La crisis climática y la pandemia por Covid-19 evidenciaron que la economía lineal es insostenible. Esto ha obligado a mirar hacia la economía circular, basada en el reaprovechamiento de los residuos que generan las grandes ciudades. “Acelerar el cambio hacia una economía circular es esencial para alcanzar los objetivos climáticos acordados por la comunidad internacional y para ayudar a reconstruir las economías del mundo de forma más fuerte, verde y mejor”, fue una de las conclusiones del Foro Mundial de Economía Circular (WCEF), celebrado en abril pasado.

En ese foro, la secretaria ejecutiva de ONU Cambio Climático, Patricia Espinosa comentó que “la economía circular juega un papel definitivo y debe expandirse si queremos reducir las emisiones en todos los sectores“. La Ciudad de México ya avanza en esa ruta: con aceite vegetal quemado mueve 10 autobuses de la Línea 2 de Metrobús, que cruza la capital de oriente a poniente y viceversa. Se trata de un proyecto piloto que reaprovecha residuos de aceite que de otra forma habrían terminado en el drenaje, causando taponamientos en las tuberías y por consiguiente anegaciones.  

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Unidad de Metrobus que forma parte del programa piloto de uso de biocombustible en el transporte público de la Ciudad de México. 4 de agosto 2021 Foto: © Oswaldo Ramírez

No es que se inyecte aceite de cocina quemado en el motor de los autobuses Se trata más bien de un bioaditivo que se produce en la Central de Abasto de la ciudad, considerada el mercado más grande de América Latina y donde, naturalmente, se generan centenas, o quizá miles de litros de aceite vegetal quemado. Es un biocombustible de tercera generación, es decir, como resultado del reaprovechamiento de residuos urbanos y no del cultivo exprofeso de plantas que producen aceite vegetal. Economía circular, en dos palabras.

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Entrega de biocombustible para el Metrobus. Planta de Bioaditivo de la Central de Abasto. 9 de agosto 2021 Foto: © Oswaldo Ramírez

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La Organización de las Naciones Unidas (ONU) destaca que “cambiando la forma en que producimos y utilizamos el acero, el cemento, el aluminio y el plástico se podrían reducir las emisiones de gases de efecto invernadero provenientes de estas industrias hasta en un 40% para 2050. En el plano económico, el uso de acero reciclado o reutilizado para la construcción de edificios podría generar a su vez hasta un 25% de ahorro en los costos de material por tonelada de acero”.

A esa tendencia se montó la capital mexicana. “Frente a los problemas ambientales locales y globales, es indispensable generar un desarrollo económico sustentable e incluyente que potencie la vocación de servicios, de cultura y turismo, pero que también genere cadenas productivas sustentadas en la economía circular (asociadas al manejo y reciclaje de los residuos sólidos)”, dice el Programa de Gobierno 2019-2024, y agrega: “además, impulsar sectores productivos que disminuyan la contaminación y promuevan nuevas tecnologías como energías renovables”.

Uno de estos proyectos es la producción de bioaditivo para usarlo, por ahora, en autobuses de Metrobús y la Red de Transporte de Pasajeros (RTP) que operan con diésel. El precio por litro ronda los 20 pesos, pero se buscará un costo menor para hacerlo más competitivo frente al diésel derivado de petróleo. “El precio que buscaríamos para el biodiésel tendría que ser menor al que estamos adquiriendo el diésel tradicional”, dice en entrevista con Forbes México el director general de Metrobús, Roberto Capuano Tripp, desde una de las unidades que ya usan el bioaditivo.

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Roberto Capuano Tripp, director general del sistema de transporte Metrobus. 4 de agosto 2021 Foto: © Oswaldo Ramírez

“Hay múltiples beneficios en el uso del bioaditivo. Uno es que la ciudad está tomando basura que costaba cero y que, de hecho, costaba desecharla, para convertirla en un combustible que tiene un valor de 20 pesos por litro. Eso es maravilloso. Es muy importante que la basura ahora tiene valor. El biodiésel en sí no es novedad. Lo que es novedad es tomar basura y hacerla combustible. Segundo, generarle un beneficio a las empresas concesionarias y a sus accionistas al reducir sus costos de operación”.

Roberto Capuano, director general de Metobús.

