enseres de cafetería…

Casi sin fijarnos, algo que parece nimio e irrelevante, se convierte en nuestro peor enemigo. Así, de manera inconsciente se llevan a cabo decisiones sobre el destino del dinero que se alejan del plano racional, y a veces invaden el terreno emocional. Se compra, y en ocasiones se adquieren cosas innecesarias, irrelevantes o inútiles, por impulso. Según datos del INEGI, los gastos hormiga representan el 12% del ingreso mensual. Según la Condusef, una persona, independientemente de su salario, puede gastar entre 16,000 y 18,000 pesos anuales en este tipo de antojos y no darse cuenta. Esta cantidad responde a un gasto semanal de aproximadamente 300 pesos asignados principalmente a la compra de alimentos en la calle, a boleadas de zapatos, a golosinas o al dinero que se les da a los niños para ir a la papelería, por ejemplo. En términos empresariales es fácil encontrar los gastos hormiga; generalmente se les clasifica en el rubro de “otros gastos”.

Ese monto en el presupuesto personal puede representar el pago de un mes de hipoteca, de varias mensualidades del auto, el pago de la inscripción de la escuela o el importe de unas vacaciones familiares. Lo que pasa es que de poquito en poquito abrimos un boquete sin darnos cuenta. Pagamos 40 pesos por un café, sin darnos cuenta que al mes un café diario puede importar 12,000 pesos. El gasto hormiga no tiene que ver tanto con el monto de lo erogado sino con la forma distraída en que se hace.

En la temporada decembrina, la oportunidad para hacer gastos hormiga aumenta y puede llegar a llevarse el importe total del aguinaldo. Por ello hay que estar atentos ante las tentaciones. En esta época, la oportunidad para gastar se incrementa. Queremos comprar regalitos para todo el mundo, y aunque compramos pequeños detalles, al final terminamos pagando cuentas enormes. También, con el espíritu navideño, deseamos que Santa Claus deje en el arbolito regalos que son el anhelo de los niños y que tienen un precio superior al que en realidad se puede pagar de acuerdo con el ingreso. O bien, ante el disfraz de meses sin intereses le damos vuelo a la tarjeta de crédito, como si pagar fraccionado significara un sacrificio menor.

El principal antídoto es poner atención y tener una estrategia de ataque para no descontrolarse con el gasto hormiga. Lo primero es hacer una lista de gastos. Luego, dividir la lista en dos secciones: una con los gastos fijos, es decir, con aquellos gastos recurrentes e importantes que sirven para sustentar la cotidianidad (el pago de alimentación, vivienda, servicios, transporte y salud, que son los más controlables porque son los más conocidos y los que implican mayores cantidades de dinero y mayores consecuencias en casos de incumplimiento), y otra sección son los variables, o sea, calzado, ropa, cuidado personal, diversiones (aquí la cosa se complica un poco, ya que los importes no son tan grandes y parecen menos gravosos). Hay que totalizar el importe de las dos secciones de la lista y ser conscientes de lo que esos montos reflejan.

Con la cantidad final de los gastos hay que hacer una comparación contra el total de los ingresos y valorar el porcentaje que los egresos representan contra los ingresos. También una calendarización de los momentos en que se generarán las entradas y salidas de dinero. Esto nos dará una idea muy cercana del manejo que estamos haciendo en términos de flujo de efectivo y de pérdidas y ganancias de nuestro dinero. Sabremos, a partir de esta comparación, si tenemos excesos o insuficiencias de fondos.

Registrar por un mes todos sus gastos tiene grandes ventajas: nos ayudará a conocer la situación que guardan nuestras finanzas personales. Cuidar las finanzas corporativas es un imperativo. Luego de realizar dicho registro, tenemos elementos para determinar qué se puede recortar. Este paso se facilita cuando hace la suma de cuánto de su sueldo se consume en refrescos, botellas de aguas, dulces y golosinas, o regalitos y compras a meses sin intereses.

Un buen plan estratégico para controlar los gastos hormiga es reducir al mínimo las compras por impulso y asignar una cantidad fija para las diversiones de la semana o el mes, y tratar de ajustarse a esa medida sin rebasar las cantidades asignadas. Mientras mayor conciencia se tenga de este tipo de gastos, mejores serán las estrategias.

Por otro lado, al estar alerta y al pendiente de estos consumos es posible reducir aquellos que son innecesarios, y así iniciar una estrategia de ahorro. El dinero que destina diariamente a los gastos hormiga es el que tiene más disponible; de ahí que esos pesos sobrantes pueden destinarse al ahorro y convertirse en un guardadito productivo.

El problema que implica el gasto hormiga se incrementa cuando, por años, una persona o una compañía realiza un consumo distraído sin calcular la cantidad de efectivo que está gastando ni intenta aplicar medidas que contrarresten la tendencia, pero la buena noticia es que poniendo atención no sólo se logra remediarlo, sino que se le da una vuelta de tuerca, y en vez de un egreso se logra tener un ahorro con poco esfuerzo.

 

 

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