En días recientes, un audio adjudicado al Secretario de Medio Ambiente, Víctor Manuel Toledo, mostró una visión distinta de la condición al interior del gabinete del presidente López Obrador, distinta a la que se ha buscado generar mediáticamente, en el sentido de que es sólido, con una visión dominante que es la del presidente y que está alineado en torno a los objetivos presidenciales y definidos en la idea de la cuarta transformación.

La visión del secretario Toledo, muestra algo que ya se vislumbraba ante la salida de varios integrantes del gabinete de primer nivel en diversos momentos de esta primera parte del sexenio quienes, en general, se han ido argumentando desavenencias, imposiciones, falta de claridad, etc., lo cual ha tenido impactos coyunturales sobre la imagen presidencial, pero ninguno había sido exhibido planteando dichas condiciones de viva voz y en un tono de frustración, más que lo que ocurría en tiempos del gabinete Montessori.

El problema no es menor para el presidente, pues está en un contexto donde las presiones sobre su gobierno son importantes y amenazan con evitar que logre sus objetivos principales que, aunque son simbólicos, se orientan a un legado para sus grupos de apoyo, que sería difícil de superar en términos electorales.

De la misma forma, el gabinete está en un proceso natural de desgaste pues a más de dos años de haber iniciado la etapa de la 4T, su momento político ya se cumplió. La integración de los gabinetes obedece a tiempos políticos, donde la primera parte refleja los compromisos adquiridos para ganar la elección o darle viabilidad a un conjunto de alianzas hechas para hacer posible un gobierno. En ese sentido, hay personajes que fueron funcionales y que por si mismos han dejado el gabinete ante el agotamiento de su capital político o sentido dentro del proceso de toma de decisiones.

Es por eso que el presidente “carga” con las ineficiencias de sus colaboradores en varios niveles, que son propias del ejercicio del gobierno, pero que en otras condiciones ya habrían obligado a cambios no únicamente de personas, sino de estrategias en las áreas fundamentales de acción gubernamental.

El caso es que el estilo de gobernar del presidente le obliga a tomar acciones que parecerían irracionales para otros estilos de gobierno. Por ejemplo, cualquier concesión a una presión interna o externa lo hacen ver débil con respecto a los actores y sus intereses, lo que mina su legitimidad con respecto a sus grupos de apoyo, así como ante la opinión pública. Es por ello que, en la mayor parte de los casos, las renuncias al gabinete se ha procesado en los tiempos que el presidente impone y no en lo de los actores o los medios.

Es por ello también que un llamado a la renuncia del subsecretario López-Gatell, tiene como efecto lo contrario, su fortalecimiento al interior del gabinete, porque es claro que el presidente no cedería a ningún grupo o actores, una decisión que corresponde sólo a él. Sin embargo, uno de los problemas con este estilo es que el desgaste de quienes integran el gabinete se acentúa, haciéndolo ineficiente en su gestión, más aún en un contexto electoral donde se vive el riesgo de que Morena pierda la mayoría en la cámara de diputados.

De esta forma, el gabinete seguirá mostrando signos de desgaste, pero el momento de los cambios no llegará sino hasta que sea importante hacerlo de acuerdo a la racionalidad del presidente y los objetivos que él tenga. Lo cierto, es que independientemente del tiempo en que lo haga, al final ocurrirá lo mismo que con otros gabinetes, donde los presidentes han terminado quedando con sus grupos compactos, más que con aquellos actores que fueron relevantes para dar viabilidad a los gobiernos que encabezaron, pues al final dichos grupos también se mueven en términos de sus intereses y su participación en las elecciones.

Contacto:

LinkedIn: Gustavo Lopez Montiel

Twitter: @aglopezm

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