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Desde hace dos meses Metrobús implementa un programa piloto (que continuará por cuatro meses más) que consiste en usar un combustible híbrido en 10 de sus autobuses, a los que deposita 90% de diésel derivado de petróleo, equivalente a 360 litros, y 10% de bioaditivo derivado de aceite vegetal quemado, que equivale a 40 litros. Hasta ahora está comprobado que esta mezcla no afecta los motores ni el rendimiento de las unidades, pero se medirán las emisiones para evaluar si hay una mejora notable en el desempeño ambiental, cuenta Capuano Tripp.  

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Roberto Capuano Tripp, director general del sistema de transporte Metrobus. 4 de agosto 2021 Foto: © Oswaldo Ramírez

El Inventario de Emisiones más reciente, publicado por la Secretaría del Medio Ambiente de la Ciudad de México en 2016 dice que “en la Ciudad de México se consume básicamente energía secundaria como la gasolina y el diésel”, ambos son combustibles fósiles que están directamente relacionados “con la generación de contaminantes y de compuestos de efecto invernadero”. Y es el sector transporte el de mayor demanda de este tipo de combustibles derivados de petróleo y altamente contaminantes.

El sector transporte es el principal emisor de partículas en la CDMX, contribuye con 53% de las emisiones de PM10 y con 56% de PM2.5, provenientes en su mayoría de unidades pesadas que utilizan diésel y autos particulares a gasolina”, menciona el documento y advierte: “las partículas menores a 2.5 micrómetros (PM2.5) son de importancia por los impactos a la salud de la población, ya que son partículas que se introducen al sistema respiratorio, y que además participan en la formación de aerosoles secundarios”.

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Unidad de Metrobus que forma parte del programa piloto de uso de biocombustible en el transporte público de la Ciudad de México. 4 de agosto 2021 Foto: © Oswaldo Ramírez

El carbono negro forma parte de estas partículas finas y al respecto el Inventario de Emisiones de la Ciudad de México señala que “el transporte pesado a diésel es el mayor emisor, por lo que la implementación de las mejores tecnologías en este sector traerá consigo la reducción de este contaminante de vida corta que contribuye significativamente al calentamiento global”. Para la ONU “la economía circular plantea un enfoque completamente distinto que permite estimular el crecimiento económico […] con bajas emisiones de carbono”.

Fuente: http://www.aire.cdmx.gob.mx/

Tras la pandemia, el comercio electrónico se aceleró, lo que trajo consigo un incremento de la flota vehicular de las empresas de reparto de mercancías, algo que podría tener impacto ambiental. Un estudio del Foro Económico Mundial indica que “para satisfacer el deseo cada vez mayor de los clientes de comprar productos en línea, el número de los vehículos de entrega en las 100 principales ciudades del mundo aumentarán en 36% hasta 2030. En consecuencia, las emisiones del tráfico de entrega aumentarán en 32% y la congestión aumentará en más de 21%”.

Por eso es imprescindible optar por combustibles alternativos, remarca el director de Metrobús, un sistema de transporte público que antes de la pandemia movía a 1.6 millones de personas a través de una flota de más de 600 autobuses, la mayoría con motores a diésel. “Si bien estamos trabajando para migrar hacia una flota eléctrica, es un proceso que va a tardar tiempo ¿cómo podemos hacerla entonces más sostenible? El biodiésel es una posible respuesta. Hemos sustituido el 20% de la flota, pero queremos ver cómo podemos hacer más limpios los autobuses a diésel”, comenta.

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Unidad de Metrobus que forma parte del programa piloto de uso de biocombusitble en el transporte público de la Ciudad de México. 4 de agosto 2021 Foto: © Oswaldo Ramírez

“El CO2 (dióxido de carbono) que se quema con diésel tradicional de petróleo es CO2 que no estaba en la atmósfera. El CO2 que se genera con el biodiésel es CO2 que ya había sido absorbido por una planta, lo convertimos en biodiésel y lo volvimos a emitir. Es un ciclo de CO2, no es CO2 que estaba abajo en la tierra, en el petróleo, sino es CO2 que ya existía en la superficie de la Tierra”.

Roberto Capuano, director general de Metrobús.

Química verde

Lo que el director de Metrobús ve como una “posible respuesta” a la pregunta de cómo mejorar el desempeño ambiental de los autobuses, tiene su origen en un pequeño laboratorio ubicado en la Central de Abasto. Ahí han entrado más de 10 mil litros de aceite de cocina quemado que han salido convertidos en bioaditivo gracias a la química verde, explica a Forbes México el ingeniero Felipe Neri Rodríguez Casasola, responsable técnico de la Planta de Bioaditivo de la Central de Abasto, construida con una inversión pública de 4.5 millones de pesos e inaugurada en julio del año pasado.

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Planta de Bioaditivo de la Central de Abasto. 9 de agosto 2021 Foto: © Oswaldo Ramírez

El proceso de transformación inicia con la recepción del aceite vegetal quemado, que se obtiene a través de donaciones. Domicilios particulares, restaurantes, cocinas establecidas y callejeras, locales de dos mercados de la alcaldía Miguel Hidalgo, 10 de Iztacalco, 15 de Iztapalapa y 9 de Coyoacán, así como una famosa cadena de comida rápida y una tienda departamental que también ofrece el servicio de restaurante. “Empezamos con cinco y en el transcurso de unos meses ya eran 200 donantes. En el último corte ya llevamos 10 mil 300 litros de aceite donado”, detalla el ingeniero.

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Llegado el aceite, nosotros lo tenemos que acondicionar, es decir, quitarle restos de comida, partículas sólidas derivadas del proceso de cocción, carbón, alimento quemado. Eso se lo retiramos a través de cribas y también verificamos que su contenido de humedad no sea alto. Posteriormente se realiza un segundo filtrado con mallas mucho más cerradas para retirar partículas más pequeñas y después se ingresa al reactor para transformar el aceite quemado en bioaditivo a través de un proceso químico al vacío”, detalla el también maestro en ciencias por el Politécnico Nacional.

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Planta de Bioaditivo de la Central de Abasto. 9 de agosto 2021 Foto: © Oswaldo Ramírez

“Hace algunos años se decía que no era muy recomendable hacer bioenergéticos, porque competían por ciertos cultivos agrícolas que producen alimentos, a esos se les llamó bioenergéticos de primera generación. Después llegaron los bioenergéticos de segunda generación, en los que se hacen cultivos diferentes a los que se utilizan para los alimentos, son específicos para producir bioenergético. Los de tercera generación, que es nuestro caso, son los que utilizan residuos. No utilizamos ningún producto que compita con los alimentos, no utilizamos cultivos exprofeso, sino que ocupamos un residuo”.

Felipe Neri Rodríguez Casasola, encargado de la planta productora de biodiésel de la Central de Abasto.

Terminada la reacción, continúa, el aceite pasa a un tanque separador, donde se retira glicerina cruda y geles que también se producen como parte del proceso de transformación del aceite. Una vez separados, “pasamos todo el bioaditivo a través de filtros que ya son de un mallaje muy fino de tal manera que el producto final, como va dirigido a la combustión, no lleva ninguna partícula. Esta parte del pulido es la que da estas características cristalinas, libre de cualquier sedimento”. Hecho esto, el bioaditivo está listo para mezclarse con el diésel en las unidades de Metrobús y RTP.

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Planta de Bioaditivo de la Central de Abasto. 9 de agosto 2021 Foto: © Oswaldo Ramírez

“Actualmente depositamos el producto en unidades de mil litros, dependiendo de cómo va el consumo. En el caso de Metrobús y RTP, como su consumo va a ir cada vez en aumento, los vamos a dotar de una bomba despachadora de tal manera que ellos van a poder hacer su mezcla cargando su diésel normal y a un lado va a estar la bomba que va a aplicar el bioaditivo para control del consumo y de la mezcla”, precisa el experto en generación de bioenergías renovables y encargado de este proyecto de energía circular.

El ingeniero Rodríguez Casasola destaca que la planta es considerada por la Secretaría del Medio Ambiente “como un Centro de Reaprovechamiento de aceite quemado. Eso nos faculta a que, a cualquier donante, por pequeño que sea, le podemos extender un certificado con el que puede hacer constar que su residuo, en este caso aceite quemado, lo está disponiendo en un lugar autorizado”. A los grandes donantes, subraya, esto les sirve para acreditar que son una empresa ambientalmente responsable.

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Felipe Neri Rodríguez Casasola, encargado de la planta productora de biodiésel de la Central de Abasto. 9 de agosto 2021 Foto: © Oswaldo Ramírez

Sin embargo, considera que como se hace con las unidades Metrobús, a las que se les coloca un distintivo que indica que usa biocombustible, es necesario hacerlo también con las empresas donadoras. “Así como nosotros les damos el manifiesto, que el gobierno les dé un reconocimiento que los distinga como establecimiento que no tira su aceite”, y con ello generar cambios en la sociedad al “ver que el restaurante al que van y consumen sus alimentos es un establecimiento que se suma a un bien colectivo que es el manejo adecuado de los residuos, en este caso del aceite”.

Central de… economía circular

Desde el laboratorio donde se transforma el aceite en bioaditivo, la doctora Marcela Villegas Silva, coordinadora general de la Central de Abasto, detalla en entrevista con Forbes México otros proyectos orientados a la economía circular que se asientan en el mercado más grande del mundo. Menciona de manera especial el biodigestor que a través de 50 toneladas de residuos orgánicos producirá biogás y la Central Solar Fotovoltaica, llamada a ser la planta solar urbana más grande de la región, que se desarrollará durante 2022.

“El proyecto de biodiésel nos ayuda a disminuir las emisiones de CO2 y sobre todo genera la cultura en la gente de reciclar residuos, en este caso el aceite quemado. Es un modelo de economía circular y la Central de Abasto es la más interesada en hacerlo, la pionera en este tipo de proyectos, en ningún lado existe una planta solar urbana (como la que proyectamos), va a ser la primera del país y de la región.  Si se ve de manera integral, la Central de Abasto es la vanguardia en la parte del desarrollo sustentable como centro de abasto”, afirma.

La inversión estimada para la Central Solar Fotovoltaica es de 400 millones de pesos para la instalación de mil 125 módulos de paneles solares en cada una de las 42 techumbres de la Central de Abasto contempladas en el proyecto, que abarcan cerca de 250 de las 317 hectáreas que ocupa este gran mercado. La energía eléctrica que se genere será usada para iluminación de las áreas comunes, lo que provocará un ahorro de 73.5 millones de pesos en el pago del consumo de energía eléctrica y evitará la emisión de 13 mil 852 toneladas de CO2.

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“La energía que se genere con esta planta solar urbana servirá para las áreas comunes de la Central de Abasto y se está viendo la forma de utilizarla en otros usuarios como el Sistema de Aguas de la Ciudad de México o el Metro. Esto reduciría el pago de luz en millones de pesos para la Central de Abasto. En el caso de los comerciantes participantes, lo que va a ayudar es a mejorar sus conexiones de luz”, precisa Villegas Silva, quien adelanta que para diciembre se tiene programada una instalación piloto, para desarrollar el proyecto en su totalidad durante el próximo año.

Se estima que la Central Solar Fotovoltaica producirá 27.43 giga watts al año, de los cuales 2.3 giga watts serán para la propia Central de Abasto y 24.23 giga watts para otras instalaciones estratégicas de la Ciudad de México como pueden ser el Sistema de Aguas o el Sistema de Transporte Colectivo. La instalación de los paneles solares se hará en las techumbres de los mercados de Frutas y Legumbres y Abarrotes y Víveres, y se calcula que para junio de 2022 estará completada.

“La planta de biodiésel es parte de todo un proyecto para la Ciudad de México con el objetivo de coadyuvar a la sustentabilidad y a reciclar los residuos”, destaca Villegas Silva, algo que, por separado, secunda el director de Metrobús: “buscamos que el biodiésel sea una realidad en el sistema público de transporte, por lo menos en el que maneja el gobierno de la ciudad. Estamos trabajando para mitigar el impacto ambiental que tenemos. La flota eléctrica es una de las iniciativas, el biodiésel es otra. Estamos trabajando hacia una Ciudad de México con un aire más limpio, con una responsabilidad ante el cambio climático mayor”.

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Planta de Bioaditivo de la Central de Abasto. 9 de agosto 2021 Foto: © Oswaldo Ramírez

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